Negados con el destino
Foto: UEFA

Pasan las 0:30 horas en San Siro. Ya es 29 de mayo. Los operarios recogen los papelillos blancos, la grada sur hace tiempo que está vacía y en la norte aún quedan algunos rezagados que se resisten a abandonar otro lugar emblemático del fútbol. Pocos minutos antes, Simeone, en rueda de prensa, ha dejado entrever una posible marcha del Atlético. "Perder dos finales es un fracaso", asegura el técnico. Porque sí, los rojiblancos volvieron a perder. Siguen nadando, remando, trabajando, insistiendo, creyendo. Pero muriendo en la orilla, de la forma más difícil posible. Muchas lágrimas después, San Siro ya es historia, otra vez negativa, para el Atleti. Cruel destino.

Alfombra, pausa y reacción

Lo cierto es que el Atlético no empezó complicando las cosas en exceso al Madrid. Salió raro, ramplón, como en un escenario equivocado o desconocido. Los jugadores pegaban balonazos a ningún sitio, Griezmann estaba desconectado, Augusto perdía balones en el medio y, para más inri, se cometía una tras otra falta en la frontal. Casemiro rozó el gol en el primer balón parado. Fue un aviso; en elacuarto, quizás quinta falta en apenas 15 minutos, Bale peinó el balón y Ramos, en una posición cuanto menos dudosa, adelantó al Madrid.

Y es que el destino para cebarse con el equipo rojiblanco. Bruselas y Lisboa estaban unidos por ese minuto 93. Lisboa y Milán, en este caso, por otro gol del central madridista. Fueron los peores minutos del Atleti, que solo encontró reacción conforme pasaron los minutos. Poco a poco, fue tocando más el balón y asociándose en la zona izquierda, con Filipe y Griezmann buscando superioridad y Bale amenzando a la contra. Fue tímido, y el Atlético se quedó a medias en la primera mitad.

De la euforia al las lágrimas

Salió enchufado el equipo de Simeone en la segunda mitad, volcado en ataque. El 'Cholo' lo tenía claro: si había que morir, que fuera matando. Carrasco entró al campo y fue determinante para el partido. Los rojiblancos volcaban su juego y empezaban a acerchar un empate que no llegaba. Griezmann dispuso del empate en sus botas en un penalti provocado por Torres, pero el galo envió el balón al larguero. Mientras, en el otro área, Oblak se convertía en protagonista. El meta sacó un disparo de Bale en un mano a mano para, un minuto más tarde, evitar de nuevo la sentencia con la ayuda de Savic. Se había visto el 2-0 en el marcador, pero el milagro atlético seguía en pie.

Ya saben, eso de 'nunca dejes de creer'. Apenas dos minutos después, Gabi profundizó para Juanfran, que al primer toque metió el balón con potencia en el área. Llegó Carrasco para desatar la locura, empujar el balón con el corazón y forzar la pórroga. Una prórroga donde las piernas podían más que en la mente, pero en la que el Atlético parecía algo mejor físicamente. Apretó en los primeros minutos, pero el desgaste acabó pasando factura y, con numerosos lesionados, todo se dejó al azar de los penaltis.

El Atleti tenía dos antecedentes en estas cosas. Este mismo año, ante el PSV, Juanfran fue el héroe de la tanda para pasar a cuartos de final. Aunque la realidad es que, nervios a parte, los cielos parecían alinearse cuando Ramos cogió el balón. Podría haber fallado él, cosas del destino con Lisboa en la mente, y haber perdido ventaja ante el Atlético. Pero no lo hizo, y sí Juanfran. Tiró al palo. Decidió Cristiano en el quinto. Festejó la Undécima el Madrid, que sigue escribiendo con oro su nombre en la historia del fútbol. El Atlético tendrá que esperar. Esta vez tampoco era la suya. Y uno empieza a dudar si será verdad eso de que volverán...

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