Arbeloa, ¿te has divertido?
El equipó manteó a Arbeloa | Foto: Dani Nieto - VAVEL

Nacido en Salamanca, formado en Zaragoza y pulido en las categorías inferiores del Real Madrid, Álvaro Arbeloa ha forjado su propia leyenda en el mundo del fútbol español. Con sede en el Santiago Bernabéu, el ‘17’ blanco ha alcanzado la cúspide a la que aspira cualquier futbolista profesional. A sus 33 años, con un palmarés envidiable, el Espartano ha puesto fin a una etapa irremplazable defendiendo el escudo del club de su corazón.

Un jugador que se ha ganado la gloria, que ha formado parte de la vuelta del Real Madrid a la élite mundial y de la época dorada de la Selección. Y todo esto sin ser una estrella. Álvaro no era un futbolista que destacara por su calidad, por su técnica ni por tener unas cualidades vistosas. Sin embargo, un compromiso casi espartano, un carácter luchador y su profesionalidad le han permitido llegar a la cumbre del mundo del fútbol, con más efectividad que con reconocimientos.

Le enseñaron a no rendirse jamás, aprendió el concepto de que morir en el campo de batalla al servicio del Real Madrid era la mayor gloria que podía alcanzar. Y así lo demostró. Aunque tuvo que hacerlo más desde zona mixta y a través de las redes sociales durante su última etapa, ya que sus participaciones sobre los terrenos de juego se vieron drásticamente reducidas tras el fichaje de Danilo. La edad hace mella en todas y cada una de las personas, y la exigencia en el conjunto blanco es máxima.

De esta manera, tanto el club como Arbeloa entendieron que era el momento de que sus caminos discurrieran por separado, aunque sus corazones sigan muy unidos. Álvaro acababa contrato esta temporada y, tras mantener ciertas conversaciones con la directiva, anunció que al concluir la campaña dejaría de ser un jugador del Real Madrid. Una noticia dolorosa para el madridismo, que le brindaba la oportunidad de homenajear y despedir a todo un símbolo de los valores blancos.

El capitán en la sombra

Desde la marcha de Raúl y de Guti, entre otros, la hinchada blanca había echado en falta a un capitán que defendiera a capa y espada al club de su corazón. José Mourinho fue testigo de esa carencia que tenía el madridismo y se puso en primera línea para batallar contra todos los que sitúan al Real Madrid en su punto de mira, que no son pocos. En ese empeño, encontró la figura de Álvaro Arbeloa, un madridista de corazón que se sentía plenamente identificado con los ideales del técnico portugués. Una forma de ser que mantuvo tras la marcha del luso.

Unos valores que le impedían mantenerse en la sombra en los peores momentos del madridismo, que le obligaban a dar la cara en defensa de un escudo que lo significa todo para él. Un estilo de vida que le ha hecho recibir más palos de los que se merecía, muchos más. Sin embargo, su sacrificio ha sido reconocido por la afición blanca, aquella que le ha apoyado en los momentos más difíciles. Todos los merengues saben que se ha ido uno de los capitanes, uno de los que no querían reconocimientos, uno que sólo buscaba el bien colectivo por encima del individual.

“Llevo tu camiseta pegada al corazón”

En el mundo del fútbol existe una clase de jugadores que está al alcance de muy pocas personas. Unos profesionales que dejan a un lado la fama, el dinero y el éxito y que dedican su carrera deportiva a defender al club de sus amores. Del Piero, Totti, Buffon, Gerrard, Puyol, Zanetti, Raúl, Xavi, Guti… Una especie en extinción que no entiende el significado del fútbol si no defiende al escudo de su corazón. Sin lugar a dudas, Arbeloa es uno de ellos.

En sus inicios, el maño tuvo que abandonar la capital de España con destino a La Coruña para seguir creciendo como jugador, para avanzar en su carrera deportiva en busca de oportunidades que le permitieran seguir formándose. Tras una temporada con la camiseta del Deportivo, recibió la llamada de Rafa Benítez para marcharse al Liverpool. El canterano blanco daba un salto de calidad para irse a uno de los mejores equipos de Inglaterra. Una oportunidad que le permitiría cumplir su sueño, volver a vestir la camiseta del Real Madrid.

Tras volver al club de sus amores, ha disfrutado de siete temporadas plagadas de alegrías. Sin hacer mucho ruido se fue haciendo un hueco en el once del Real Madrid, convirtiéndose en una pieza fundamental para José Mourinho, con quien entabló muy buena relación. Una amistad que le hizo recibir demasiadas críticas. Con la marcha del técnico luso perdió la titularidad, pero siguió siendo un ejemplo de carácter y de entrega durante sus años restantes. Una mentalidad y una profesionalidad que le han llevado a ganar los mejores títulos posibles: una Liga, dos Copas del Rey, una Supercopa de España y otra de Europa, dos Champions League, un Mundialito, dos Eurocopas y un Mundial.

La mejor despedida posible

Anunciar su marcha del Real Madrid antes de concluir la campaña le permitió la posibilidad de despedirse del Santiago Bernabéu, de despedirse del madridismo. El conjunto blanco disputaba su último encuentro en el feudo blanco frente al Valencia, un partido en el que Zinedine Zidane premió al futbolista con diez minutos para que pudiera vivir la emoción de despedirse del club y de la afición de sus amores.

El madridismo fue sabedor de que el encuentro ante el Valencia podía ser el último partido de Arbeloa como jugador merengue, por lo que acudió al Santiago Bernabéu para homenajear a uno de los futbolistas más valorados por la afición. Una despedida tan bonita como emotiva. Lo que no sabía la afición ni Álvaro era que el destino les tenía deparado un nuevo encuentro para darse un fuerte y sentido abrazo. El 28 de mayo, el Real Madrid se convertía en campeón de Europa en San Siro tras vencer al Atlético de Madrid en la final de la Champions League, una victoria que el equipo celebraría en el Santiago Bernabéu un día después.

Marcharse tras la victoria, en pleno éxito, es una de las mayores bendiciones que puede recibir un jugador. Álvaro Arbeloa tuvo el final más feliz que puede tener un madridista. El Espartano blanco se despedía del club de su corazón en el Santiago Bernabéu, con la Undécima como invitada especial. El defensa maño ha decidido buscar nuevos desafíos para su última etapa como profesional y se ha marchado del Real Madrid con el mejor regalo que puede tener un aficionado merengue, la Champions League.

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