Piqué, el futbolista defensor
(foto:VAVEL)

"Fui uno de los mejores centrales del mundo y tengo que volver a serlo".

Cuando en el verano del 2014 Gerard Piqué hizo esas declaraciones tras una temporada aciaga y un pésimo Mundial de Brasil, muchos seguidores de este caprichoso y siempre enjuiciado deporte que llamamos fútbol soltaron una carcajada, no siendo menos los que le acusaron de vanidoso por haberse autocalificado como uno de los mejores en su puesto en épocas pretéritas.

Esa temporada llegaba Luis Enrique al FC Barcelona, de él dependía en gran parte que Piqué alcanzara nuevamente su máximo nivel, ese que le hizo triunfar con Guardiola y conquistar, desde la permanente titularidad y el mayor liderazgo posible, tres de sus cuatros Champions League previas, cuatro Ligas, el Mundial de Sudáfrica 2010 , la Eurocopa de Polonia y Ucrania 2012... 

(Foto:elconfidencial)
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La multitarea de un genio

Pero la capacidad de Piqué va más allá de eso, se aleja de lo estrictamente defensivo, sobrepasándolo.

Y es que Piqué no es un central. O no exclusivamente. Centrales enormes, míticos, hay bastantes, quizá muchos de ellos del nivel puramente defensivo de Gerard. Hablamos, por ejemplo, de Costacurta o Maldini, Puyol, Pepe o Ramos, Adams, Ferdinand, Terry o tantos otros a lo largo de la historia. Pero la capacidad de Piqué va más allá de eso, se aleja de lo estrictamente defensivo, sobrepasándolo. No sólo defiende en grado superlativo, sino que guarece a los suyos cuando se necesita, crea fútbol, propicia el ataque, dirige y manda... guía.

Gerard ha sabido jugar de zaguero diestro en la defensa a cuatro de un estilo de juego de posesión y control total, encargándose de sacar el balón con fluidez como el mejor de los medios centros, siendo el futbolista posicional junto a un corrector, como Puyol o Mascherano. Ahí tenía que ordenar la línea, dirigir a los suyos en cada jugada... mostrase referente. Y lo fue.

Ha sabido, igualmente, ser el único central en una defensa de tres hombres, actuando a la manera de los antiguos líberos, abarcando toda la zona ancha de la retaguardia. En esta faceta ha demostrado ser un portento no sólo técnico sino físico, exhibiendo su explosividad, su plasticidad y velocidad en distancias medias pese a su metro y noventa y tres centímetros de corpulenta estatura. Escoltado a veces por dos laterales, futbolistas de escasa talla, en ese temeroso, casi suicida a veces por desguarnecido, sistema defensivo ha dominado los vertiginosos repliegues, la contundencia en el corte para desconectar el ataque rival o el  juego aéreo, como pocos. O como ninguno en tales circunstancias.

También ha formado en defensa de cuatro junto a un binomio de similares características a las suyas, casos de Sergio Ramos o más recientemente Jeremy Mathieu. Adecuado a ello, supo compartir roles, preocupándose mayoritariamente de su zona de influencia, casi siempre escorada a la derecha, haciendo esa parte del campo inexpugnable y administrando sus recursos entre su zona interior y la espalda del lateral de su costado, que en multitud de ocasiones se sintió seguro y pudo transitar ofensivamente con total libertad. Preguntémosle a Dani Alves qué le ha aportado Piqué. Interroguemos a Sergio Ramos sobre si estamos muy alejados de la realidad, de la capacidad de su compañero de selección.

Ha colaborado en el pertinente crecimiento, a veces por inexperiencia y otras por juventud, de sus parejas de partida. Mascherano no sería el fenomenal último jugador en el que se convirtió al retrasar su primaria posición como medio centro sin la ayuda e instrucciones de Piqué en sus iniciales años de reinvención. Marc Bartra, pese a su triste final en el club catalán, seguramente no hubiera sido tenido en cuenta tanto como crítica, seleccionador o recientemente los directivos y el entrenador, el genial Tomas Tuchel, del Borussia de Dortmund lo han considerado.

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Caminando por el sendero de los más grandes

Desde su posición, desde el centro de la defensa, ha dejado rastros de leyendas fubolísticas eternamente recordadas.

A la visión de la idea holandesa de generar juego desde el propio área y la clarividencia en la salida de balón mediante el pase medio y largo de su antecesor en el FC Barcelona Ronald Koeman, ha sabido sumarle, con su calidad técnica y rapidez mental, la excelencia en el pase corto y el apoyo inmediato en zona desocupada, una movilidad constante para favorecer al compañero y la fluidez del juego. Al equipo.

Los conceptos de capitanía, alemana actitud flemática como exteriorización de la tranquilidad y el dominio de su entorno, y facilidad de superar líneas con el esférico controlado, mejores virtudes del káiser Franz Beckenbauer, los ha adoptado, incluso esto último complementado con una sublime selección del momento adecuado para usarlo, minimizando errores en la elección de ideas adecuadas al contexto.  

La supremacía táctica, intimidación e imagen de respeto, casi temor sobre el contrario, así como el control posicional y la contundencia del italiano Franco Baresi los ha llevado al culmen, potenciándolos con una entereza continua durante partidos y campeonatos completos, un dominio también en vanguardia sobre los defensas rivales o una educación futbolística cristalina, que le ha permitido olvidar la agresividad como principal argumento, incluso como esporádica vía, de un defensor.

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De todos los grandes centrales pasados por los terrenos de juego, Piqué ha extraído conceptos válidos para conseguir triunfar en el exigente fútbol actual, cuyos niveles tanto técnicos como tácticos han alcanzado cotas inimaginables. Para hacerlo, conseguir el éxito, durante las ya ocho temporadas más laureadas de uno de los mejores clubes de fútbol y de la mejor Selección española que se recuerda. En España se ha enfrentado a las críticas con su carácter desenfadado, demasiado cercano o terrenal incluso para los tiempos que corren. Una inmadura apariencia que no se ha extendido al terreno de juego, cuando la presión soportada año a año ante cien mil espectadores, tan agradecidos como susceptibles según sople el viento, ha sabido dominarla como si de un juego de niños se tratase.

Cierto es que ha pasado malos momentos durante su dilatada carrera. ¿Quién no los tendría con las exigencias de tamaño equipo y nivel? Verdad es que en un jugador de una complexión tan potente como la suya cualquier carencia física pasa factura sin consultar. Y seguramente las temporadas previas al citado Mundial de Brasil, las dirigidas por Vilanova y Martino, la transición entre Pep Guardiola y Luis Enrique, fueron las de un nivel inferior en su vida profesional. Pero Lucho, como bien predijo el mismo Gerard a su llegada, ha sabido ayudarle, ha conseguido encauzar sus emociones y estabilizar nuevamente su juego, llevándose mutuamente por la senda de las victorias imponentes, con la consecución de las dos últimas Ligas, Copas y su quinta Champions League.

Sí, señor Piqué, ha sabido sobreponerse, volver a su habitual estado físico-mental a lo largo de estos dos últimos años. Sí, indudablemente cumplió su palabra. Gerard Piqué es hoy nuevamente el mejor central del mundo, y para cualquier aficionado neutral a este deporte será para siempre una leyenda del calibre de las ejemplificadas en este texto. Por tanto, no queda más que desear que, aún con 29 años y media carrera por delante, siga cosechano éxitos y dejando huella histórica. Sólo decirle: a sus pies, señor Gerard Piqué.

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