Aquel año de Serra Ferrer en Barcelona comenzó contra el Málaga
Serra y los suyos (foto:sport)

Aquel año de Serra Ferrer en Barcelona comenzó contra el Málaga

La campaña 2000/01 en el FC Barcelona dejó multitud de recuerdos en la historia de la liga española, la mayoría de ellos de dramático sello para la entidad.

JaviRoldan
Francisco Javier Roldán Pérez

Después de veintidós años de mandato y tras el batacazo final del trienio Van Gaal, cuya última temporada acabó sin títulos, Josep Lluis Núñez abandonaba la presidencia azulgrana. Desde ese momento, la lucha por el palco fue voraz. El hasta ahora vicepresidente Joan Gaspart y el principal aspirante Lluis Bassat se piropeaban día sí día también en las entrevistas a los medios de comunicación. Paralelamente, en la capital de España, el máximo rival también se disputaba su cetro entre el presidente del actual campeón europeo, Lorenzo Sanz, y la nueva alternativa, que llegaba prometiendo la luna, el exitoso empresario Florentino Pérez. El desenlace en ambos frentes acabaría siendo igual de importante para la entidad catalana.

Contra pronóstico, Gaspart adelantó en las encuestas y el resultado final a Bassat y los restantes candidatos, accediendo al puesto. Florentino Pérez había apostado fuerte, jugando la baza del prácticamente inalcanzable fichaje del ídolo rival Luis Figo, de ser investido. Pese a que el portugués, sorpresivamente, había coqueteado con comprar su libertad, tasada en 10.000 millones de pesetas, para irse al Lazio, nadie pensaba que finalmente, pese al juramento de Florentino, pudiese acabar mudándose a la capital. Y aquí cambió todo. Pérez ganó con su as, pagó la cláusula previamente pactada con el representante del extremo luso y Figo viajó hacia Madrid llevándose consigo gran parte de las ilusiones del nuevo proyecto barcelonista, en cuya persona junto a la de Rivaldo se cimentaban todas, y dejando en la Ciudad Condal toneladas de rencor.

Un nuevo proyecto

El estrenado presidente azulgrana tuvo que luchar contra ello, y el mercado de altas y bajas fue agitado por los catalanes, a primera vista, de manera adecuada. La 2000/01 fue la temporada multimillonaria de la bautizada Liga de las Estrellas, siendo el FC Barcelona el que encabezaba la locura.

Tras la salida del holandés el puesto de entrenador había sido unánime para todos los candidatos a la presidencia, que veían en un hombre prácticamente de la casa, tras tres años encargándose de las inferiores, el idóneo para ocuparlo. Los técnicos españoles estaban en boga, Javier Irureta ganaba la Liga con el Deportivo de La Coruña, Vicente del Bosque lideraba al Real Madrid hasta su octava Champions League, y la oportunidad de invertir poco dinero en un entrenador fiable como Lorenzo Serra Ferrer era demasiado apetitosa. Y así se hizo. Serra Ferrer tenía fama de entrenador férreo, disciplinado e incluso autoritario. Con sus métodos había triunfado en el Real Betis, a quien metió en Europa y llevó a una final de Copa del Rey, y antes en el Mallorca, donde consiguió dos ascensos a Primera e igualmente acabó finalista de Copa. Pese a ser cierto, a que la profesionalidad y el compromiso de los futbolistas y el cuerpo técnico era su máxima, una vez se hizo cargo del equipo quiso dejar claro que las posibilidades eran múltiples en un club de ese nivel y que estaba abierto a todo tipo de ideas y esquemas. Tras manifestar ser seguidor fiel del Johan Cruyff entrenador, prometió un equipo alegre, atrevido, seguro de sí mismo, ofensivo y creativo; exaltando así al culé, muy sensible tras los años de Louis Van Gaal. Y con esa vorágine de ideas, todos esos sueños en primera fase, sin los resultados adversos que acrecentaran las dudas, los temores y las presiones, lo cierto es que Serra Ferrer intentó llevar a cabo su idea.

"Serra me impresiona por su conocimiento. No es tan estricto como Van Gaal". Marc Overmars en su primer mes (entrevista en Don Balón).

Lo primero que hizo fue establecer la lógica en la confección de la plantilla. Jugadores que venían de un año prácticamente en blanco por su menguado nivel y otros que no habían cumplido con las expectativas, fueron inscritos en la figurada lista de descartes. Finalmente salieron los porteros Vitor Baia y Hesp, los defensas Dehú, Okunowo y Bogarde, y más trágicamente dado su calidad real -no la ofrecida en Barcelona-, los centrocampistas Ronald de Boer y Litmanen.

Sabia nueva (foto:blaugranas)
Sabia nueva (foto:blaugranas)

La renovación de Rivaldo fue la primera piedra positiva del proyecto. Gaspart invirtió todo lo que tenía, tanto en ella como en las contrataciones. Se fichó bagaje y eficacia en el campeón del Mundo en Francia ´98 y de Europa dos años después, Emmanuel Petit, quien tras su paso por el Arsenal y con 29 años llegaba para estabilizar el centro del campo y alternar funciones con Cocu. Dos de los jugadores ansiados por la anterior junta, y por tanto por Joan Gaspart, pudieron ser fichados dada la liquidez que ofreció la venta de Figo. Ambos sumaban también esa mezcla de veteranía y contraste. El punta Alfonso Pérez, héroe de la clasificación española para la segunda ronda de la reciente Eurocopa de Bélgica y los Países Bajos con su gol agónico contra Yugoslavia, fue rescatado por su anterior entrenador. Overmars, veloz y determinante extremo estilo Premier League, titular indiscutible en el Ajax campeón de Europa y las últimas selecciones holandesas, llegó a cambio de casi 5.000 millones de pesetas. Entre los tres ya se había gastado lo recaudado por Luis Figo.

A ellos se unirían los fichajes de la ilusión, como medida de compensación al drama inicial. Dos ex canteranos regresaron. Gerard López venía de liderar y meter al Valencia de Héctor Cúper en la final de la Champions League, tras derrotar -casi humillar- al propio FC Barcelona, en las semifinales. Su progresión parecía no tener fin. Con estas credenciales, que le valieron su convocatoria para la Euro 2000 y la vuelta al club tras tres años de ausencia, Gerard se convirtió en el jugador español más caro de la historia, ascendiendo su valor a 3.600 millones de pesetas.

La plantilla estaba prácticamente cerrada, las arcas tiritaban. Pero una última alegría esperaba aún al seguidor. El capitán Guardiola se lesionó antes de iniciarse la campaña, lo que se unía a la ausencia de Xavi -aún organizador-, quien había sido convocado para los JJOO de Sydney, dejando absolutamente huérfana la posición de medio centro, el clásico e irremplazable "4" azulgrana. Gaspart, ya sin dinero, optó por requerir la cesión de otro antiguo ídolo, a quien siempre había apoyado aunque se viese obligado a vender dos años antes dada la poca confianza de Van Gaal en él. De la Peña llegó como solución, pactándose una cesión con el Lazio con opción de compra de 1.200 millones, la mitad de su venta pasada.

Todos ellos, además del contratado a mitad de la temporada anterior Richard Dutruel, formarían el equipo de Serra en unión a los canteranos Arnau, Reina, Sergi, Puyol, Gabri, Guardiola y Xavi, los experimentados Abelardo, Frank de Boer, Reiziger, Luis Enrique, Kluivert o Cocu, y un núcleo de jugadores aún por explotar pero con claras posibilidades para ello, en las figuras de Simao, Zenden - inicialmente descartado pero finalmente mantenido por su rendimiento en la pretemporada- y Dani. En síntesis: un verdadero equipazo.

El inicio oficial y el dramático final

Cumpliendo su promesa y sorprendiendo a propios y extraños, Serra Ferrer dio inicio a su andadura estableciendo el sistema cruyffista de tres centrales, línea de defensa y presión muy adelantada, y verticalidad arriba desde las bandas. El dibujo, aunque algo variado con la actual utlización de la pareja de delanteros centros, había sido olvidado desde la salida de Johan, no ya por Robson y Van Gaal, sino por la mayoría de entrenador mundiales, que ahora basaban sus tácticas en idea más equilibradas y menos arriesgadas, con sistemas en 4-4-2 o 4-2-3-1.

Alegría azulgrana (fotoDailymail)
Alegría azulgrana (fotoDailymail)

El primer partido de Liga se disputó el día 1 de septiembre, en el Camp Nou frente al ortodoxo Málaga. Victoria por dos goles a uno fue el resultado final, dejando un muy buen sabor de boca, un regusto fresco, novedoso y depurador.

FC Barcelona (3-2-3-2): Dutruel/ Reiziger-Frank de Boer-Sergi/ Gerard-Cocu/ Simao-Rivaldo-Overmars/ Alfonso-Dani

Málaga CF (4-4-2): Contreras/ Rojas-Bravo-Larrainzar-Valcarce/ Movilla-De los Santos- Rufete-Musampa/ Darío Silva-Dely Valdés

Los inicios -stage incluido- del equipo de Serra estuvieron claramente marcados por el atrevimiento y las ganas de agradar. El míster no temía a sus rivales dado que su equipo era el todopoderoso, sus jugadores los dominantes y su elección una oportunidad de oro para mostrarse a Europa al máximo nivel.

Cumpliendo su promesa y sorprendiendo a propios y extraños, Serra Ferrer dio inicio a su andadura estableciendo el sistema cruyffista de tres centrales, línea de defensa y presión muy adelantada, y verticalidad arriba desde las bandas

Las ausencias de Gabri, Xavi, Puyol, Guardiola, Luis Enrique y Kluivert -excepto Gabri, indiscutibles en su regreso-, marcaron las primeras alineaciones, haciendo de ellas un cóctel de seductor aroma para el aficionado, dado que todos los fichajes tenían cabida. La ausencia de medio centro fue ocupada por Gerard en primera instancia, experimento que no salió del todo bien, ya que el buen media punta había explotado en el Valencia más cerca del área rival, en un rol de llegador y enlace, no de constructor de jugada.

Contra el Málaga el equipo atacó y atacó, se robó el balón en el campo rival e intentó percutir con Simao y Overmars en cada ataque. Rivaldo actuó de líder, marcando dos prontos goles en poco más de media hora que dieron la tranquilidad. El día 13 de septiembre se abría la primera liguilla de Champions League, donde los azulgranas quedaron encuadrados con el AC Milan, el Leeds United y el Besiktas. Un grupo duro donde se pensaba disputar el liderato con los italianos. El estreno europeo fue incluso mejor que el doméstico. Se venció al Leeds por un contundente 4-0, otra vez en el Camp Nou. Las únicas novedades fueron la inclusión de Abelardo por Reiziger como marcador central derecho -puesto que abandonaría de inmediato dada la exigencia física requerida en las continuas salidas de zona sobre el par asignado, anticipaciones y basculaciones, que no encajaba con las prestaciones del Pitu-, y de Kluivert por Alfonso.

Tras dos encuentros se palpaba la armonía, pero lamentablemente la cruda realidad golpeó de modo precoz. La segunda fecha liguera trajo consigo la derrota. El Athletic ganó por tres goles a uno en su feudo, castigando así la decisión de Serra de blindar el sistema a domicilio, mutando el ofensivo 3-2-3-2 a un contenido 4-2-3-1, por primera vez en la temporada. Luego volvió la Champions y continuó el desastre. El Besiktas noqueó con un 3-0 en Turquía y, pese a que el partido fue dominado claramente por los barcelonistas -con un Iván De la Peña omnipresente en la parcela ancha del campo-, el resultado no pudo más que acompañar a las críticas feroces sobre el juego de los de Lorenzo Serra.

Partido de Champions (foto:cronologíafutbolística)
Partido de Champions (foto:cronologíafutbolística)

Ya nada volvió a ser igual. El equipo alternó, de ahí en adelante, buenos partidos -como contra el Real Madrid-, goleadas -a favor y en contra- y catástrofes. Serra acabó por abandonar por completo su defensa de tres, su presión y su viveza, pasando a jugar a lo seguro, con cuatro atrás y onces iniciales compuestos por los futbolistas que "debían" ser alineados, obviándose a los atrevidos e imaginativos Simao, De la Peña, Gerard, Alfonso...

En octubre quedó fuera de la Champions al finalizar tercero de grupo, pasando así a la UEFA, donde posteriormente, en abril de 2001, se perdería la semifinal contra el a la postre campeón, el Livepool de Michael Owen. El barco naufragaba, Serra Ferrer no supo enderezar el rumbo y finalmente salió por la puerta de atrás tras la eliminación europea y una derrota contra Osasuna en la jornada 31 de Liga. Rexach se haría con el puesto y metería de manera épica al equipo en la siguiente Champions League. Pero ni él, ni Rivaldo ni Gaspart podrían evitar que el FC Barcelona pasase en poco menos de dos años de ser uno de los equipos más temidos, a uno de los más esperados. Hasta la llegada de Joan Laporta a la presidencia en 2003, se recuerda con tristeza ese proyecto que empezó difícil pero ilusionante y finalizó rozando el ridículo.

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