El Molinón más allá del gol de Zamora
Zamora anotando el gol de que dio la Liga a la Real. I Foto: futbolnostalgia

Entre todos los viajes que la Real Sociedad hace a lo largo de la temporada hay algunos que despiertan emociones especiales entre los aficionados. El de Bilbao es quizás el más festivo, también el que más gente moviliza. Eibar, Pamplona o Vitoria también despiertan mucha atención. Y, por supuesto, siempre es especial ver a la Real en el Bernabeu o el Camp Nou. Pero hay otro aparentemente poco llamativo. Otro viaje que enfrenta a la Real a un rival no es ni el más odiado, ni el más querido; aparentemente nada une al club donostiarra a su ciudad, sin embargo, el partido del Molinón siempre despierta recuerdos muy queridos entre la afición txuriurdin.

El estadio del Sporting de Gijón pasó a ocupar un lugar preferencial en la memoria colectiva de la Real Sociedad a partir del 26 de Abril de 1981, a partir de que el gol de Zamora lo rescatara de convertirse en una nueva pesadilla a la altura de Bertoni y el Sánchez Pizjuán y lo situara en lo más alto de los iconos de la historia del club. Desde que la Real lograra el empate más celebrado de la historia, los aficionados realistas nos apropiamos un poco del Molinón y el Sporting pasó a ser uno de los equipos que más simpatía despiertan entre nosotros. Nos alegramos de sus éxitos con lejana complicidad igual que lamentamos sus fracasos. Al fin y al cabo, no debió ser casualidad que la Real tocara el cielo precisamente allí, en el Molinón.

Tanto la Real como el Sporting son dos históricos de la Primera División y han sido numerosas las veces que se han enfrentado en partido oficial.

El del domingo será el 37º partido en la máxima categoría en el Molinón, a lo que se suman 9 encuentros en Segunda División y 5 en Copa del Rey. 50 partidos en total que abarcan buena parte de la historia de ambos clubes.

La primera visita de la Real Sociedad al Molinón se produjo en 1933 en los dieciseisavos de la entonces denominada Copa del Presidente de la República. La Real, obligada por las circunstancias políticas a cambiar su nombre por el de Donostia F.C., llegó a Gijón con la obligación de ganar tras el empate a 2 obtenido en Atocha. Era una Real entrenada por el inglés Harry Lowe y que acostumbraba a terminar en mitad de tabla de la recién creada Primera División. Era el equipo de los Amadeo Labarta, Marculeta, Insausti…, favoritos frente a un Sporting que aún no conocía lo que era la máxima categoría. Sin embargo aquel día fueron los asturianos quienes dieron la sorpresa imponiéndose por 4-2 a la Real y avanzando en una competición en la que alcanzarían los cuartos de final.

En las décadas siguientes el Sporting no logró consolidarse en la Primera División, por lo que las visitas de la Real a Gijón no se convirtieron en habituales del calendario hasta el fatal descenso donostiarra de 1962. En los cinco años que los donostiarras estuvieron en Segunda División encontraron en el Sporting a uno de los rivales más fuertes de la categoría; de hecho, la temporada que finalizó felizmente en Puertollano, fueron los de Gijón los que pelearon mano a mano con los donostiarras y los que obligaron a que hubiera que esperar hasta la última jornada para confirmar el ansiado ascenso.

Tres años más tarde fue el Sporting quien siguió el camino de la Real y, como si ambos equipos transitaran por vías paralelas, dieron inicio a la edad de oro del club. A partir de la segunda mitad de la década de los setenta, ambos equipos se consolidaron entre los grandes de la liga y la posibilidad de un título empezaba a ser una posibilidad real. El 18 de febrero de 1979 la Real visitó el Molinón para enfrentarse al Sporting de los Cundi, Mesa, Joaquín o Quini.

Los txuriurdin salieron desde el principio a por el partido y a los 9 minutos Satrustegi logró el primer gol del partido. Poco tiempo después empataban los de casa y, aunque la Real imponía su juego, en la segunda parte era el Sporting el que conseguía adelantarse. En el minuto 80 Esnaola igualaba el partido y el Molinón estallaba empujando a sus jugadores. Era el momento del histórico grito de “Ahora, ahora, ahora Quini, ahora”, de los partidos llamados a la épica en los que los jugadores debían sobreponerse al barro y en los que los equipos del norte sabían moverse como peces en el agua. En ese duelo Quini respondió al reclamo del público y, en el minuto 89, consiguió batir a Arconada para lograr el gol de la victoria que daba el liderato de la clasificación a los asturianos.

Unos meses más tarde era la Real la que se imponía, gracias a un gol de López Ufarte, y quien subía al primer puesto de la liga. Poco después llegaría la histórica tarde del primer título de liga, pero los duelos del Molinón siguieron siendo una de las salidas más difíciles para los txuriurdin durante toda la década de los ochenta. Los Arconada, Zamora, Bakero… viajaban a Gijón sabiendo que tendrían que pelear mucho para llevarse los puntos frente a los hermanos Ablanedo, Jiménez o Eloy.

Luego el Sporting pagó el precio de años de mala gestión, de la marcha de jugadores como Luis Enrique, Abelardo o Juanele, hasta que en 1995 volvió a ver el descenso de cerca. Aquel año, a falta de dos jornadas para terminar la liga, dos goles de Joseba Etxeberria dieron el triunfo a la Real y hundieron al Sporting en la clasificación. Finalmente esquivaron el abismo, pero no tardó en consumarse un descenso que privó a la Real de la habitual visita a Gijón hasta que, años más tarde, fueron los propios donostiarras quienes vivieron su particular calvario.

En la primera temporada del regreso a la Segunda División la Real volvía a jugar en el Molinón frente a un rival que se convirtió en uno de sus máximos rivales. El partido que disputaron ambos equipos y que se decidió con un solitario gol de Bilic resultaría definitivo tras la increíble derrota de Mendizorroza que apartaba a la Real del ascenso para quedar en manos, precisamente, del Sporting.

Ahora, con el regreso de los asturianos a la máxima categoría se ha recuperado una visita de recuerdos imborrables para la Real. Una visita que ha dejado grandes encuentros y que tiene como escenario uno de esos campos que parecen resistirse a la globalización del mundo del fútbol y que mantienen el ambiente de los estadios con solera. 

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