Un partido para no olvidar jamás
Leo Franco y Cazorla, viejas caras conocidas en Atlético y Villarreal.

Un partido para no olvidar jamás

Villarreal y Atlético de Madrid empataron (4-4) en un duelo cargado de goles y emoción disputado en 2008. Un Simao estelar lideró a los colchoneros, que llegaron a ir ganando 0-2 para luego tener que remontar un 4-2 en inferioridad numérica. Raúl García acabó rescatando un punto en el tramo final.

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Miguel Sánchez Villena

Una nueva tarde de fútbol iba a comenzar en El Madrigal, una nueva jornada en la que los amarillos recibían a un Atleti que llegaba con ganas de ganar. A la hora de partido comenzaban a conocerse las alineaciones, empezando por la del Villarreal: Diego López; Javi Venta, Godín, Gonzalo, Capdevila; Senna, Bruno, Cazorla, Pires; Llorente y Rossi y su habitual 4-4-2 con el que estaban cuajando una gran liga. Pero enfrente tenían al Atlético de Forlán que partía con los siguientes hombres:  Leo Franco; Seitaridis, Heitinga, Domínguez, Pernía; Assunçao, Banega, Maniche, Maxi, Simao; y el charrúa Forlán. Un 4-2-3-1 con el uruguayo en punta y Maniche de enganche entre Maxi y Banega.

Saltaban los protagonistas al césped y arrancaba a las 19:05 una jornada más . 44 segundos se necesitaron para ver el primer gol, lo puso el Atleti, lo puso Simao. Primera aproximación del Atlético, buena combinación entre Pernía y Forlán que desemboca en Simao, que suelta un zapatazo con la derecha a la mismísima escuadra de Diego López. Imparable. No podían empezar mejor las cosas para el Atlético, que esta vez sí salía a por todas y sorprendía a un Villarreal que intentaba responder lo antes posible al golazo del portugués.

Tenía la primera clara el Submarino al cuarto de hora del comienzo del encuentro con una falta botada por Senna que peina Capdevila y obliga a Leo Franco a sacar una buena mano abajo para evitar el empate de los amarillos. Pero a los 22 minutos el Atleti aumentaba su renta gracias a un gol de Forlán, jugada que arrancaba con un Simao que se marchaba en velocidad por la derecha después de un detalle de calidad ante Javi Venta, la puso al centro, Godín despejó mal y Forlán lo aprovechó para fusilar a Diego López y poner el 0-2. Respondía Rossi rápidamente con un buen contragolpe un par de minutos después: se plantaba solo ante Leo Franco pero aparecía de la nada Álvaro Domínguez para despejar el cuero. Se había metido en un buen lío el Villarreal, pues el club del Manzanares estaba muy serio y quería el partido a toda costa. La volvía a tener el Villarreal con Cazorla con un tiro lejano que se marchaba rozando el palo, pero a partir de la siguiente jugada la suerte se empezaría a poner del lado del Villarreal. En el 37’ Banega veía la roja por una segunda amarilla por una entrada a destiempo a Capdevila. Se equivocaba el argentino y dejaría a su equipo con 10 casi una hora.

Así acababa la primer parte y nada más arrancar la segunda tenían gol los amarillos. Disparo lejano de Senna que se traga con patatas Leo Franco, que ya había fallado en la jugada anterior al gol. El Atlético parecía entonces empeñado en complicarse la vida en El Madrigal. Casi sin tiempo para reaccionar, el Submarino empataba el encuentro por medio de Llorente gracias a una contra mortífera conducida por el ítaloamericano Rossi y finalizada por el delantero español, 2-2 en el minuto 51. No hubo que esperar mucho para ver el desempate, pues en el 58’ Gonzalo remataba un balón perfecto que le había dejado Pires solo completamente.

Suicidio rojiblanco antes de la hora de partido, pero la gota que colmaría el vaso llegaba en el 67’: Rossi combinaba con Cazorla y un gran pase al hueco del ‘8’ amarillo dejaba a Guiseppe solo ante Leo Franco, al que batía a placer. Con 4-2 y uno más sobre el campo el Villarreal parecía sentenciar el encuentro, pero era inimaginable lo que vendría a continuación. Buscaba cerrar por completo el encuentro Cani con dos ocasiones que erraba casi de manera consecutiva. El Atleti, bloqueado, se limitaba a contragolpear y a aprovechar los espacios que el Villarreal dejaba, espacios que le vinieron de lujo en el 83’. En ese minuto Simao recibía en el medio del campo y se marchaba solo para batir a Diego López con facilidad y solo dos minutos después Raúl García desataba la locura completa con el empate a cuatro gracias a un centro de cirujano de Simao. El portugués, él solito, levantó el encuentro y rascaba de momento un punto para los suyos. Lo intentaría una última vez Senna con un tiro lejano que se marcharía alto por poco y, sin dejar tiempo para más, el colegiado pitaba el final del encuentro y hacía oficial el 4-4 en el que sería uno de los mejores encuentro de la década sin ninguna duda y, a día de hoy, un encuentro que seguro ambas aficiones recordarán perfectamente. Emoción, tensión, agonía, alegría y éxtasis final, ese es el mejor resumen de ese encuentro, un partido que, desde luego, no estaría mal que volviese a ocurrir.

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