Granada, la afición que no se vendió
Granada, la afición que no se vendió. Foto: Antonio L. Juárez (VAVEL)

La Real se enfrentará en su último partido de liga del 2016 a un Granada al que esta temporada le está costando salir del fondo de la clasificación. Los andaluces apenas han sumado nueve puntos y ocupan plaza de descenso. Sin embargo cuenta con suficientes argumentos para poder remontar esa situación. El entrenador, Lucas Alcaraz, es un veterano acostumbrado a moverse en el filo de la navaja y el Granada cuenta además con una afición que ya ha demostrado muchas veces su apoyo incondicional al equipo. Una afición que ni siquiera se dejó seducir por el caramelo del fútbol de élite cuando su equipo penaba por la tercera división.

Ocurrió en el verano del 2007, en un momento en que el Granada peleaba por evitar la desaparición del club al tiempo que preparaba el inicio de una nueva temporada en la Segunda B. Se cumplían ya 31 años desde que el equipo disputara por última vez un partido en la máxima categoría y, desde aquel descenso, el club había vivido una decadencia que le había llevado hasta las catacumbas de la Tercera División. Parecía la situación perfecta para aquellos que buscan hacer negocios rápidos: una ciudad grande y con un equipo de fútbol incapaz de salir del pozo.

Nació el Granada 74

Por esas mismas fechas, el empresario madrileño Carlos Marsá había comprado las acciones del Ciudad de Murcia de Segunda División y había decidido cambiarle el nombre por el de Granada 74 y llevar su sede hasta la ciudad de la Alhambra. El proyecto extrañó en un mundo como el del fútbol acostumbrado a que los clubes tengan un gran arraigo en sus ciudades y despertó las suspicacias de las autoridades. La RFEF, apoyada por la FIFA y la UEFA se oponían a lo que veían como la compra de una plaza en la Segunda División, mientras que la LFP y el CSD consideraban que no se habían alterado los estatutos de la competición. Finalmente el Granada 74 fue admitido en la categoría de plata, pero al proyecto del señor Marsá todavía le quedaba una parte muy importante por completar.

Marsá confiaba en que el atractivo de tener un equipo en Segunda División fuera suficiente reclamo para una provincia que contaba casi con un millón de habitantes y que hacía décadas que no disfrutaba del fútbol de élite. El apoyo de los granadinos era fundamental para que el proyecto funcionase, pero Marsá no contó con el arraigó que el Granada C.F. tenía en la ciudad. Sus aficionados siguieron al equipo en los años 70, cuando se convirtió en el matagigantes de Primera División, pero también cuando llegó el descenso a Segunda, cuando cayó a Segunda B e incluso cuando las deudas lo hundieron en la Tercera División.

Las promesas de gloria del señor Marsá no convencieron a los granadinos, que prefirieron seguir apoyando a su equipo en Segunda B antes que subirse al carro de un proyecto con el que no se identificaban. Por si esto fuera poco, el Ayuntamiento de la ciudad no permitió al equipo hacer uso del estadio de Los Cármenes y el Granada 74 debió disputar sus encuentros en el pequeño estadio Escribano Castilla de la localidad de Motril.

Sin el apoyo del ayuntamiento ni de los ciudadanos, el ambicioso proyecto de Marsá estaba condenado al fracaso. El Granada 74 descendió de categoría en su primera temporada y un año más tarde cayó hasta la Tercera División. Cargado de deudas y sin perspectivas de mejora, el empresario Carlos Marsá dio por concluido su proyecto y disolvió la S.A.D. Granada 74.

Los aficionados de la ciudad nazarí habían sentado un precedente para futuros empresarios ávidos de hacer negocio con el fútbol. El apoyo a un club y la identificación con el mismo se consiguen a través de los años, de partidos inolvidables y temporadas históricas, no se pueden comprar con proyectos relucientes. Como si de un premio del destino se tratara, la temporada siguiente a la desaparición del Granada 74, el Granada C.F. consiguió el ascenso a la Segunda División y, un año más tarde, repitió ascenso, esta vez a la máxima categoría del fútbol español. 35 años después de que el Madrid de Breitner, Netzer, Del Bosque o Santillana certificara el descenso del equipo, la afición del Granada iba a volver a disfrutar del mejor fútbol en su propio estadio y con su equipo de siempre.

Esta es ya la sexta temporada consecutiva del Granada en Primera División. En todas ellas el equipo ha peleado por la permanencia y, también en todas ellas, ha contado con el apoyo de su afición. Esa es seguramente la mayor fortaleza de un equipo que al que van a tener que arrancarle de las manos su plaza en la Primera División.  

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