Los Zipi y Zape del "EuroCelta"
Gustavo López y Mostovoi, seguramente la mejor pareja que ha visto Balaídos./Foto: Xulio Villarino - La Voz de Galicia

Hablar de Mostovoi y Gustavo López es hacerlo del "EuroCelta", un equipo que marcó una época y que logró situarse entre los más grandes de la Liga. Un equipo al que solo le faltó un título para entrar en la historia del fútbol español. Aún así a los celtistas siempre les quedará el recuerdo de las grandes gestas y de los partidos en Balaídos en los que fuera e rival que fuera, el Celta salía vencedor. Equipos como Real Madrid o Barcelona viajaban temerosos a Vigo sabiendo que el Celta iba a ser quien dominara el encuentro y que ellos solo dependían de la fortuna para conseguir los tres puntos. En ese equipo había una pareja de jugadores que destacaba sobre el resto. Eran Mostovoi y Gustavo López. Uno delantero y otro banda. Entre los dos existía una conexión especial, nunca antes vista en Balaídos, y que solo encontró un cierto parecido varios años después en la compuesta entre Nolito, Orellana y Iago Aspas. Los dos jugadores distintos en muchos aspectos, pero que se complementaban a la perfección porque tenían la misma idea de entender el fútbol. Era tal su conexión dentro del campo, que sin necesidad de levantar la cabeza, el uno sabía dónde estaba el otro, y ahí que le ponía el pase.

Gustavo López: "A Mostovoi le gustaban los partidos importantes. Se hacía grande frente al Real Madrid y Barcelona"

El “EuroCelta” es y será recordado por ser un equipo  que practicaba un fútbol envidiable, en palabras de Johan Cruyff, “el mejor fútbol de Europa”. Un estilo muy característico, que acumulaba muchos jugadores en la zona de ataque y que tenía una rápida, pero controlada circulación del balón. Con posesiones muy largas, pero a la vez con mucha verticalidad hacia el área contraria. Parte fundamental de ese sistema era nuestros dos protagonistas: Gustavo López y Alexander Mostovoi. Entre los dos se las ingeniaban para anotar goles para el recuerdo, que muchos celtistas todavía tendrán grabados en la retina.

Jugadores distintos pero complementarios

 Los dos eran muy distintos en cuanto a cualidades y carácter se refiere. Mostovoi no era un jugador muy rápido con las piernas, es decir en carrera, pero sí lo era con la mente, por lo que realizaba un fútbol muy rápido haciendo los kilómetros justos. Tenía además una gran facilidad para hacer gol, dentro del área se escabullía de los defensas como una lagartija y necesitaba de muy pocos segundos para armar la pierna y disparar a portería. Sus goles dieron muchas alegrías al celtismo, pero con él no todo fueron sonrisas, al menos al principio. Mostovoi era un jugador con un gran carácter. Llegó a Vigo directo del Spartak de Moscú y le costó adaptarse a la mentalidad española contrastada con su carácter cerrado. Tras una primera temporada difícil para él con un complicado proceso de adaptación por el que incluso fue cuestionado, las temporadas venideras fueron todo alegrías. El Zar, como todavía es recordado en las gradas de Balaídos, se convirtió en un ídolo del celtismo fuera y dentro del campo.

Gustavo López: "Mostovoi sabía manejar muy bien los tiempos del partido. Sabía lo que requería cada momento del encuentro"

Por su parte Gustavo López, siempre fue un jugador rápido. Zurdo, casi siempre jugó por la banda izquierda y su velocidad aportaba muchísimo al ataque celeste. Con sus quiebros, regates, centros e incluso disparos desde fuera del área, el Celta consiguió victorias importantísimas. De sus botas siempre nacían acciones de peligro. Sus rivales intentaban no dejarle ni un metro a sabiendas de lo que era capaz de hacer. Aún así, el conseguía zafarse de su marca y se las ingeniaba para conectar con los hombres de arriba como el propio Mostovoi. El carácter de Gustavo López no encontró problemas dentro del vestuario, y siempre se sintió muy a gusto en Vigo.

Siendo distintos, los dos se entendían a las mil maravillas. Muchas son las anécdotas contadas por lo propios jugadores que ejemplifican dicha conexión. Gustavo López siempre que ha podido ha hablado de él como uno de los mejores con los que ha jugado y con los que más cómodo se ha sentido. Algo que se notaba en el campo. La grada de Balaídos cada vez que uno de los dos cogía el balón rugía, porque sabía que la jugada llevaba peligro. Los dos guardan muy buen recuerdo de esos años y del Celta, y el Celta y la afición los tiene en un pedestal, porque pocas veces ha disfrutado tanto viendo jugar a su equipo. Lo que se conoció como el fútbol de salón maravilló a celtistas y no celtistas, porque era un fútbol que no se veía en ningún otro lado.

VAVEL Logo