No hubo partido en el Pizjuán
Ganso, celebrando el primer gol del Sevilla. (Imagen: Fran Santiago - VAVEL)

Cuatro minutos. Eso es lo que tardó el Sevilla en encarrilar el partido ante el Granada para meter presión al Atlético de Madrid en la pelea por el tercer puesto. Está claro que a los nazaríes no les viene bien nada de lo que pase esta temporada, y si pusieran un circo les crecerían los enanos. Llegaban al Sánchez Pizjuán, visitando a un equipo en mala forma y con demasiados problemas tanto deportivos como extra deportivos. Pero ni así.

Y es que a los de Sampaoli no les hizo falta mostrar superioridad en ningún momento. Tony Adams vio que sería una noche larga cuando se lesionó Saunier a los cuatro minutos del encuentro. Obviamente, no había nada preparado y tardaron unos treinta segundos en preparar el cambio. Suficiente para que Ganso recibiera un espectacular pase de Sarabia y batiera a Ochoa. Ni siquiera habían tenido tiempo de sentarse los aficionados en sus butacas, y ya estaba todo el pescado vendido.

Durante toda la primera parte, el Sevilla enseñó lo mejor y lo peor de sí mismo. Una plantilla que destila calidad y buen juego, pero que no está, ni mucho menos, en buena forma. El ritmo cansino con el que se iban acercando a la portería solo les sirvió por la debilidad y benevolencia granadina. La defensa nazarí les permitía llegar casi al trote hasta la frontal del área, mientras que Sergio Rico no la tocó con las manos ni una sola vez.

Con ese corto 1-0 terminó la primera parte, pero no le duró mucho a la segunda. De nuevo al inicio, fue Ganso quien puso tierra de por medio con el definitivo segundo gol. Esta vez, una jugada más elaborada que acabó con un balón de Escudero que remata Ganso sobre la línea de gol. Y ahí pareció acabarse la noche.

Con el paso de los minutos, el Sevilla se fue viniendo abajo y casi no llegaba. De vez en cuando tenía llegadas peligrosas, sobre todo en botas de Jovetic y, cuando entró, Ben Yedder. Precisamente, esos delanteros que han estado faltos de gol en el último tramo del curso. Además, los dos equipos se fueron partiendo demasiado, los locales por desidia y los visitantes por desesperación.

Quienes sí empezaron a tener ocasiones fueron los delanteros del Granada, Pereira y Ponce. Eso sí, sin ayuda alguna. Todo consistía en balones arriba para que uno de ellos la bajara y el otro creara la jugada. Sergio Rico solo se vio obligado a hacer una intervención mínima a un disparo desde la frontal del propio Ponce.

Tan solo en los últimos minutos se puede hablar de gran insistencia del Granada, cuando ya lo veían todo perdido. Un intento de Carcela al larguero es lo más respetable de la noche, aunque antes Ben Yedder les había metido en el cuerpo con un remate que acabó sacando la defensa bajo palos. Pero nadie pudo evitar lo que se venía mascando desde el calentamiento.

Con este resultado, el Granada podría verse descendido muy pronto, y todo el mundo lo sabía. Los aficionados nazaríes desplazados a Nervión desplegaron, al final, una pancarta que rezaba "Volveremos", en clara alusión al previsible descenso. Por su parte, los sevillistas esperan una derrota del Atlético en Barcelona para seguir soñando con el tan ansiado tercer puesto.

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