Sufriendo sabe mejor
Ben Yedder celebra el segundo gol sevillista de la noche | Foto: Fran Santiago

Sevilla entera estaba preparada ante la primera gran final que se jugaba. El 1-2 de la vuelta no era suficiente colchón para permitirse relajamientos, por lo que la tensión competitiva de un encuentro tan determinante como este se pudo sentir en la capital andaluza durante todo el día, aumentando notablemente a medida que se acercaba la hora. Una vez llegadas las 20:45 de la noche, los jugadores no podían saltar al campo sintiéndose más arropados. La infalible marea rojiblanca hizo presencia desde el primer al último minuto, demostrando por activa y por pasiva que merece codearse con los mejores de Europa. Y así lo hará.

Arrollador inicio sin final feliz

Como no podía ser de otra forma, los locales comenzaron el partido ultramotivados buscando dominar al Istanbul Basaksheir desde el inicio. No habían pasado cinco minutos y Banega y Correa ya habían tenido dos buenas oportunidades para acercar al equipo un poquito más a la fase final de la Champions. Los sevillistas intentaron monopolizar la posesión del balón y hacer daño a la defensa turca con las internadas de Jesús Navas, que parece vivir una segunda juventud, y Correa. La ofensiva a la que estaba siendo sometida el Basaksheir pudo hacer su primer gol tras una excelente jugada de Mercado, pero su lanzamiento se estrelló en el palo.

Cosas de la vida y del fútbol, cuando más controlado parece que tienes algo antes sufres un revés, y así fue. Eljero Elia anotó el 0-1 gracias a la asistencia de Caiçara. El derroche de energía que hizo el Sevilla con su empuje inicial había terminado paradojicamente con un resultado adverso. Lo siguieron intentando los del Toto Berizzo algo más descentrados tras el varapalo y con una lógica intensidad menor tras el contundente comienzo, pero William Collum señaló el camino de vestuarios con un alarmante 0-1. 

Reinicio del chip en la segunda parte

La situación una vez llegado el final de la primera parte no era excesivamente angustiosa para el cuadro local, pero sí acercaba un poquito más a los turcos que, de colocarse 0-2 en el marcador, pondrían la balanza de su parte manteniendo todavía el factor prórroga. Con todo, el reajuste táctico y mental que llevó a cabo Berizzo sobre sus hombres solucionó todos los problemas que en 45 minutos habían surgido. Una magnífica jugada de Jesús Navas habilitó a Escudero para que, de cabeza, igualara el luminoso y diera lugar al delirio de la afición. Ahora sí la superioridad sevillista se vio reflejada en el resultado del partido, aunque no lo suficiente como para confiarse.

La primera media hora de la segunda mitad fueron probablemente los mejores minutos del equipo en toda la eliminatoria. Pareja, N'Zonzi y Pizarro adelantaban todos los intentos visitantes para iniciar jugada, y arriba el tridente Navas-Ben Yedder-Correa merodeaba el gol cada vez que la defensa turca les dejaba respirar. A su vez, el recorrido de Mercado y Escudero resultó clave para que los dos extremos pudieran afrontar situaciones de 2x1. El argentino Correa no marcó, pero desestabilizó a la zaga visitante todo lo que quiso y más. Cada vez se acerca más al pedazo de jugador que está llamado a ser. 

Llegados los últimos veinte minutos, Nolito fue el elegido para revolucionar el ataque y dar una estocada más al Istanbul Basaksheir. Cuatro minutos más tarde de su entrada, ya había creado la jugada del 2-1. El excitizen burló a todo el que osó enfrentarle y cedió el gol en bandeja de plata para Ben Yedder, que ajustó su disparo al palo izquierdo. Magnífica remontada que dejó como consecuencia el ensordecedor ruido del graderío sevillista con su alentar. 

Tensión final

El dominio en juego y marcador que se pudo ver en la segunda parte, aún con dos goles de ventaja, no fue definitivo. Visca fusiló a Sergio Rico en el minuto 82 tras previo fuera de juego. No podía ser fácil. Jugar Champions nunca lo es.

Así, los nervios se apoderaron de todo el Sánchez Pizjuán durante los 12 minutos que tardó Collum en pitar el final del partido tras el gol de Visca. 12 minutos largos, generosos, eternos, interminables. Pero que no podían durar para siempre, y que se agotaron. Terminó el sufrimiento y comenzará de nuevo en la fase final, pero con otro regusto. Con el regusto del que ya está ahí, y no tiene nada que perder. Que tengan cuidado los gigantes, porque no hay nada más temible que enfrentarse con quien no teme a nada. Y en Nervión no lo hacen.

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