Siempre cuestionado, siempre criticado
Foto: villarrealcf.es

Un entrenador con el segundo mejor porcentaje de victorias de la historia del club y con el segundo récord de puntos en Primera División en la historia de un club, en principio no debería de ser el objeto de ninguna crítica. Pero si se trata de la etapa de Fran Escribà en el Villarreal, no nos encontramos en este caso. Y es que en la temporada y seis jornadas que ha estado el preparador valenciano al frente del Submarino ha sido un examen constante e ininterrumpido por parte de la afición a un técnico que nunca demostró la ambición ni las cualidades necesarias para dirigir un equipo en la élite del fútbol europeo.

Números esperanzadores, juego nulo

Como se apuntaba anteriormente, los números de Fran Escribà como entrenador amarillo no son nada desdeñables. La pasada campaña llevó al equipo hacia la quinta posición del campeonato liguero, obteniendo 67 puntos, un registro récord sólo por detrás de los 77 que se consiguieron en el curso 2007-08 con el subcampeonato, con Manuel Pellegrini al mando. Asimismo, fijándose en el porcentaje de victorias a lo largo de su etapa al frente del equipo, nuevamente es superado sólamente por el Ingeniero, teniendo Escribà un 47,73% de partidos ganados, por el 48,42% que logró el técnico chileno.

Unos números que sirvieron para mantener al valenciano una segunda temporada en el cargo y enmascararon la mediocre y apagada imagen del equipo a lo largo del curso. Un equipo sin ninguna idea de juego, con una nula vocacion ofensiva y sin ninguna ambición o sed de victoria. Jugadores deambulando por el campo, sin intensidad, sin nervio, sin ambición y con una actitud impermisible en Primera División. En otras palabras, un fútbol que en la mayoría de partidos era un suplicio para el espectador.

Foto: Juan Ignacio Lechuga (VAVEL España)
Foto: Juan Ignacio Lechuga (VAVEL España)

Dos frases resumen el fútbol del Escribà que han sido de profundo calado entre los aficionados groguets. Una de ellas la pronunció el propio valenciano, afirmando tras una derrota en San Mamés ante el Athletic que el planteamiento de aquel partido era "jugar a que no pasase nada". Mientras que la otra cita es de Samu Castillejo, quien celebraba que Fran Escribà les "hablase flojito" en contraposición con el carácter de Marcelino

En definitiva, el Villarreal de Escribà fue un equipo incómodo con el balón, al que no le importaba pasarse partidos enteros defendiendo y esperar a los minutos finales para aprovechar algún desliz del rival y llevarse así la victoria. Una falta de ambición e ilusión que salió a la luz con las bochornosas eliminaciones en Europa League ante la Roma y en Copa del Rey ante la Real Sociedad, ambas en las fases iniciales de las competiciones. En resumen, un compendio de factores que justifican las constantes dudas de la afición sobre su entrenador y si su sistema de juego sería el más indicado para un equipo como el Villarreal.

Las segundas partes nunca fueron buenas

Aunque no sería hasta esta temporada cuando las críticas verdaderamente estallaron. Tras una renovación muy cuestionada, Escribà inició su segunda temporada campaña a los mandos del Submarino, y esta vez pudo hacer la pretemporada completa (al contrario que la pasada campaña, que la hizo Marcelino) y cualquier cosa que se viese sobre el campo iba a ser fruto del trabajo del valenciano, tanto para bien como para mal. Las conclusiones son fáciles de extraer, en tan sólo seis jornadas se consumó su despido.

El equipo había perdido, ya completamente, cualquier vestigio de competitividad y juego que aún reluciese. Las derrotas ante Levante y Real Sociedad encendieron a la grada amarilla, ya no sólo por los resultados, sino por la incapacidad de generar fútbol y de defender con la solidez que se había visto los años anteriores. La afición estaba harta de su ténico, a pesar de las llamadas a la prudencia del presidente Fernando Roig.

Tras el parón de selecciones, llegó un espejismo en forma de victorias ante Betis, Alavés y Astana en Europa League, que supuso un balón de oxígeno para Escribà. Sin embargo, tras empatar ante el Espanyol llegaría la debacle, la derrota (4-0) ante el Getafe que sacó a la luz todas las carencias del equipo de un entrenador que pondría fin a su etapa en el Villarreal estando siempre cuestionado, siempre criticado.

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