Velocidad y desequilibrio ingredientes vitales en el ADN del Valencia
Simone Zaza durante el partido frente al Zaragoza. Fuente: Valencia CF.

Marcelino planteó una alineación combinada de jugadores suplentes y titulares para no correr riesgos y atar la clasificación para la siguiente ronda. Lo hizo con jugadores habituales cómo Zaza y Santi Mina, los más destacados del partido. 

Al Valencia le salió un partido perfecto. En la primera parte demostró un dominio del juego por completo, que fue total a medida que iba avanzando el cronómetro. En los primeros compases del partido se mostró más conservador con el balón y asegurando los pases. Cosa que aprovechó el Zaragoza para avanzar sus líneas de presión. El equipo che tiraba balones largos a Zaza para crear peligro sin pasar por el centro del campo y eso no provocaba ningún peligro. Pero esa situación no duró más de diez minutos. El Valencia empezó a avanzar sus líneas y ejerció una presión agobiante a la defensa del Zaragoza provocando pérdidas y nerviosismo a los centrales del equipo maño.

Esa presión tan rápida provocó la jugada del primer gol. Presión y combinación rapidísima para que los dos delanteros del Valencia, Santi Mina y Zaza, hicieran una pared que acabó dentro de la portería del meta del Zaragoza. En la primera parte esa presión y combinación que provocó el primer gol, es lo que buscó en muchos momentos, e incluso en ocasiones llegaba a dejar el balón al equipo maño para después recuperar y poder correr que es cuando el Valencia se siente más cómodo.

Después del pase por los vestuarios la presión seguía ejerciéndose por parte del Valencia pero no con tanto ímpetu. Aunque aprovechó a la perfección los errores del Zaragoza para poder correr y así es como fue la jugada del segundo gol.  El equipo che acabó volcando todo su juego en la portería contraria y acabaron cayendo dos goles más debido al asedio hacia la portería maña. A nivel defensivo se sintió cómodo y muy bien posicionado. 19 remates del Valencia por tan sólo cuatro del Zaragoza justifican el resultado de la gran presión que realizó el equipo valencianista.

El Valencia jugó de una forma muy clara. Esperar, recuperar y correr. Los menos habituales lo entendieron muy bien y lo practicaron a la perfección ante un Zaragoza muy inferior y al que no dio ninguna opción.

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