Campanada bajo la lluvia
Imagen: La Liga

Replegados y a la espera del rival. Así arrancó el partido del Eibar. Los de Mendilibar, fieles a su idea, se mantenían firmes atrás y sin conceder el más mínimo espacio al adversario. Mientras tanto, el Valencia trataba de acechar el área armera. De la mano de jugadores como Nacho Gil, Santi Mina o el propio, Rodrigo Moreno las primeras ocasiones comenzaban a sucederse. Sin complejo de inferioridad alguno, los pupilos de Mendi; de manera paulatina, empezaban a encadenar más líneas de pase, generando así mayores ocasiones de peligro. 

Pasados los 20 minutos de partido, el Eibar comenzaba a gustarse. Los locales se sentían cómodos y así lo reflejaban sobre el verde. De vital importancia fue la labor del capitán, Dani García y la del enrachado, Joan Jordán en la medular del campo. Recuperar y tocar; tocar y recuperar. El encuentro de ambos podría resumirse en eso. 

La batuta del duelo se iba intercambiando. En ocasiones era el Eibar el encargado de llevarla y en otras el Valencia lo hacía. Sin llegar a ser un partido de idas y venidas, el dominio no era absolutos por parte de ningún conjunto. Los números así lo reflejaban. 52,6% de posesión para el Eibar, y por consecuencia, 47,4% para el Valencia. Los armeros se imponían ligeramente en este aspecto a los murciélagos. De todas formas, la sensación de dominio no era absoluta en ningún instante.

No obstante, el Valencia cuenta con armas muy peligrosas arriba. Muy pero que muy peligrosas. Gente rápida y con una profundidad letal. Auténticos puñales por banda. Tienen nombre y apellido, y estos son: Nacho Gil y Andreas Pereira. Además, a los extremos se les sumaban los siempre peligrosos, Santi Mina y Rodrigo Moreno. 

Y fue gracias a este último que, al filo del descanso, el Valencia pudo hacer daño, mucho daño. En una jugada iniciada desde el costado izquierdo, el ariete remató y la mandó fuera por los pelos. Rozando la cepa del poste se marchó el esférico. Una última acción que pudo haber cambiado la arenga de Mendilibar en el descanso. Un balón, que de haber entrado, podría haber modificado por completo el sistema, haciendo entrar a algún que otro jugador. No más lejos de la realidad, el descanso llegó con empate en el luminoso. 

Mejor imposible. De un posible 0-1, al 1-0 favorable a los locales. La suerte estuvo de lado del Eibar tras el descanso, mientras que dio la espalda al Valencia. En una jugada algo rocambolesca Takashi Inui abrió la lata. Minuto 48. Le cayó el balón al nipón tras un control fallido de Joan Jordán, y éste no perdonó.

El gol hizo creer al Eibar. Soñaban con la victoria. Con un triunfo ante todo un Valencia CF, ante la revelación de esta edición de La Liga Santander. Pero como muchos esperarían, el Valencia hizo las tablas en el marcador. Allá por el minuto 57, Santi Mina se encargó de igualar el tanto de Inui. Con el 1-1 la cosa se ponía interesante. Con cabeza y confianza, cada conjunto mantuvo su estilo de juego. Ambos suelen apostar por las constantes aperturas a banda. Son equipos que generan mucho juego por fuera. Aquí es cuando los Inui y Alejo, por parte el Eibar; y los Nacho Gil y Andreas Pereira, por parte del Valencia cobraron importancia.

Sin embargo, no fue así. Es cierto que, armeros y ches buscaban el juego de banda, sin pena ni gloria; sin ser del todo decisivos.Cambios, cambios y más cambios en busca de la gloria. Fruto del gol de Mina, ingresaron nuevos jugadores al terreno de juego y a raíz de ello, el Eibar fue creciendo en el partido. El esquema se vio levemente modificado y el gol llegó gracias a ello. Junto a Kike García, Jordán colaboró en la presión y actuando de enganche, el catalán marcó el que sería el gol de la victoria.

Final, 2-1 y la campanada de la que se venía hablando sonó. Más allá de los tres puntos, el Eibar hizo la épica en casa, ante los suyos. Un partido difícil de olvidar para los locales que, además los pone en séptima posición y hace olvidar los fantasmas del pasado. 

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