Derrota, hartazgo y cabreo en Mérida
Foto: José María Colomo (Vavel.com)

Decía el intelectual francés Rousseau que la paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces. Sin embargo, por más sufrido y tormentoso que ha sido el aguante de los seguidores romanos, el único fruto que, de momento, éstos reciben está más cerca de la ácida derrota que de la dulce victoria. A lo largo de esta última semana se fue fraguando entre la afición un sentimiento de ilusión que parecía imposible que surgiese debido a los malos resultados del equipo desde hace semanas. No obstante, el esfuerzo del club por traer a jugadores que mereciesen la pena provocó entre los aficionados algo de esperanza e incertidumbre por comprobar si los recién incorporados, en caso de ser alineados, serían capaces de cambiar esta negativa dinámica sin aparente fin.

Así, siendo satisfecho su deseo de cambio, el aficionado emeritense se encontró con 4 nuevas caras en el once inicial: los 4 fichajes de invierno, incluido el tan ansiado Checa, quien, a pesar de haber llegado hace tan solo 2 días, estaba presto y dispuesto para debutar en el club blanquinegro. Los dos exlogroñeses Iván Aguilar y Germán Sáenz componían la delantera emeritense, mientras que José Cruz suplía la ausencia de Aguza en la zaga central. Sin embargo, el aficionado emeritense se encontró también con una desagradable sorpresa: incomprensiblemente, Loren Morón dejaba en el banquillo a Alex Bernal, un jugador no sólo apreciado sino también cumplidor, puesto que sobre él ha recaído principalmente la creación de juego de los romanos en todo lo que va de temporada.

El encuentro comenzaba siendo el típico de la 2ª división B: presión alta, defensas contundentes y mucho centro del campo, la zona con mayor protagonismo en los primeros minutos ya que las imprecisiones de uno y otro equipo provocaban una gran cantidad de faltas que entorpecían el juego e impedían llegar al área rival. Si alguna de las dos escuadras conseguía colar el balón más allá de la zona de tres cuartos, éste se perdía bien por línea de fondo, bien por banda, bien por fuera de juego. En el ecuador de la primera mitad, el nuevo engranaje del Mérida parecía empezar a funcionar. Un pase en profundidad de Julio de Dios en el minuto 30 dejaba a Iván Aguilar mano a mano con el portero granadino, quien se apresuró a atajar el balón antes de que el delantero pudiese tocarlo. 3 minutos después, una gran combinación del Mérida provocaba un remate al segundo palo de Santi Villa, jugador que protagonizó un tiro desde fuera del área en la siguiente jugada. Fue lo único aceptable de los romanos en todo el partido. Poco después, en el minuto 37, David Grande adelantaba a los andaluces tras un pase de Víctor Morillo desde la banda izquierda.

Con mucha pena pero con poca gloria pasaron los minutos ya no sólo hasta el final del primer tiempo, sino del partido completo. En el 52, el autor del anterior gol, David Grande, recibió en posible fuera de juego un balón perdido desde su campo. Recorrió velozmente la distancia que le separaba del área romana para acabar asistiendo a Casi, ex del Villanovense, quien mandó el balón al fondo de la red que defendía Felipe Ramos. A partir de ahí, todo lo que intentaba el conjunto extremeño se convertía en un absoluto despropósito. La entrada de Mustafá y Esparza por Kike Pina y Kiu en el minuto 56 no dio resultados, y lo único que alegró a la grada emeritense fue la sustitución en el 70 de Julio de Dios (pitada incluida) por el idolatrado Alex Bernal, el cual fue recibido con un sonoro y merecido aplauso, quizá también de castigo a Loren por su decisión inicial. Con mucha pena y poca gloria, Carralero Calvo daba por finalizado el encuentro.

Pero esto no acaba ahí. La falta de confianza en Mérida es triple: tanto de los aficionados hacia la directiva y hacia sus jugadores, como de estos últimos hacia sí mismos, y es que si el objetivo de un pecholata en septiembre era seguir manteniendo el estadio como fortín, el de hoy es adivinar cuándo le meterán a su equipo el primer gol. Apenas unos minutos antes de acabar el partido, gran parte del Romano había secundado los gritos contra el que consideran principal culpable de la situación actual: Bernardo Plaza aguantaba el chaparrón en la boca del vestuario, cerca del staff técnico, circunstancias que ya no son inusuales en el feudo emeritense. Tras el pitido final, los improperios tuvieron como destinatario los propios jugadores, quienes se acercaron a la grada de preferencia para dar las gracias y pedir perdón. “Entre todos lo sacamos”, animó Santi Villa.

El Mérida tan solo ha perdido 2 partidos en su campo (contra el Lorca Deportiva allá por el mes de octubre, y este mismo), pero la falta de puntos y actitud provoca una sensación de eterna permanencia en la derrota. A nadie en la grada le sorprende que su equipo empiece perdiendo, y lo que es peor, a nadie le extraña esa impresión de inferioridad e incapacidad que dan sus jugadores cada vez que esto pasa. Es cierto que en el último encuentro en el Romano ante el Marbella se consiguió remontar (a pesar de que, finalmente, un gol marbellí en el 76’ empatase el partido), pero esto fue tomado más como novedad que como rutina. Porque en la capital extremeña el derrotismo ya es rutina, y como consecuencia, el descenso se avecina.

Puntuaciones VAVEL.COM

David Grande (Granada B) 3 puntos
Casi (Granada B)  2 puntos
José Cruz (Mérida) 1 punto

 

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