La contracrónica: 15 minutos de protagonismo armero
El Eibar celebrando el gol del empate. | Foto: LaLiga

A pesar de estar en casa, el Eibar no pudo sacar las tres unidades contra el Málaga del técnico debutante, José González. Todo parecía un trámite sencillo para el Eibar que fue por unas semanas el equipo en mejor forma del continente. Pero no siempre se puede confiar de los equipos que pasan por horas bajas como lo ha estado el Málaga, que llegó a costar dos puntos al combinado armero. Repasamos los aciertos y los pecados del Eibar durante el partido que abrió la segunda vuelta para ambas entidades. 

En Nesiry rompe el bloque

Hasta los 17 minutos parecía que el partido estaba cerrado para ambos equipos. Las dos plantillas estaban los suficientemente cerradas como para abrir el marcador de manera temprana. Un error fue el castigo del Eibar que hasta el minuto 17 hacía las cosas bien. Fue por el olfato goleador y la presión del marroquí En Nesiry que se abrió la lata. Robó un balón que Capa puso para Oliveira cercano a la medular, fue un servicio demasiado comprometido del lateral que fue interrumpido por el atacante boquerón. 

No estaba en el guión del Eibar el que los rivales circularan cercano al arco de Dmitrovic, pero para la frialdad que había al inicio del partido, solo se necesitaba un chispazo que pudiera activar el enfrentamiento; esta fue la labor que ejerció el marroquí, quien empezó lo que sería un juego de ajedrez que pudo favorecer a cualquiera de los dos equipos. 

El Málaga, un candado 

Bajo el mando del nuevo técnico el Málaga se selló para evitar que el local se acomodara e hiciera su juego. El capitán Recio se enfocó en cerrar los espacios junto a Luis Hernández y Miquel. Iturra fue un apoyo constante a la defensa con sus retrocesos. El venezolano Rosales mantuvo la seriedad ante Inui, rechazando cualquier amenaza que pudiera llegar por su costado. En resumen, el Eibar se topó durante gran parte del partido con un muro más resistente que el concreto. Iván Alejo no pudo destacar en la banda contraria al nipón y sus intentos de dañar por los carriles, al notar esto, Mendilibar revolucionó el partido para que el Eibar pudiera meter miedo. 

Los cambios, una bendición

El entrenador armero decidió cambiar el partido en base a los constantes fallos que estaba teniendo su equipo al asomarse a la zaga rival, los pases no conectaban y aunque tenían la posesión, no se sentía cerca el empate de los azulgranas. Dio ingreso al recién fichado Orellana, quien trajo la claridad que necesitaba el Eibar para colarse entre las piernas albicelestes. Con la entrada de Bebé también mejoró la producción del cuadro eibarrés. Los errores en la zona defensiva del Málaga se hicieron comunes y cedieron el balón al equipo local que ya olía al gol de cara. 

Fue por la inyección de energía que hizo Mendilibar que un jugador que estuvo tan acertado en el partido como Rosales cometiera el error que le costó las tres unidades al combinado visitante. Kike fue el encargado de igualar la partida y dar ánimos a su equipo que hasta los 75 minutos no había gestado con claridad sus ideas. 

El impulso llegó tarde 

De nada sirvió que el Eibar tuviera mejor proyección durante los últimos momentos del juego, pues el tiempo se les hizo corto cuando mejor se mostraban. El Málaga terminó pidiendo la hora y con toda razón, la innecesaria expulsión de Kuzmanovic le dejaba la puerta abierta al Eibar que no pudo dañar la infraestructura de Roberto, quien estuvo solvente ante las llegadas de peligro que le pudieron costar el juego a los boquerones. Parecía que los azulgranas se podrían llevar el partido, pero la seriedad del arquero no dio luz verde. 

Un partido que de no ser por el ingenio de Mendilibar hubiese sido una tragedia para el conjunto armero. El Málaga hizo un buen trabajo, haciendo el gol y defendiendo a capa y espada la ventaja, pero no fue suficiente contra un Eibar que pudo dar la vuelta al partido, pero tampoco fue suficiente el esfuerzo.

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