El Alcorcón y la táctica de la telaraña
Éxtasis amarillo tras una diana | AD Alcorcón

Más de uno se puede preguntar, con razón, cómo es posible comparar una telaraña con un equipo de fútbol. Pues bien, según la definición más estricta, una telaraña es un tejido de red que forma la araña con un hilo muy fino que produce ella misma, para desplazarse o capturar presas que quedan atrapadas en él. Algo muy similar a lo que ocurre en el sur de la capital, pues la Agrupación Deportiva Alcorcón, a través de su táctica, construye un tejido defensivo producido a la semejanza de Julio Velázquez para atrapar a los rivales y conseguir así que los partidos no se desarrollen con facilidad con el mero objetivo de lograr puntuar y conseguir la permanencia.

Flexibilidad táctica

Gracias al trabajo constante del técnico salmantino con sus pupilos, ha logrado que el conjunto amarillo no esté solamente ligado a un esquema. El 4-1-4-1 es el más utilizado, pero en alguna que otra ocasión, el 5-4-1 también ha sido elegido por el míster. Incluso en el mismo partido. Debido en buena parte a que Dani Toribio, el cerebro de los alfareros, con el permiso de Jon Errasti, quien en la segunda vuelta de la temporada ha quedado relegado a un segundo plano, puede llegar a adaptarse como tercer central, como enganche entre la defensa y la medular, y como un gran pivote organizador. De esta manera, los madrileños logran una gran estabilidad entre los dos ámbitos más importantes: la zaga y el centro del campo.

La única pega que se le puede poner a esta táctica es que, a excepción de los hombres de banda, un solo delantero es sobre quien recae todo el peso del ataque. Pero obviamente, Julio Velázquez no intenta emplear un sistema ofensivo, aunque en algún que otro tramo del partido puede optar por esta solución. La clave está en situar de manera extremadamente estructurada a los nueve hombres que configuran las dos primeras líneas para dejar libre al jugador más adelantado y, a través de una presión alta, aunque cautelosa, el Alcorcón atrapa en su red a equipo contrario, que en la mayoría de los casos ante tal situación, goza del esférico, aunque no consigue llegar al área rival debido a la consistencia de los laterales y de todos los soldados que ocupan las posiciones centrales.

La mejor prueba de que la fuerza de los defensores y creadores da sus frutos es comprobando que en los últimos ocho partidos, el cuadro amarillo tan solo ha recibido cuatro goles. Una auténtica proeza teniendo en cuenta que la Segunda División española es de las categorías de plata continentales en la que más dianas se anotan jornada tras jornada. Y es que el natural de Salamanca en este aspecto ha dado con la tecla de manera magistral. A falta de jugadores de ataque, lo mejor es intentar mantener la portería a cero el máximo de minutos posible. Casto tiene buena culpa de ello al ser el octavo guardameta menos goleado de la competición. El tejido perfecto.

Celebración alfarera en el Mini Estadi | LFP
Celebración alfarera en el Mini Estadi | Fotografía: LFP

Problemas con el gol

Evidentemente, la mayoría de los equipos que optan por un sistema defensivo suelen tener detrás de él numerosos inconvenientes de cara a la portería rival. El caso del Alcorcón no es distinto. Aunque la fórmula de la telaraña funcione casi de perlas en el aspecto defensivo, parece un espejo al cambiar de área. Con la salida de Nicolau Dumitru en el mercado de invierno de forma incomprensible, pues en la última jornada antes del parón marcó al Rayo Vallecano, el míster castellano-leonés solo cuenta con dos delanteros puros para tratar de anotar jornada sí y jornada también sin ningún éxito: Jonathan Pereira y Álvaro Giménez. Dos hombres, cuanto menos, sacrificados, que empapan la camiseta de sudor cada fin de semana, pero que sin embargo, no cumplen con el objetivo del gol.

Del mismo modo que antes, yendo a las estadísticas, los del sur de la capital son el segundo equipo que menos tantos han anotado en casi cuatro decenas de jornadas: 30 goles, solo siendo el Sevilla Atlético con 25 el peor de LaLiga1|2|3. Números insuficientes para tratar de lograr la meta de mantener la categoría por noveno año consecutivo y, más aún, teniendo en cuenta el enorme nivel de los equipos perseguidores, puesto que Cultural Leonesa, Nàstic, Córdoba y Barça B, precisamente, son conjuntos muy anotadores. Por ello, éste es el principal reto que ha de superar Julio Velázquez cuanto antes. Las aportaciones de los hombres de banda como Nono, Mateo García, Marco Sangalli y Bruno Gama tampoco bastan para llegar al área rival. Aunque más que reto, es decisión. Mantener la telaraña defensiva o abrirla para marcar. Arriesgar o no arriesgar. He ahí la cuestión.

Pereira tirado en el césped | VAVEL
Pereira tirado en el césped | Fotografía: VAVEL

Sin margen de error, pero con motivos para creer

Después de 39 jornadas de auténtica locura, la realidad es la que es. De nada vale engañarse. Solo quedan 270 minutos por delante y el Alcorcón está tres puntos por encima de la línea del descenso que marca el Córdoba. Por delante, recibir a Rayo Vallecano y Reus en el Estadio Municipal de Santo Domingo es la mejor noticia que puede contarse en la ciudad alfarera, puesto que la visita a Almería para enfrentarse al rival más directo posible no trae consigo ni la mínima sonrisa o mueca. El único método para salir victorioso es ganar, ya que los amarillos dependen de sí mismos, algo que puede parecer baladí, pero que más de uno pagaría muchísimo por encontrarse en dicha situación.

El caso es que, a pesar de la falta de gol más que evidente, y la desconexión que sufre el equipo en las segundas partes y que desestabiliza la telaraña, ésta parece más fuerte, sólida y resistente que nunca. Con la última visita a El Alcoraz se pudo comprobar. Ni el más optimista pensó que el Alcorcón iba a poder sacar puntos frente al Huesca. Y lo mismo ocurrió meses atrás con el Real Oviedo, Osasuna y Tenerife. A los amarillos les gustan los retos. Más aún superarlos. La afición está enchufada, cree en la salvación. Y lo más importante de todo: los jugadores también creen en ellos mismos. En definitiva: tres partidos, tres finales y una telaraña que puede resultar salvadora.

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