Balance final: se acabó la agonía, comienza el sufrimiento
Foto: Mérida AD

Si había algo que los seguidores del Mérida querían que llegase, eso era el final de temporada. Daba igual en qué categoría lo hiciesen, pero deseaban terminarla ya. Bueno, en realidad no daba igual en absoluto, pero la agonía que llevaba atravesando la afición romana desde prácticamente comienzos de año aumentaba la ansiedad por dar por finalizado el sufrimiento… al menos durante un cierto tiempo. Aunque el club ya se encuentra  pensando en la 2018/2019, antes de dar el salto definitivo a ese ambicioso proyecto debemos analizar los posibles errores que se cometieron este curso para comprender un poco todo lo que ha ocurrido y, en la medida de lo posible, evitar volver a incurrir en ellos. Es imposible destacar uno por encima del resto, pero en VAVEL intentamos hacer un resumen de los que creemos que son los principales.

Malas decisiones

Sin duda, uno de los factores más evidentes en esta fatídica temporada, no solo porque sus consecuencias han sido bastante claras, sino porque se han tomado malas decisiones en muchos aspectos diferentes que han acabado afectando en demasía.

En primer lugar, la planificación de la plantilla. Por un lado, se optó por contratar a jugadores de mayor experiencia y, por tanto, de mayor edad para no pecar de aquello que, en teoría, dejó a los romanos fuera de playoffs en la 2016/2017. Sin embargo, se ha comprobado que tan malo es un extremo como el otro, puesto que, si bien cuentan con jugadores jóvenes, la media de edad de más de 28 años les ha hecho carecer de físico suficiente para afrontar los tramos finales de multitud de partidos. Además, en verano las cosas no iban tan rodadas, costaba que llegasen fichajes, sonaban unos que nunca acababan llegando… Para que se hagan una idea de cómo empezaron el curso en Mérida: el primer fichaje de la temporada fue Toni Sánchez, defensa procedente del Toledo que nunca llegó a vestir oficialmente la armadura romana puesto que salió del club poco después “por motivos personales”… y no muy contento.

En segundo lugar, el técnico. Parece que Mehdi Nafti no fue la primera opción de los dirigentes para el banquillo emeritense. No obstante, su llegada fue acogida con ilusión por parte de los seguidores romanos. Como ya les hemos contado en multitud de ocasiones, Nafti era querido por la grada, tanto antes como después de su despido… y ahí tenemos la primera mala decisión en este aspecto. Se alejaban las partes altas de la tabla, y los resultados y las sensaciones en el terreno de juego no daban a entender que se alcanzarían fácilmente (aunque tampoco hacían pensar en este final). Por ello, en diciembre se prescindió de los servicios del franco-tunecino, un error garrafal ya que no se estaba dando continuidad al entrenador… pero tampoco a la plantilla, porque detrás de Nafti vinieron varios jugadores. El Mérida se deshizo de 8 efectivos para fichar a otros 8, una semi-reestructuración del equipo en invierno que poco éxito tuvo en su intento por lograr enderezar el camino por el que estaba discurriendo la temporada romana.

Si esto fueron malas decisiones, peor fue la elección del sustituto. Loren Morón (padre) apenas tenía experiencia como entrenador en 2ªB, y mucho menos con éxito. Esto, unido a un equipo ‘nuevo’ y a una afición que no encajó muy bien ni la salida de Nafti ni la llegada de Morón, dio lugar al bagaje con el que se marchó de Mérida: 9 puntos de 30 posibles. 

Bajo rendimiento de los jugadores

Al final, quienes pierden y ganan los partidos son los jugadores, como dijo el capitán Javi Chino al poco de confirmarse el descenso. A pesar de que, como ya hemos dicho, el descenso ha sido producto de un cúmulo de circunstancias, no por ello hay que obviar la responsabilidad de los jugadores. En líneas generales, esta no era una plantilla para descender, y ni siquiera para luchar por no hacerlo. Aunque el objetivo inicial era pelear por los puestos de ascenso, la competitividad brutal que se puso de manifiesto en los primeros compases de la temporada dio a entender que esa meta era demasiado alta para estos efectivos. Sin embargo, eso no justificaba en absoluto que no se estuviese viendo a ciertos jugadores dar el 100% de su capacidad, y menos todavía habiendo demostrado su calidad en cursos anteriores.

Paradójicamente, lo que más impotencia da es que esto no es consecuencia de una mala actitud; todo lo contrario, muchos a los que se les achaca esta carencia de calidad no se les reprocha falta de intensidad. Precisamente por esto el desencanto de la afición no ha desembocado en un enfado brutal con los que visten la camiseta cada domingo. De hecho, algunos ya se han despedido del club por diferentes motivos (Santi Villa, Chema Mato, Álex Lázaro…) y los comentarios de agradecimiento se contaban por decenas.

Poca comunión con la afición

No empezó demasiado bien la temporada en cuanto a apoyo del aficionado se refiere a pesar de haber terminado la anterior en unos puestos nada envidiables. No se consiguió sobrepasar la cifra de los 3000 abonados, lo cual hacía mirar con nostalgia aquellos tiempos de 3ª donde el Romano llenaba preferencia y tribuna con cientos de almas ilusionadas. Seguramente sea esa ilusión la que ha mermado de entonces hasta ahora, ya que no es lo mismo asistir al resurgimiento de un equipo “muerto” que lucha por grandes aspiraciones, a ver cómo esas ambiciones menguan hasta quedarse en tierra de nadie… e incluso en el descenso. El estadio de la capital extremeña vivió fuertes momentos de tensión; en algunos casos, los jugadores tuvieron que acercarse a la grada al finalizar el encuentro para pedirles perdón ya que el enfado de ésta era mayúsculo. Además, la desastrosa temporada que estaba marcándose el club emeritense no ayudaba a enganchar a más gente en invierno.

No obstante, si bien es cierto que la afición pecholata ha pecado en muchísimas ocasiones de injusta, este año hay que reconocer que han estado al lado de su equipo cuando bien merecían quedarse solos. Aunque no era extraño ver cómo algunos aficionados abandonaban el campo minutos antes del final de ciertos encuentros, también es cierto que esos mismos abonados estaban ocupando su asiento 15 días después. Esto es lo que probablemente provoque que el club romano siga sintiendo el apoyo de su ciudad en Tercera División porque en Mérida, como ya saben, hay vida.

Mala suerte

En el mundo del deporte se suele ser muy reacio a hablar de suerte, y en cierta parte es lógico. Muchos utilizan la fortuna como excusa para suavizar sus fracasos o como ataque para rebajar los éxitos de los rivales. Sin embargo, que la suerte influye es todo un hecho, tanto en el deporte como en la vida, aunque también es injusto atribuir todo resultado a este factor azaroso. Ya lo dice el refranero español: “A perro flaco, todo son pulgas”, y el Mérida estaba más escuálido que nunca.

Las sensaciones en el césped no eran las mejores, era imposible sumar de 3 en 3… y comenzaron las lesiones. Juanlu Hens, un jugador que parecía darle creatividad al centro del campo del Mérida, cayó lesionado en agosto y nunca más volvió a vestirse de corto con los romanos. Parecía que Chema Mato podría haberse hecho con los mandos de esa zona de terreno de juego, pero una fractura de peroné en el derbi en casa ante el Badajoz lo mantuvo 3 meses KO. Quedaba el gran Álex Bernal para hacer fluir el juego en el medio del verde, pero 3 semanas alejado de los terrenos de juego le cortaron el ritmo. Aguza aún seguía renqueante por su su dedo del pie, y por más que lo intentaba, no conseguía recuperarse al 100%. De las pequeñas bajas por problemas musculares es imposible mencionar alguna concreta ya que eran sufridas por algún jugador casi cada semana.

Cuando los inconvenientes físicos parecían darle un poco de tregua al equipo blanquinegro, el final de temporada se les echaba encima. Sus resultados no eran los mejores, pero es que los de los rivales tampoco acompañaban. El Mérida se dejaba puntos mientras que los contrincantes se acercaban a ellos peligrosamente. Apuraron su colchón hasta que dejaron de depender de sí mismos poco antes de finalizar la liga regular. El empate del Écija ante el Cartagena en la última jornada fue, quizás, la única pizca de fortuna que los romanos tuvieron esta temporada ya que con la victoria en Lucena se colocaron playout y no en descenso directo.

Competencia brutal

Los números que hicieron el año pasado habrían metido este año al Mérida en playoffs con un presupuesto que no se acerca en absoluto al del 4º clasificado actual, el Extremadura UD. Con los puntos del curso actual, habrían acabado decimoterceros el anterior y salvados ahora en cualquier otro grupo de la categoría de bronce. La competencia del G4 ha sido extremadamente intensa en esta 2017/2018 tanto por arriba como por abajo. 14 puntos separan el playout del playoff, siendo 20 en el G1, 34 en el G2 y 18 en el G3. Sin embargo, esa dura rivalidad no surtió efecto a la hora de enfrentarse a un contrincante perteneciente a otro de esos grupos más “débiles”; la diferencia entre ambos fue mínima, y la balanza se decantó a favor del Coruxo y en contra del Mérida.

Como ven, es muy difícil elegir sólo uno de estos puntos para explicar el porqué del descenso. Quizás se nos haya pasado reseñar alguno que otro más, pero al final todos ellos convergen los unos con los otros hasta dar lugar al mayor drama que se vive en Mérida desde que el AD existe: el descenso a Tercera División. El año que viene comprobaremos si estos puntos se repiten o si, por el contrario, tendremos que comentar otros diferentes y positivos ya que, aunque siempre se puede ir a peor, es complicado que el Mérida pueda tocar fondo más aún de lo que ya lo ha hecho esta temporada.

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