Una historia de película, o la vida de Luka Modric
Luka Modric con el Balón de Oro. Foto: Liga Santander.

Una historia de película, o la vida de Luka Modric

El futbolista croata, que recientemente se ha convertido en Balón de Oro, no ha tenido una infancia fácil. La Guerra de los Balcanes, donde su padre tuvo que combatir, marcó su niñez, pero no le impidió luchar por sus sueños y convertirse en uno de los mejores futbolistas de la historia del fútbol.

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José Manuel Padilla Ayala

1985 no iba a ser un año cualquiera. Fueron muchos los célebres que se citaron en esta fecha, entre ellos, el protagonista de esta historia. Reconocido 'Año de la juventud' según la Organización de Naciones Unidas. 'Año internacional de la Música' por la UNESCO. Mismo año en el que Estados Unidos y la Unión Soviética retomaron conversaciones sobre el desarme nuclear y espacial tras la Guerra Fría. España y Bélgica firman el tratado de adhesión a la Unión Europea. En Bélgica, Liverpool y 'Juve' se veían las caras para disputar la final de la Copa de Europa. En el Atlántico Norte se descubrían los restos del Titanic. Microsoft lanzaba al mercado la primera versión de un sistema operativo llamado Windows. Son algunos de los acontecimientos que se produjeron el mismo año que un tal Luka Modric llegaba al mundo. 

Croacia aún no era un país soberano cuando Stipe y Jasminka decidieron llamar a su pequeño Luka. Entonces aún vivían en la Antigua Yugoslavia. La Guerra de los Balcanes estallaría cuando este solo tenía seis años y no tuvo más remedio que sobrevivir en un hotel para refugiados mientras que su padre batallaba. En la cabeza de un niño no había explicación posible del porqué de los disparos. El porqué de los muertos en las calles que tuvo que ver con sus propios ojos por un conflicto bélico. En las mismas calles donde aprendió a dar sus primeros toques con una pelota. En las manzanas donde antes podía jugar seguro, sin que una bala pusiera a prueba su vida

Luka Modric de niño. Foto: Instagram (@LukaModric10)
Luka Modric de niño. Foto: Instagram (@LukaModric10)

Primeros pasos

No hay nada más inocente que un niño. Un niño que anhelaba convertirse algún día en futbolista profesional y que, por las circunstancias del momento, sus posibilidades de conseguirlo se reducían considerablemente. Su país y su gente no tenía la mente para pensar en fútbol. Sin embargo, el pequeño 'Lukita', como no podía ser de otra manera, sí. Entonces triunfaban, en el otro lado del charco, jugadores como Hierro, Sanchís, Hagi, Emilio Butragueño y Hugo Sánchez. Antes de que se iniciara la Guerra de los Balcanes, el Real Madrid tenía seis Copas de Europa y cuando acabó estaba a punto de levantar 'La Novena' en Glasgow. 

Quién le iba a decir a Luka Modric que cuando la guerra llegó a su fin y Croacia se declaró república soberana -tenía dieciséis años-, acabaría siendo entrenado por el hombre que le dio al Real Madrid la 'Orejona' en Glasgow. Qué profeta le iba a decir al croata que sería la piedra angular del mejor club de la historia. Ningún iluso se atrevería a decirle a ese adolescente que acabaría ganando cuatro Champions y un Balón de Oro. Que se iba a convertir en el primer croata en la historia del fútbol en ser reconocido como el mejor jugador del mundo. Nadie. Nadie porque entonces nadie se lo habría creído. 

Luka Modric con el Balón de Oro. Foto: France Football.
Luka Modric con el Balón de Oro. Foto: France Football.

Pero es que, aunque no lo parezca, los sueños se cumplen. Los que luchan y nunca se dan por vencidos tienen más posibilidades que los que tiran la toalla. Los que se enfrentan a las adversidades, llamémosle así a algo que se llevó por delante más de doscientas mil vidas. Y estas cosas son lo bonito de la vida y que el fútbol brinda con este tipo de testimonios. Ese niño, antes de llegar al Real Madrid, se hizo con un puesto en el Dinamo de Zagreb y años más tarde en el Tottenham. Formó una familia y reivindicó, tanto dentro como fuera del césped, unos valores de humildad, profesionalidad, honestidad y sencillez. 

Una filosofía distinta

Alejado de lo que una vida de millonario representa. Alejado de esos lujos que asiduamente muestran algunos en las redes sociales. Las excentricidades no van con él. Modric no se ha convertido en una súper estrella que poco o más bien nada tienen que ver con el fútbol. No saca a relucir su Ferrari para ir a comer con su familia en el restaurante más exclusivo de Madrid. Porque Modric sigue siendo el mismo. El mismo niño que se crió en una situación de penumbra con un ruido de fondo provocado por metralletas. Por calles desoladas. 

Ahora está a punto de cumplir treinta y cuatro años. Ha formado parte de una generación de futbolistas irrepetible cuyos nombres quedarán grabados para la historia. A nivel de clubes ha ganado todo lo que se podía ganar y ha maravillado a todo un Santiago Bernabéu. El templo del fútbol quedó rendido a sus pies -desde el día uno- y ensaña su cariño por el croata cada vez que toca la bola. La sinfonía que se produce en el cielo de Chamartín es pura delicia. Es lo que provoca un jugador distinto. 

El gol de Modric ante Argentina. Foto: FIFA.com
El gol de Modric ante Argentina. Foto: FIFA.com

Y con la selección estuvo a punto de rozar la gloria. Llevó a un país, cuya población es inferior a la de las ciudades en suma de Madrid y Barcelona, a la final de un Mundial. Todo un hito para los croatas que ya, aún habiendo perdido en el último partido, se sentían los ganadores de esta competición. La fiesta nacional a la llegada de los protagonistas fue épica. Modric fue el principal reclamo de un Mundial donde su figura brilló por encima de la del resto. El brazalete y la responsabilidad corría de su cuenta. Estas cosas sí, no las fiestas y lujurias que muchos en su posición pasan sin ningún reparo sobre sus tarjetas de crédito. 

Es cierto que la vida de Modric da para una película. Merece la pena ilustrar, aunque sea por escrito, cómo se puede alcanzar el éxito viniendo desde abajo. Viniendo de un conflicto bélico que pudo perfectamente haber borrado su nombre o el de su padre. El de Stipe Modric, que ahora ve, con lágrimas en los ojos, cómo su pequeño Luka se ha convertido en uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol. Vive para ver cómo su hijo sigue teniendo la misma humildad que cuando debutó con catorce años en el HŠK Zrinjski Mostar. Las cosas de la vida. O más bien, la vida de Luka Modric. 

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