Ángel Correa, el mejor revulsivo para Simeone
Imagen web Club Atlético de Madrid.

Ángel Correa, el mejor revulsivo para Simeone

Ángel Correa es un jugador especial, diferente, que se ha hecho un hueco en los planes de su entrenador. 

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Oscar Pino

Correa está cumpliendo su cuarta temporada como jugador del Atlético de Madrid, y a lo largo de su estancia en el equipo ha ido adquiriendo importancia en el juego, siendo más influyente, y mejorando en aspectos individuales que ayudan sin duda a lo colectivo, sin dejar de lado aquellas facultades que llamaron la atención del club y que son un factor diferenciador que le sitúa como un perfil diferente a lo que es habitual en la plantilla rojiblanca. A pesar de ser fichado durante la temporada 2014/15, no fue presentado oficialmente ni pudo debutar hasta la siguiente, ya que se le detectó una afección cardíaca de la cual tuvo que ser operado, y parar su actividad futbolística durante un periodo  de tiempo. 

Su fichaje había despertado mucho interés entre los aficionados, ya  no solo por su gran historia de superación, si no por las comparaciones que le relacionaban con uno de los grandes cracks de la época más cercana del club, Sergio "Kun" Agüero, y a pesar de no obtener unos números estratosféricos en su primera campaña, el argentino se empezó a postular como un revulsivo muy valioso y al que el Cholo iba a dar muchas oportunidades. En los minutos que disputaba dejó ver una personalidad guerrera, algo propio de los futbolistas de su país, y extrovertida, sin cortarse en ningún momento a la hora de tratar de participar en el ataque de su equipo o aportar en la defensa.

El perfil bajo el que había sido fichado, de jugador de desborde y velocidad, fue más que confirmado. Cada vez que recibía un balón el primer movimiento era un giro buscando la portería rival, algo de lo que quizás pecó en exceso durante esta temporada y la siguiente, y que poco a poco ha ido mejorando, adquiriendo una toma de decisiones más coherente y diferenciando cuando sería más eficaz buscarle las cosquillas a su defensor o combinar rápido con un compañero. En esta campaña consiguió firmar un total de 8 goles en 36 partidos, de los cuales sólo 12 los jugó como titular. En su segunda temporada aumentaron sus minutos totales, consiguió la misma cifra de goles que en la anterior y se destapó definitivamente como el "jugador número 12" del equipo. De los 47 partidos que disputó, 30 de ellos salió desde el banquillo. 

Su electricidad, su entrega y su empuje cambian completamente el ritmo de los partidos.

Las cifras no responden a todo lo que aportó Correa en sus dos primeras campañas. A pesar de, como ya ha sido mencionado, los problemas que tenía a veces en la toma de decisiones, e incluso algo de individualismo, que bien podrían ser debidos a su juventud y poca experiencia, el jugador argentino era un soplo de aire fresco para su equipo.

Su versatilidad le permite ocupar cualquier puesto del ataque, puede actuar como delantero, aunque no sea de '9' puro pero si acompañado de otro, como enganche o caído a cualquiera de las dos bandas, lo que facilita el introducirle en el campo en cualquiera de estas posiciones. Su electricidad, su entrega y su empuje cambian completamente el ritmo de los partidos. Es un desatascador nato. No lo hace desde la medular, repartiendo juego a sus compañeros, si no que lo hace  a través del desborde y el desequilibrio, tiene las características necesarias para romper una defensa cerrada o para aprovecharse de los espacios que pueda dejar un rival más adelantado. Cuando salta al verde, los mecanismos internos del Atlético se aceleran y todo empieza a suceder más rápido. Esto hace que Ángel sea un jugador más especial en los intangibles, en aquello que no tiene una fórmula para medirse, que en las estadísticas. 

La pasada temporada supuso un gran cambio para el jugador. Siguió en la dinámica de la que venía, aumentando el número de minutos jugados, esta vez aún en mayor medida, pero su figura como recambió de lujo y revolucionario de los últimos compases del juego quedó a un lado. Correa se hizo un hueco como titular en el equipo. El Cholo decidió concederle un mayor grado de importancia en su sistema, empujado también por la situación adversa que había vivido el equipo, cuyos fichajes de verano no podían debutar hasta enero por una sanción, como fue el caso de Vitolo y Diego Costa. Pero la sensación es que el ex de San Lorenzo no respondió como se esperaba a esta oportunidad.

Esto no quiere decir que Correa no aporte al juego del equipo o no esté facultado para arrancar los partidos desde el inicio, pero, por lo que se vio en esta última campaña y en la actual, en la que también está gozando de un buen número de titularidades, la esencia de este jugador, su rol ideal, es el que ejercía con anterioridad. No solo los número lo evidencian, el gran salto en cantidad de minutos no se corresponde a la aportación goleadora, 9 dianas en el anterior curso y 4 en lo que va de éste, si no que esos intangibles de los que antes hablábamos, esa capacidad de subir las revoluciones de su equipo, de dotarle de la energía necesaria para el esfuerzo de los últimos minutos, se pierde. Y además, sus aportaciones son mucho menos vistosas si parte como titular. 

Correa es un tipo diferente al perfil base de los jugadores que pugnan por un puesto con él en el Atlético de Madrid. Los Vitolo, Griezmann, o Lemar son jugadores con mayor capacidad asociativa, que aún pudiendo desbordar, generan un mayor peligro si pueden combinar con un compañero.

El argentino también puede hacerlo, pero en muchas ocasiones su mayor arma para poner en apuros la zaga rival es la acción individual, el giro rápido cuando recibe la pelota para dejar atrás a un defensor e inmediatamente encarar al siguiente. Cuando arranca con el balón desde la banda derecha, posición en la que más está actuando en los dos últimos años, te abre un gran abanico de opciones en el ataque.

En primer lugar supone atraer la atención de la defensa, sabedores de que si Ángel consigue romper a su par pueden verse en un problema, lo que libera espacios para los demás compañeros. Esto es debido a la calidad individual que hay en sus botas, algo que sucede también con otros atacantes y a lo que el equipo en ocasiones no saca partido. Puede buscar la línea de fondo para sacar un centro, no siempre trata de meterse hacia dentro con vistas a rematar a puerta, por ello no suele jugar a pierna cambiada, pero también puede hacerlo, y en dicho caso ya ha anotado algún gol de esta forma. Recibiendo en una posición más centrada tampoco le asusta ser vertical y pisar el área, y además muestra confianza en su disparo, es uno de los puntas atléticos que más remata a portería.

Correa merece ser titular, pero es más eficaz si parte desde el banquillo

Estas facultades del jugador y lo que se ve cada vez que el Atlético disputa un partido sugiere que es más productivo cuando entra al campo en la segunda parte, en un ambiente en el que los jugadores estén más cansados y el ritmo sea más pesado, para romper con esto y acelerarlo todo, pero ni el rendimiento de sus compañeros ni el suyo propio conceden razones suficientes para que no salga desde el inicio. Podríamos decir que Correa merece ser titular, pero es más eficaz si parte desde el banquillo.

Si hay algo seguro es que tiene 23 años, es joven y aún le sobra tiempo para progresar, coger galones, comprender mejor el juego y aumentar así sus prestaciones. Su entrenador siempre ha defendido que es un gran trabajador y profesional, algo que demuestra dejándose la piel cada vez que se enfunda la rojiblanca, sin importar cuantos sean los minutos que tenga que disputar. Sigue siendo un proyecto de futuro, y cada vez más de presente, que si no se trunca puede dar muchas alegrías al Atlético de Madrid. Que haya calma en el Metropolitano, que aún quedan muchas noches para seguir disfrutando de Correa. 

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