La contracrónica: dinamita blanquiazul
Foto: www.laliga.es

La contracrónica: dinamita blanquiazul

El equipo malaguista queda reforzado psicológicamente con las virtudes ofrecidas ante el Real Oviedo.

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Jorge Gómez

Eran más de cien días sin ganar en su feudo. Un partido que sí era una finalísima, puesto que una derrota suponía ser superado incluso por los ovetenses en la clasificación. En los partidos importantes de esta segunda vuelta, el equipo no había respondido en casa con victorias: ante Osasuna, Deportivo, Mallorca o Sporting habían fallado. En esta jornada, las estrellas, y nunca mejor dicho, se alinearon: una mezcla de posicionamiento, esfuerzo, compromiso y, cómo no, calidad. Si a todo esto se le añade al jugador número doce (que no poblaron en la totalidad la grada, pero se hicieron notar), resultó ser un partido apoteósico por lo mostrado ante las adversidades.

Definitivamente, el equipo con Víctor Sánchez es otro respecto a Muñiz; la mentalidad y las instrucciones que recibe el equipo malaguista cuando comienza el partido es de salir a ganar, independientemente si juega en casa o a domicilio. Incluso con una situación tan complicada como quedarse con un jugador menos durante más de sesenta minutos, el equipo salía demasiado al ataque; algunos aficionados eran partícipes de que el equipo incluso frenase el ímpetu, pero cuando un equipo se ve con esa fortaleza mental, es complicado pararle.

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Salvo los primeros minutos donde el Real Oviedo salió presionando en zona ofensiva, el marbellí Ontiveros se encargó de capitanear el barco y ofrecer un repertorio de detalles para que el equipo visitante se viera superado: velocidad, regate, calidad, pegada... el penalti provocado fue el comienzo y la jugada "maradoniana", finalizada con un espectacular golpeo del balón, fue la estocada. Ontiveros ha llegado para quedarse, y en el minuto setenta tuvo que ser sustituido por Iván Alejo tras acabar extenuado sobre el terreno de juego, con una ovación cerrada por parte de la afición de las que hace épocas. Incluso, a los pocos minutos de ser sustituido, tuvo que dirigirse al túnel de vestuario tras encontrarse muy tocado físicamente por el cansancio.

Además de Ontiveros, la tripulación formada por Cifu, Renato Santos, Juankar, Adrián, Luis Hernández, N'Diaye o Leschuk, hicieron deleitar a los presentes en el estadio con un despliegue de juego no visto desde hace meses... sería injusto esta vez destacar a uno solo de ellos. La concentración fue total, y la expulsión de Keidi Bare fue motivacional para todos, para creerse que ante las adversidades podrían mantener su forma de juego y el marcador a favor. Esto fue tal y como ocurrió. En la segunda parte, el equipo que parecía que jugaba con once eran los malaguistas, y fruto de ello llegó el gol de Cifu al estilo "delantero centro", en la que en el uno contra uno picó el balón por encima del meta visitante para hacer el 3-0.

¿Parón perjudicial?

El equipo malaguista afronta la siguiente jornada con la victoria asegurada al tratarse del partido ante el Reus, con lo que va a enganchar dos victorias consecutivas. Se duda si este parón puede ser perjudicial para el equipo, dado que son más de diez días sin jugar un partido oficial que puede implicar pérdida de ritmo.

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Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Para el equipo es muy positivo este parón para poder trabajar Víctor Sánchez con los jugadores la forma de juego del equipo, corregir errores y aprovechar virtudes. Además, los jugadores que se encuentren de baja por problemas físicos (Ricca ó Pacheco), poder recuperarse y coger tono físico para la competición. No obstante, el equipo está negociando que se dispute este viernes un partido para no perder ritmo.

Este partido ha sido únicamente tres puntos lo que había en juego, pero la mentalidad ganadora con la que afrontó el equipo el encuentro incluso con un jugador menos, dejar su portería a cero por primera vez desde que Víctor ocupa el banquillo y la comunión con la afición, son razones más que suficientes para poder creer en el equipo y sus opciones, en primer lugar, de acceder a la promoción y finalmente conseguir el ascenso. De momento, pasito a pasito.

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