Carles Aleñá
y Riqui Puig, el antídoto contra el olvido
Carles Aleñá y Riqui Puig el curso anterior con el Barça B. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

‘El pasado está escrito en la memoria y el futuro está presente en el deseo’, afirmaba Carlos Fuentes. En el fútbol, como en la vida, tantas veces vivimos aferrados en tiempos añejos que olvidamos las delicias del presente que nos envuelve. Adheridos al alma, todavía late con furia el recuerdo de una dupla legendaria horneada en las entrañas de La Masía. Xavi Hernández y Andrés Iniesta, registrando un fútbol para la historia, lograron convertirse en la mejor pareja de centrocampistas en la era moderna del deporte rey. Y esta vestía de azulgrana. Desde la medular, dirigiendo con clase la partitura, las notas más solemnes invadieron cada pieza interpretada bajo sus acordes sobre el tapiz. Irrepetibles, y difícilmente inimitables, su recuerdo aflora incapaz de olvidar más de una década de cátedra futbolística al son de sus botas.

Diferentes, pero con clase. Salvaguardando las distancias, Carles Aleñá y Riqui Puig aspiran a convertirse en las piezas perfectas del puzle que encaje en el engranaje de la medular. Relegando cualquier tipo de comparación odiosa, las raíces de su fútbol permiten al barcelonismo soñar con la versión 2.0 del mítico mediocentro que dibujaba las líneas de una obra ancestral. Jugadores de presente, y también de futuro, el Barça apuesta en ambos canteranos la difícil tarea de portar la brújula que guíe las directrices del juego azulgrana. Xavi e Iniesta, ensayo glorioso del pasado, dejan paso a la nueva creencia que sobrevuela en las inmediaciones de ‘Can Barça’. Carles y Riqui, Riqui y Carles. Dos valores asentados en La Masía que llaman con brío a la puerta del Camp Nou.

Aleñá y Riqui ante el Atlético Baleares la temporada anterior. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Aleñá, un paso por delante

Esculpido con los mismos patrones que moldearon grandes leyendas del barcelonismo como Xavi e Iniesta, Carles Aleñá conseguía emerger del lienzo con un paso más: verticalidad desde el mediocampo y llegada desde la frontal. Interior, con una zurda prodigiosa, un amplio abanico de soluciones vislumbren en su repertorio de jugadas. Haciendo fácil lo más complejo, el fino regate ante el rival, el disparo colocado con la portería en la diana o su facilidad para romper las líneas con un pase se convierten en la variedad de recursos que afloran en su decálogo de manual.

Carles Aleñá acampa con su zurda para convertirse sin tapujos en el cerebro del plantel siempre con el gol en el punto de mira

Acostumbrado a jugar en el perfil derecho aprovechando la salida natural a pierna cambiada, Carles también explota sus cualidades como extremo, rindiendo desde la banda con su holgado recorrido con el cuero pegado a sus pies. Vestido con un gran olfato goleador, tanto en posiciones de ataque como ajustando las reglas de la medular el canterano es capaz de perforar con facilidad la portería rival. Inmaculado en los giros y recibiendo a la espalda, su 1,80cm de altura le permite acrecentarse frente al adversario, siendo además el primer peón que asfixia al enemigo con la presión tras pérdida del balón.

Aleñá en el Miniestadi. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Hilo conductor en los metros finales, Carles debutaba con el primer equipo el 30 de noviembre de 2016 con sólo 18 años por la puerta grande. Con la Copa del Rey como testigo, el de Mataró se estrenaba con un gol de prestigio contra el Hércules CF para neutralizar el tanto inicial de los alicantinos. De la mano de Luis Enrique, Carles daba el primer paso al frente en un camino con muchas cruces que sortear. Cargado de vigor, y tras arrinconar la importuna lesión que le obligaba a aparcar sus sueños con el primer equipo al inicio de temporada, el joven canterano lograba ascender al vestuario comandado por Ernesto Valverde en los últimos compases del año. Ante la afición que le había visto capitanear el navío del filial, Carles se despedía de su último encuentro con el Barça B frente a la UE Cornellà el 17 de noviembre de 2018, listo para enfundarse las vestiduras del primer escuadrón.

Carles suma 34 partidos con el primer equipo y tres goles desde su debut

En su haber 1079 minutos y dos goles cerraban su participación en su primera campaña con dorsal del primer equipo. Colosal, y presentando sus credenciales, Carles Aleñá luchará por adentrarse en los esquemas del ‘Txingurri’ y sumar en las oportunidades que atisben en el horizonte. Sin embargo, el premio a la constancia llegaba con la convocatoria para la selección Sub21 de Luis de la Fuente el pasado viernes. Tras caerse de la lista definitiva para el Europeo de Italia y San Marino, el seleccionador volvía a incluir de nuevo al azulgrana en la convocatoria para los encuentros frente a Kazajistán y Montenegro. Una recompensa para un talento forjado en La Masia con una calidad incontestable para forcejear sin complejos por un puesto en el disputado centro del tapiz.

Un ‘loco bajito’

Riqui Puig es ese tipo de jugador dónde el mundo descubre la certeza de que las grandes esencias vienen en frascos pequeños. A sus 20 años, 1,59cm y apenas 59kg nutren la naturaleza del joven de Matadepera. Capitaneando una visión de juego exquisita, su contrastada técnica y ese flirteo constante con el esférico le convierten en esa promesa capaz de volver a permitir a la parroquia ‘culé’ creer en la recuperación de una distinción desdeñada en el tiempo. Huérfanos de un estilo que catapultaba al FC Barcelona al Olimpo de los Dioses, el afamado ‘tiki-taka’ recupera en Riqui Puig todo su sentido.

Esencia pura de ADN Barça, la armonía perfecta en cada balón y la velocidad endiablada para trazar cada jugada en su cerebro le convierten en la pieza sofisticada necesaria para engrasar la manija del mediocampo. ‘El músculo más importante para jugar al fútbol es el cerebro’, rezaba el gran Johan Cruyff, y poco se equivocaba. Aprendiz de una escuela de auténticos ‘peloteros’ en la medular, Riqui se ha convertido en la última promesa en desempolvar las esperanzas de la hinchada del Camp Nou.

El de Matadepera disputaba un total de tres encuentros con el primer equipo la pasada campaña

Tocado con la varita de los Dioses, Riqui Puig desataba la locura del coliseo azulgrana con su debut oficial con el primer equipo. Con el telón de la Copa del Rey como fondo, el 12 de mayo de 2018 quedaba guardado en la retina del azulgrana tras su estreno ante la Cultural Leonesa. Demostrando destellos de una calidad constante y un descaro impropio de un debutante, Riqui lograba incrustarse en el bolsillo el cariño de la afición tras su asistencia milimétrica a los pies de Denis Suárez. Atrevimiento y galones de líder en cada jugada le convierten en el ‘jugón’ de La Masía que mira con recelo los cimientos del Camp Nou.

Pese a que el filial será su lugar esta temporada, el canterano azulgrana aspira a transcribir los pasos de Carles Aleñá rumbo al primer equipo. Sin prisa por aterrizar en el vestuario de Ernesto Valverde, la revelación de Riqui es un hecho. Su espina, sin embargo, aguarda con el combinado nacional. Sin convocatorias oficiales en las categorías inferiores de la selección española, el centrocampista catalán intentará modificar el transcurso de la historia con una buena temporada que le permita foguearse con la ‘rojita’.

Riqui Puig todavía no conoce el sabor de estrenarse con las categorías inferiores de la selección nacional

Dos caminos y un destino

Travesías distintas que anudan con un objetivo común. Bajo el amparo de La Masía, Carles Aleñá y Riqui Puig tratarán de convertirse en el revulsivo perfecto que permita volver a soñar en el centro del tapiz. Fieles e incondicionales, su conexión quedaba patente la temporada pasada con el Barça B de García Pimienta. Conscientes del reto que atisba en la cantera, ambos pugnan con fuerza por liderar la rebelión que les permita asentarse en el vestuario del Camp Nou.

Carles y Riqui la campaña anterior con el filial. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Oteando en el horizonte con Sergi Roberto como último canterano en instaurarse en el plantel, Carles Aleñá y Riqui Puig intentarán batallar con uñas y dientes por su pertinente lugar. El de Mataró, con 21 años, se encamina un paso por delante de Riqui, con un año menos y todavía como parte indispensable en el filial. Dos talentos curtidos en La Masía que revolotean con furia para alegría de la hinchada 'culé'. La cantera azulgrana vuelve a impactar con furia para júbilo del barcelonismo. Dos trayectorias distintas, dos estilos desiguales con un denominador común llamados a verter en el mismo lugar. Los focos del Camp Nou ya persiguen sus estelas. Que comience la función.

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