El análisis: sin Messi no hay paraíso
 El Barça fue diferente con y sin el argentino. FOTO: Noelia Déniz

El FC Barcelona de Ernesto Valverde se encuentra inmerso en un estado de bipolaridad cuyo final resulta más que imprevisible. Si en su hábitat natural, en el epicentro futbolístico de la ciudad condal, consigue respirar y acomodarse en la victoria, la situación cambia por completo cuando se trata de emprender una salida. La versión ofrecida sobre el verde del Camp Nou, - alejada de las expectativas generadas en la planificación de la plantilla- resulta completamente antagónica a la vista  en Granada, Bilbao y Pamplona, haciendo de este arranque azulgrana el peor de los últimos años.

El Barça ha mostrado versiones muy diferentes como local y como visitante en este inicio de campaña

En la vuelta del ya reconocido como mejor jugador del año pasado de Milán, un Leo Messi que regresaba a la titularidad y a su coliseo, la serie volvió a cumplirse y deparó el tercer triunfo culé en seis jornadas, el tercero logrado como local. No solo sufre el elenco de Valverde de una incomprensible bipolaridad según el estadio donde juega, sino que también se encuentra inmerso en una preocupante falta de identidad que se viene exigiendo desde que el txingurri aterrizara en Can Barça. Prueba de ello son las alternanzas que ha eximido el técnico culé en el centro del campo en este tambaleante inicio de curso. Una medular formada por Sergio Busquets, Arthur y Sergi Roberto precedía al estreno por la Diada de la Mercè del tridente ofensivo que confabulan Messi, Griezmann y Luis Suárez. La fiabilidad de un Barça mejorado en actitud y recursos, se puso en duda cuando su estrella, el "The Best", ponía en duda también su estado físico en el ecuador de la primera mitad, resintiéndose de los dolores musculares que le han impedido iniciar en condiciones la temporada.

El Barça, al ritmo de Messi

Desde el comienzo impuso el capitán azulgrana su seña de identidad, en sintonía con una mejora notable de los suyos respecto a lo ofrecido en la alarmante derrota de Granada, con una asistencia que significaba el primer y tempranero gol de la noche, convertido por Antoine Griezmann. En una jugada atípica que el Camp Nou daba casi por olvidada, un saque de esquina que golpeaba de cabeza el punta francés, se comenzaba a fraguar la conexión francoargentina en el minuto 5 de partido. El ex del Atlético de Madrid se incrustó sin problemas en el mecanismo del tridente, que ante el Villarreal echó de menos a su tercer integrante, un Luis Suárez desubicado como "9" que se limitó a apoyar las labores ofensivas que en el primer tramo forjaban Leo y Antoine. El Barça se mostró en sintonía con el regreso de su capitán, que antes de que se le acabaran las pilas, ejerció de director de orquestra imprimiendo el ritmo ofensivo de los suyos. Tras el primero, llegaba el segundo tanto azulgrana en un abrir de ojos, y todo parecía indicar que la fiesta patronal se viviría también en el Camp Nou. Un completo Arthur Melo sorprendía desde fuera del área con un trallazo que ampliaba las distancias en el marcador, antes del primer cuarto de hora de choque. El brasileño, que equilibró el centro del campo ante la ausencia de Frenkie de Jong, propició el control que su equipo había echado en falta en los últimos encuentros.

Messi llevó las riendas del equipo en el primer tiempo antes de caer lesionado, Griezmann lo acompañó con gol y Luis Suárez no apareció

A la media hora de juego, sin embargo, cambió por completo los ánimos en el coliseo blaugrana, que notó como si se hubiera parado el mundo. En especial, cambió el rostro de Ernesto Valverde al ver como Leo Messi se resentía de sus molestias en su pierna izquierda. Hasta el descanso, toda la atención estuvo puesta en el argentino, y en sus idas y venidas a la banda en busca del masaje que le hiciera volverse a sentir para jugar. Tanto preocupó el argentino que el trallazo de Santi Cazorla, que hacía despertar a un replegado Villarreal antes del descanso, no revolvió en absoluto al Camp Nou. 

Sin Messi no hay paraiso

No apareció el "The Best" en el reinicio del encuentro, que esperó al descanso para claudicar definitivamente. Con Messi, se deshincharon los suyos, y ese esplendor, esa fluidez en el juego lograda en parte del primer tiempo, se difuminó con su ausencia. Entró en su lugar Ousmane Dembelé, que parecía llegar con ansias al césped del Camp Nou. Corrió todo lo que pudo y más en cuanto ingresó al terreno de juego, dotando al Barça de una velocidad descomunal por la banda derecha y haciendo olvidar la soberanía de su capitán. Pero no. Poco duró el ímpetu del francés, que volvía a ver como el campo se le hacía grande. 

El Barça acusó la ausencia de Messi y volvió a ofrecer una imagen muy mejorable en cuanto a juego 

Entre tanto, el elenco culé parecía haber perdido esa identidad forjada por Messi. Un control estático y estéril, pero sobretodo la pérdida total de la presión que sí se había visto en el primer tiempo, sembraron el pánico en las camisetas azulgranas. Errático atrás, el Barça agradeció el poco empeño que ponía el Villarreal en ganar la espalda de Piqué y Lenglet, vendidos por completo en el segundo tiempo. Para remediar la laguna futbolística por la que pasaban los suyos, Ernesto Valverde optó por dar entrada a Frenkie De Jong, y acertó. El holandés impuso su sello en el centro del campo junto a Arthur y a Busquets, generando el dinamismo perdido. Sin embargo, la desconexión estaba ahora arriba. Luis Suárez y Griezmann echaban de menos a Messi, y a pesar de que Dembelé lo intentase, no bastaba con los centros del francés para entrar en el partido.

La entrada de Frenkie de Jong, y sobretodo de Ansu Fati devolvieron al Barça la energía y el ritmo del primer tiempo

Volvió entonces Valverde a tirar la casa por la ventana. Nunca mejor dicho. Errático, Luis Suárez se despedía de una de sus peores noches para dejar su sitio a Ansu Fati, que una vez más revolucionaría el partido. Le sobró el desparpajo que le faltaba al Barça, y en apenas cinco minutos revolvió por completo la banda izquierda junto a Firpo. Una vez más, el juvenil devolvió en el tramo final del choque las esperanzas a un Camp Nou ansioso de volver a ver la mejor versión de su equipo.

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