El análisis: chaparrón antes del clásico
Griezmann no pudo liderar al Barça hacia la victoria a pesar de su tanto. FOTO: Noelia Déniz

La enemistad del FC Barcelona con Anoeta no es algo nuevo. Pero tampoco lo es la incerteza generada por el conjunto de Ernesto Valverde esta temporada cuando juega fuera de casa. Ambos factores, condimentados por la polémica arbitral, impidieron al elenco blaugrana acostarse como líder, así lo dice la lógica, antes de recibir al Real Madrid el próximo miércoles en el Camp Nou. Por mucho que la directiva pueda empeñarse en cambiar las cosas en los despachos, el dos a dos firmado en el acta del choque ante la Real Sociedad refleja la incertidumbre que genera el combinado culé en sus desplazamientos, y pone en ciertas dudas el favoritismo de los de Valverde de cara al inminente clásico.

A contracorriente ante una gran Real Sociedad

Salió con todo el "txingurri" en su intentona de desafiar a un Imanol Alguacil que ha tirado de hemeroteca para desestabilizar al Barcelona, como ya hicieron algunos de sus predecesores. Y es que el guión fue el vivido desde que con Pep Guardiola, el Barça ha encontrado en San Sebastián un rival hostil en lo que a fútbol se refiere. Una vez más, el ímpetu colectivo de la Real Sociedad resaltó por encima del talento individual de hombres como Griezmann, Messi o Suárez, que formando una vez más la nómina atacante azulgrana, no se combinaron como en otras grandes citas. No defraudó el equipo donostiarra ante su público, que parece haber cogido el gusto a vérselas con el Barcelona. Dominó la posesión, arrebatándole a su rival el porcentaje numérico, y lo hizo de esa manera agradable y vistosa que tantos elogios ha levantado en los últimos años. No lo hizo, sin embargo, ante un mal Barça, que dio en su deber de reaccionar al madrugador tanto local su mejor versión competitiva. 

Un penalti de Sergio Busquets, que aprovechó Oyarzabal para adelantar a su equipo a los diez minutos del partido, fue la antesala de un partido vibrante en cuanto a ritmo de juego. El jarro de agua fría obligó al Barça a recomponerse y a intentar llevar la iniciativa del choque. Pero pesó el horario, el del café, y tardó el conjunto culé en entrar en el partido. No lo hizo el exmadridista Odegaard, por el que pasaron las opciones ofensivas de la Real. El noruego, a diferencia de sus rivales, salió despierto al campo y trazó la propuesta ofensiva blanquiazul que nada tenía que envidiar a la azulgrana. Cogiendo las riendas de su equipo junto a Oyarzabal, Odegaard desnudó a un Barça que mostró carencias vistas a lo largo del curso, y que tan sólo pudo tapar un gran Gerard Piqué en labores defensivas. El central tomó el protagonismo en el primer tramo del choque, ante la soledad que vivían Leo Messi, Luis Suárez y Griezmann en campo rival. El tridente, que no logró conectar en todo el partido, dejaba tímidos avisos de su presencia en el Reale Arena ante el monólogo realista. 

Con este guión, el Barça decidió pasar al plan B, al de desafiar a un conjunto valiente y alegre a través del contraataque. De ahí, sin elaborar apenas el juego, surgió el empate de las botas de Griezmann, que en su vuelta a casa igualaba la partida. El francés terminaba un contraataque de libro superando con una sutil vaselina a Remiro. Zanjaba con mejor resultado que sensaciones la primera mitad el conjunto de Ernesto Valverde, adaptándose como podía al imperante control de la Real Sociedad.

Empate a la contra y con polémica

Le funcionó al Barça la misma sinfonía tras el descanso. Esperó ante el dominio donostiarra, y en la segunda jugada llegó el tanto de la remontada. Esta vez, finalizada por Luis Suárez una jugada liderada por Leo Messi. Tan sólo le bastaron tres toques al Barcelona para llegar al área rival y culminar el uno a dos. Sin embargo, el apetito futbolístico de la Real Sociedad no podía quedarse en nada, y pronto obtuvo su recompensa por partida doble. Primero, con el gol del empate, obra de Isak tras un error fortuito de Marc André Ter Stegen. Y luego, con la jugada polémica que marcaría el devenir del partido de una manera u otra. Esta vez, era Gerard Piqué, quien lejos de su área clamaba un penalti discordioso, que terminaría sembrando el debate. Debates a parte, la imagen culé en los prolegómenos del esperado clásico en el Camp Nou dejó alguna que otra duda en cuanto a la clarividencia en el juego. Bien es cierto que San Sebastián supone siempre una ciudad peligrosa para las visitas del club catalán, que una vez más volvió a sucumbir a manos de la Real.

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