Milán, la espina de Simeone
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Cuatro años después, la parroquia rojiblanca aún recuerda Milán. Y por si alguno había conseguido cicatrizar heridas, ahí apareció recientemente el bueno de Mark Clattemburg para reconocer que se equivocó al dar validez al gol de Sergio Ramos y, acto seguido, dar a entender que “compensó” a los rojiblancos señalando el penalti que marró Griezmann. Realmente, tuvo muchos más errores el trencilla británico, la mayoría perjudicando los intereses colchoneros, pero sin duda, el más flagrante fue el gol blanco.

Simeone

El técnico argentino nunca se distanció de su mantra favorito, “partido a partido”, pero tras la final reconoció que su objetivo esa temporada había sido lograr la “Orejona”, motivo por el cual calificó esa temporada como fracaso, al entender que “fracaso es cuando no se consigue el objetivo”. Tal fue el mazazo recibido que incluso se planteó abandonar la nave rojiblanca, algo que finalmente replanteó para continuar siendo el “jefe indio”.

Nada más lejos de la realidad si miramos los números. En LaLiga quedó tercero tras Barcelona, campeón con 91 puntos, y Real Madrid con 90, apenas 3 puntos por debajo del campeón, calcando los números que dos años atrás le hicieron campeonar en el campeonato liguero. 28 victorias, 4 empates y 6 derrotas tuvieron la culpa de los 88 puntos que acumularon los del Cholo, obligando a culés y madridistas a hacer una temporada casi impoluta. Baste decir que con esos 88 puntos, el Atlético hubiese impuesto una absoluta tiranía en LaLiga desde que las victorias valen 3 puntos, es decir, desde la temporada 1995/96 (que logró el Atlético de Madrid), cediendo únicamente la temporada 1996/97 en favor del Real Madrid que alcanzó 92 puntos puesto que desde la temporada 1997/98 hasta la 2008/09, esos 88 puntos le hubiesen dado el título liguero, para entender que la temporada, lejos de ser un fracaso, fue excelente.

El camino a Milán

En Champions, el recorrido fue distinto. Si bien en 2014 el Atlético de Madrid llegó a Lisboa haciendo un recorrido impecable cediendo apenas 3 empates (ante el Zenit con la fase de grupos encarrilada, ante Barcelona en Camp Nou y ante Chelsea en el Vicente Calderón), el camino a Milán fue mucho más complicado, cediendo una derrota en casa ante el Benfica y un empate ante el Astaná que complicaron la clasificación a Octavos. La victoria ante el Galatasaray dejó lista la clasificación dejando la última jornada ante el Benfica para definir quién pasaba como primero y como segundo. Ganó el Atlético 1 – 2 (devolviendo el resultado de la ida) y clasificó como primero de grupo.

En octavos, esperaba el PSV, un rival que no ha ganado nunca en competición oficial al Atlético de Madrid pero que tanto en el Philips Stadion como en el Vicente Calderón se atragantó al cuadro colchonero, debiendo dilucidar quién pasaba a cuartos desde el punto de penaltis, tras sendos 0 – 0. Fue la primera noche gloriosa de Oblak. Y la primera vez que Juanfran tiraba (y anotaba el definitivo 8 – 7) un penalti. El árbitro del encuentro, Mark Clattemburg…

De nuevo, el Barça...

En cuartos de final, se repitió eliminatoria de 2014, Barcelona – Atlético de Madrid. Tenía Messi sed de venganza contra los colchoneros pues si bien en LaLiga les tiene tomada la medida, en Champions cayeron derrotados en la mencionada eliminatoria. Tocaba ajustar cuentas. Pero había alguien más con metro, dedal y tiza a mano. Fernando Torres marcó el 0 – 1, dejando noqueado el Camp Nou, aunque diez minutos después fue expulsado. Inferioridad numérica para toda la segunda parte que aprovechó Luis Suárez para anotar un doblete y dejar el 2 – 1 en el luminoso.

Resultado que no sirvió de mucho al cuadro blaugrana, pues con un Vicente Calderón lleno hasta la bandera, Griezmann consiguió un doblete que neutralizaba la ventaja visitante y pasaportaba a los rojiblancos nuevamente a semifinales. Era la victoria número 50 del Atlético de Madrid en Champions.

La sombra de Schwarzenbeck

En semifinales, un ogro, el Bayern de Munich. Nueva similitud con el recorrido de 2014. en semifinales estaban Atlético de Madrid, Real Madrid, Bayern de Munich y un equipo inglés (Chelsea en 2014, Manchester City en 2016). En esta ocasión, tocaba la maquinaria alemana para desterrar el fantasma de Schwarzenbeck y para hacerle ver a Rummenigge que todo equipo merece un respeto (el alemán declaró: “Hay que discutir en la UEFA que pase alguien entre el Atlético o el PSV y que se quede fuera la Juventus").

La ida, en el Vicente Calderón. El ambiente, el de las grandes noches. La ilusión colchonera contra la precisión alemana. Saúl, que ya era uno de los fijos para Simeone, recibe en la medular, busca a quién enviar el esférico pero al no ver claro soltarla, comienza a avanzar a portería. Sortea a Thiago,  Xabi Alonso y Bernat y desde el vértice del área conecta un disparo ajustado que entra en la portería de Neuer. Golazo. Al Allianz con ventaja. Rummenigge, callado. Mark Clattemburg, de nuevo espectador de lujo.

En la vuelta, el Bayern de Munich quiso vengar la afrenta al presidente de su junta directiva y sometió al Atlético de Madrid de una manera casi abusiva, por tierra, mar y aire. Fue lo más parecido a una película de Rocky Balboa en la que el Bayern parecía una fusión de Apollo Creed, Iván Drago y Tommy Gun. Pero el equipo del coraje y corazón, resistió. Los goles de Xabi Alonso y Lewandowski no terminaron de tumbar al “Rocky” rojiblanco y un gol de Antoine Griezmann liquidó al campeón alemán y metió al cuadro colchonero en la final de Milán, de nuevo ante el Real Madrid, como dos años atrás.

La gran final

El 28 de mayo de 2016 se disputó la final de la Champions en Milán. La única ciudad con dos campeones de Europa tenía la posibilidad de acoger a la segunda, Madrid, si el Atlético se hacía con la “Orejona”. Durante varios días, la ciudad de la moda podía confundirse perfectamente con la capital de España, con las calles atestadas de gente ataviadas con las camisetas, bufandas y/o banderas de Atlético de Madrid y Real Madrid. A pesar de ser dos aficiones eternamente rivalizadas, dieron un ejemplo de saber estar y no causaron incidentes de gran relevancia, salvo casos aislados de riñas sofocadas antes de llegar a más. En general, las dos aficiones dieron ejemplo de ‘fair play’.

Y en el campo, un estadio mítico como San Siro, unas gradas repletas de ilusión y colorido eran testigos de la segunda final entre dos equipos de una misma ciudad en apenas 3 años. Si el recorrido de 2016 fue similar al de 2014, el desarrollo del partido fue totalmente opuesto a Lisboa. En Lisboa, hubo cierta igualdad hasta el gol de Godín, momento en el que el Real Madrid comenzó a volcar el campo hasta la portería defendida entonces por Courtois, hasta que logró el empate en el minuto 93. Luego, en la prórroga, con el Atlético hundido, el Madrid pasó por encima para lograr la Décima.

En Milán, el Atlético comenzó mal, impreciso, nervioso. Y regaló la primera media hora de partido en la que el Real Madrid pudo adelantarse en el marcador con ese gol de Sergio Ramos al que hacía referencia Mark Clattemburg.

Pero pasada esa media hora, el Atlético se estiró y comenzó a acercarse a la portería de Keylor Navas. Y llegó la segunda jugada polémica del partido. Balón que Griezmann pone al corazón del área pero intercepta Sergio Ramos con las manos dentro del área. Clattemburg no vio nada punible. Tuvo Griezmann un par de intentos antes de acabar el primer tiempo pero con la ventaja blanca se llegó al descanso.

La segunda parte comenzó con un movimiento de Simeone. Carrasco por Augusto. Había que ir a por el partido y el Cholo aceptó el desafío. Al minuto de la reanudación, penalti claro de Pepe a Torres. Oportunidad de empatar. Pero Griezmann lanzó el balón al larguero. No obstante, sirvió para que el Atlético despertase y volcase el campo hacia la portería de Keylor Navas. Carvajal, lesionado, tuvo que dejar su sitio a Danilo. El Atlético siguió acosando al Madrid. Un derechazo de Koke, una volea de Saúl, Carrasco volviendo loca a la defensa del Madrid… El Atlético tenía el partido donde quería, salvo por la desventaja del gol y el Madrid aguardaba una contra con la que rematar el partido. Pudo lograrlo en un mano a mano de Benzema que Oblak sacó con su cuerpo y luego con una doble ocasión de Cristiano y Bale que sacó Oblak como pudo. Y en la jugada siguiente, internada de Juanfran por la derecha, pone el centro y aparece Carrasco para fusilar. 1 – 1 y la final comienza de nuevo. Pero con un Atlético crecido y con un Madrid al que se le acababa la gasolina. Torres pudo consumar la remontada pero su remate tras un centro al primer palo no fue bueno y salió fuera. Turno para el Madrid que mediante Bale tenía sus ocasiones más claras, pero eran abortadas por Oblak.

Y llegó el minuto 93. El minuto de Ramos. Si en Lisboa fue protagonista por el gol que empataba el partido, en Milán frenó con una entrada de roja directa una contra de Carrasco que salía como una flecha hacia la portería de Keylor Navas. Mark Clattemburg le sacó amarilla y pitó el final del partido.

La prórroga y los penaltis

La prórroga fue un monólogo del Atlético representado en Carrasco, que volvió loco a Danilo cada vez que lo encaraba. El Madrid estaba roto. Tan solo un par de intentonas de Bale, que terminó por romperse. El único argumento del Madrid era esconder la pelota en las botas de Isco, toda vez que Modric y Cristiano estaban desaparecidos, Bale lesionado y Benzema había sido sustituido por Lucas. Por su parte, el Atlético lo encomendaba todo a Carrasco pero no terminaba de ir a por el partido, un partido que tenía en la mano, con un Madrid roto, entregado. ¿Entregado? El Madrid siempre tiene la última. Al Madrid hay que matarlo y rematarlo, por si vuelve. Y volvió. El Atlético tuvo con el Madrid la piedad que los blancos no tuvieron con los rojiblancos en Lisboa y dejaron llegar el partido a la tanda de penaltis. Lucas anotó el primero para el Madrid. Griezmann (esta vez sí) anotó el suyo. A los de Marcelo, Bale (lesionado) y Ramos respondieron los de Gabi y Saúl. 4 – 3 y turno de Juanfran para empatar. Estaba previsto que tirase Carrasco, pero un encontronazo con Pepe en el último minuto de la prórroga lo dejó fuera de combate y el alicantino tomó la responsabilidad. Disparó ajustado al lado derecho de Navas, tan ajustado que el palo terminó escupiendo el balón. Turno para un especialista, Cristiano Ronaldo. Todos los penaltis del Madrid fueron a la izquierda de Oblak. Todos dentro. El de Cristiano también. El Real Madrid, campeón de la Undécima. Y el Atlético de Madrid, como Holanda en los Mundiales, perdiendo su tercera final, de forma aún más sangrante, en los penaltis, siendo superior a un rival que, eso sí, reconocieron el esfuerzo de los rojiblancos despidiéndolos con un pasillo, como un auténtico campeón. Volverán.

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