El Barça liquida al Nápoles y mira a Lisboa
El Barça celebra uno de sus goles. FOTO: Miguel Ruíz

El Fútbol Club Barcelona certificó en el Camp Nou su acceso a la preciada fase final de la UEFA Champions League que arrancará en Lisboa la próxima semana tras imponerse por 3 goles a 1 a un Nápoles que estuvo en la eliminatoria hasta que Leo Messi quiso. El astro argentino volvió a dictar sentencia ante los herederos de Diego Armando Maradona anotándose un nuevo tanto en el panorama europeo y liderando, una vez más, un insulso partido de los hombres de Quique Setién a los que esta vez sí les acompañó la fortuna de la efectividad. Ante un conjunto azulgrana que logró encarrilar la eliminatoria igualada desde la ida gracias a los tres goles logrados en la primera mitad, poco pudo hacer el combinado de Gennaro Gattuso en su visita al Camp Nou más allá de inquietar el marco de Marc André Ter Stegen en sendas ocasiones y hacer temblar el marcador con un gol de penalti.

Messi lidera la sentencia

El Barça ganó cuando y cómo su capitán quiso. Leo Messi se enfundó una vez más la labor de capitán para dirigir a una tripulación novedosa y experimental. Obligado por las ausencias, Quique Setién hizo saltar al vacío Camp Nou un centro del campo alternativo formado por Ivan Rakitic, Sergi Roberto y Frenkie De Jong, que sembró serias dudas pese a la intervención del "10" azulgrana durante todo el partido. Los desajustes, no sólo del centro del campo sinó también de la zaga capitaneada por Piqué y Lenglet, se hicieron plausibles desde el primer minuto de encuentro, cuando el Nápoles de Lorenzo Insignie y compañía comenzó a gozar de sus primeras ocasiones. Fue entonces cuando Messi calibró el timón y comenzó a redirigir a los suyos, primero sirviendo un saque de esquina para que el central francés Clement Lenglet pudiera rematar de cabeza a bocajarro, y minutos más tarde, culminando una de sus maniobras favoritas para batir a David Ospina en el segundo zarpazo de la primera mitad. Incluso se permitió el todoterreno culé lograr un gol anulado que pudo haber sido la sentencia definitiva a un conjunto italiano completamente roto.

Tras la tempestad inicial, que vino con dos goles consecutivos, vino la calma para los hombres de Quique Setién, que se limitaron a amarrar el resultado y a dejar pasar los minutos. En el tramo final del primer tiempo, la bestia argentina volvió a despertar para robar un balón al central napolitano Koulibaly y recibir una patada en el tobillo que significaría una pena máxima, que en forma de regalo brindaría a su fiel Luis Suárez. El uruguayo no desaprovecharía el detalle de su compañero de ataque para sentenciar el duelo y la eliminatoria y decir prácticamente adiós de la lucha a los de Gattuso, sorprendidos por el arranque de Messi y los suyos.

El Nápoles no se rinde y el Barça se agota

Si algo definió a Gennaro Gattuso como futbolista es esa garra del fútbol italiano que ha querido trasladar también a su Nápoles. Con ella salió el conjunto napolitano, peleón por naturaleza, a combatir una segunda parte ya perdida pero con el orgullo que siempre identifica a los equipos del país de la bota. No se escondió el Nápoles en busca de retener el choque, más bien al contrario. Los de Gattuso lograron esconder en su propia área a un Barça que se iba desgastando con el paso de los minutos y dotaron al choque de esa efervescencia que tanto caracteriza a futbolistas de la talla de Dries Mertens, José Callejón o Lorenzo Insignie, este último autor del 3 a 1 en forma de penalti. Una pena máxima, la provocada por Ivan Rakitic dentro del área barcelonista, que daba más vida que nunca al conjunto celeste para apretar y desembocar por completo que defendía Marc André Ter Stegen.

El guardameta alemán se vió obligado a despejar más de un balón que llegaba a su área durante los segundos cuarenta y cinco minutos, e incluso vió pasar por delante suyo el segundo tanto de los italianos, anulado por el VAR a Arkadiusz Milik. A Setién no le gustaba nada el cansancio con el que afrontaban los suyos el segundo tiempo, lo que obligó a retocar ligeramente a sus efectivos. Con tan sólo dos piezas del primer equipo entre sus suplentes, el técnico cántabro no dió la opción a Ansu Fati ni Riqui Puig, principales valedores de la Masía culé esta temporada, pero optó por el talento emergente de Monchu Rodríguez, centrocampista del filial que ingresaba por Antoine Griezmann en el tramo final del partido. Menos trascendente fue la aparición de Junior Firpo, que sustituyendo a Luis Suárez no entró con otro objetivo que el de asegurar el pase a Lisboa.

Con más incertidumbres que seguridad, pero con la certeza de tener al mejor futbolista del mundo entre sus filas aterrizará en la capital portuguesa la próxima semana  un Barcelona que tendrá en el temible Bayern de Munich su primer escollo para llegar a lo más alto de una atípica temporada europea. Y es que si quiere lograr la preciada Champions, el conjunto que dirige Quique Setién tendrá que remar más que nunca contra los pronósticos, y sobretodo contra sus propias flaquezas.

VAVEL Logo