Thiago Alcántara, el timón del hexacampeón de Europa
Thiago Alcántara con la UEFA Champions League | Foto de la Liga de Campeones en Twitter (@LigadeCampeones)

Nadie titubea a la hora de reconocer que Thiago Alcántara tiene un talento innato. Al margen de que su juego le fue inculcado por su padre, Mazinho, que fue otro de los mediocentros defensivos reputados y reconocidos que dejaron huella en nuestro país, el internacional español se ha ganado a pulso ser considerado referente del ciclo brillante que acaba de protagonizar el Bayern de Múnich saboreando las mieles del triunfo europeo. Y, quizás, cualquier cosa que se pueda decir sobre él se quede corta por cómo ha conseguido demostrar su talento sobreponiéndose a graves lesiones a lo largo de su carrera.

La historia de Thiago Alcántara es una historia de resiliencia. De hecho, si alguien le hubiera llegado a decir por el 2007 que iba a dejar huella en territorio bávaro, probablemente, no se lo habría creído. Formado en La Masia, no le tembló el pulso a la hora de convencer a Pep Guardiola cuando recaló en el banquillo del Fútbol Club Barcelona, de donde salió e hizo emerger todas sus cualidades para que los grandes equipos europeos se fijaran en él y pudiera encontrar la oportunidad que llevaba buscando durante un buen tiempo a la sombra de Andrés Iniesta y Xavi Hernández. La confianza perdida volvió cuando puso rumbo a Baviera para formar parte de un Bayern de Múnich en el que además de crecer a nivel personal, también lo ha hecho futbolísticamente. Pero la superación se ha visto en estos siete años que han pasado desde que llegó a Baviera, donde ha logrado recuperar la batuta del juego del ahora hexacampeón de Europa a base de trabajo y en el que ha sido determinante en esta fase final de la UEFA Champions League.

Ante los problemas físicos que arrastraba Benjamin Pavard, Hans-Dieter Flick no vio otra mejor opción que otorgarle la responsabilidad de ser organizador del juego del conjunto alemán en territorio portugués. Y menuda responsabilidad tan bien cumplida. Cuando se esperaba a priori que Joshua Kimmich jugara en ese lugar, él se convertía en un jugador determinante con su visión y precisión para romper las líneas de contención y la presión de todos sus rivales, tal y como lo hizo ante el Fútbol Club Barcelona en los cuartos de final y ante el Olympique de Lyon en las semifinales, protagonizando otras dos de sus muchas clases magistrales.

De esta forma y con Thiago en la sala de máquinas hasta su último partido, Hans-Dieter Flick ha logrado construir toda una trituradora de equipos haciendo resurgir a un Bayern de Múnich que, en las últimas temporadas, había estado alejado de la cima del fútbol europeo.

Lo del Estádio da Luz fue una mera demostración de lo que España y el Camp Nou dejaron escapar por 25 millones de euros. Ingenuidad pura y dura, además de criticable. Thiago hubiera tenido la combinación perfecta del centrocampista organizador que ahora se necesita tanto en el feudo culé: pausa, ritmo y pases que rompen líneas de presión. Ahora, se marcha por la puerta grande, siendo clave en el 1-0 de una final en la que la táctica superó a las individualidades y habiendo conformado una actuación magnífica y digna de admirar. Se marcha alzando la sexta Copa de Europa del cuadro germano, que ya cuenta con un nuevo triplete y con un palmarés que luce siete Bundesligas, un título en el Mundial de Clubes o cuatro Copas de Alemania entre muchos otros trofeos.

Thiago puso, pone y pondrá el fútbol allí donde vaya porque ya es historia y símbolo del desarrollo de un Bayern en el que ha cerrado su ciclo con más de una treintena de goles y asistencias y que ha salido ganando contando con uno de los canteranos con más talento que salieron de la fábrica culé. La prueba ha estado y está en lo clave que ha sido y es para los técnicos muniqueses. Pep Guardiola, Carlo Ancelotti y Hans-Dieter Flick le han visto crecer hasta que ha levantado la segunda Champions de su carrera demostrando ser uno de los mejores en su posición.

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