El tiempo de
Patri Guijarro
Patri Guojarro esta temporada en el Johan Cruyff. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

En su cabeza ya lo había visto. Se adentró en sigilo como una gacela entre la Sabana. Fijó la mirada en la diana y lanzó el misil. Olfateó la jugada, rastreó cualquier atisbo de probabilidad y se presentó como la alumna más lista de la clase. Se hizo grande ante Klára Cahynová, que sólo pudo seguir con los sentidos el rastro que dejaba tras usurparle la redonda. Avanzó, inspeccionó el distrito custodiado por Barbora Votíková y proyectó un latigazo imparable por la escuadra de la garita checa. Desde fuera del área, acuñando la marca de la casa, La Cartuja se convirtió en la prueba irrefutable del emerger de Patri Guijarro.

Sin embargo, el fustazo desde fuera del área ante la República Checa no fue más que un destello del recital descorchado con la selección hispana. Asistió, distribuyó el juego a su antojo y colocó sobre el tapiz las pautas del juego. El suyo. Porque Patri Guijarro se divierte, juega y hace jugar. Asumió el papel protagonista desde un segundo plano, lejos de los focos, dejando la luz de la fama en otros costados. Con sólo 22 años destapó de nuevo un potencial inaccesible para el resto de los mortales y volvió a refrendar que el liderazgo no entiende de edades.

Patri Guijarro esta temporada ante el Sevilla CF. Foto: Noelia Déniz, VAVEL

Patri Guijarro brillaba ante la República Checa liderando al equipo y marcando los tiempos desde la medular

El relevo lleva su nombre

Jimmy Johnson decía que la diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario reside en ese poco de más. Nos hemos acostumbrado en banalizar la palabra normal en los pies de Patri Guijarro. Nos hemos aclimatado a regocijarnos en cada obra de arte urdida sobre sus botas. Porque lo natural en la balear es convertir una acción ordinaria en un auténtica genialidad. Algo que podría elaborar cualquier mortal pero que sólo ella es capaz de convertir. Y quizás, ahí, resida su poder.

La clarividencia de Patri es una creación horneada a fuego lento, algo natural. Un talento que no escapa a la mirada de un mundo donde el ingenio escasea en el tiempo y el espacio. Un talento innato en su ser que, lejos de ser forzado, florece con naturalidad. La mallorquina ha dado un paso al frente tanto en el Barça Femení como en la Selección Española. Los retos, lejos de asustarla, nutren la esencia de una jugadora llamada a hacer historia.

Patri Guijarro es el mejor termómetro del equipo. Aguanta los ritmos, aprieta y suelta el acelerador a su antojo siempre en beneficio del escuadrón. Sabe elegir el momento, ejecuta la maniobra y al espectador solamente le queda el disfrute. Es la solidaridad más precisa sobre el campo. El fútbol gira alrededor de su figura mientras las luces disparan a otro lado. Cede el protagonismo, reparte titulares desde el silencio. Hace grande a quien la rodea mientras ella prosigue con su estela de genio sin adornos triviales. Una genialidad fácilmente apreciable para el sentido humano pero inherente a su ser.

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