Opinión: el Barça de Koeman sí carbura en Europa
Antoine Griezmann en un partido de LaLiga Santander durante la presente temporada | Foto de Noelia Déniz, VAVEL

En Turín empezó todo. Primero fue la Juventus, luego fue el Dinamo y hoy ha vuelto a pasar ante el Ferencváros. Este Barça coral y brillante está haciendo todo lo posible por quitarse la espinita que se le lleva clavando varias temporadas. Últimamente, Europa se les ha resistido y, tras la debacle sufrida ante el Bayern, lo difícil era volver a resarcirse tirando de resiliencia. Esa resiliencia ha llegado con una revolución bajo el brazo y Koeman sigue endosando dosis de ilusión. Al menos, en Europa. Con la solvencia demostrada hoy en Hungría, el Barça ha cerrado sus desplazamientos de la fase de grupos con una racha impecable de buenos resultados y sin rastro alguno de fisuras.

Poco o nada se le puede reprochar al equipo. Pese a que, en el marco de la competición doméstica, los resultados no estén siendo acompañados por la suerte, lo cierto es que el equipo ha maquillado cualquier estigma de incertidumbre ante el nuevo proyecto dejando huella en un plácido trayecto hasta los octavos de final de la máxima competición continental. Lo lleva haciendo desde el principio y, ahora, con su quinta victoria consecutiva, ha demostrado ser uno de los firmes aspirantes, estando cerca del récord al que ya en su día logró llegar Louis van Gaal: 18 puntos de 18 posibles. Será el talismán que siempre ha resultado ser la escuela holandesa o no, pero lo cierto es que más allá de las estadísticas, están las sensaciones y las que, hasta ahora, viene ofreciendo este Barça sobrepasan lo excepcional. A eso, hay que sumarle que el equipo sí carbura sin Messi, del que buenamente ha venido dependiendo desde siempre y hasta en sus momentos de menor apogeo y, además, el plus de moral que da el ver al máximo rival algo tocado.

Lo visto hoy ante el Ferencváros deja en evidencia lo que se llevaba esperando desde que Larsson, Koeman y compañía aterrizaron en el Camp Nou: el nuevo proyecto, basado en la nueva dinámica de trabajo técnico, táctico, físico y psicológico del holandés, empieza a dar sus frutos. Hoy, el Barça volvió a alzar la voz y lo hizo con un tridente inesperado formado por tres jugadores que, hasta hace muy poco, parecían ser residuales con la excepción de un Griezmann que ya ha confirmado su despegue. La prueba está en que lleva tres partidos seguidos marcando y la dupla desencadenada formada junto a Braithwaite ante los húngaros, que ya ha firmado siete de los últimos once goles marcados por el equipo, lo ha corroborado. Antoine está de dulce y la resolución de hoy, que confirma que vuelve a sonreír, ha sido tan elegante como práctica. De ahí que gane enteros en ataque para Koeman.

Descorchado el partido y con un sólido 0-3 en el marcador a la media hora del pitido inicial, el Barça prorrogó su carátula europea. Busquets de ancla, Pjanić distribuyendo y la ambición y coordinación demostrada por líneas, sumada al trabajo de los Braithwaite y Dembélé pusieron el broche de oro en una noche a partir de la cual seguro que Trincão intentará pulir su puntería y de la que Aleñá y Riqui se llevaron la confianza tan necesaria que les faltaba.

La finura del Barça en Europa es tan evidente como que la cara B de la moneda también funciona. Sin los "titulares", la solvencia también existe. Koeman sigue aprobando y con nota: rota y los que juegan dan la talla, lo hace con Messi en su casa y sin apenas notarlo y consigue de la cantera la respuesta esperada. Este Barça se hace respetar. Como para no ilusionarse.

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