El Barça cae con honores ante el PSG
Dembélé, contra el Sevilla en el Camp Nou. Foto: Noelia Déniz.

El Barça desplegó su mejor fútbol en el escenario más comprometedor de la temporada, teniendo que remontar un dificilísmo 1-4 en la vuelta de los octavos de final, pero la falta de pegada lo lastró durante todo el encuentro y lo privó de poder llegar a soñar con otra remontada épica contra el PSG. Marcó Messi el 1-1 para igualar el penalti transformado por Mbappé, pero el argentino falló el penalti del posible 1-2 y el Barça se fue apagando a partir de ahí.

Ronald Koeman apostó por un novedoso 3-4-3 con Frenkie De Jong como central, escudado por Mingueza en el sector derecho y Lenglet en el izquierdo. Busquets y Pedri, únicos centrocampistas, debían conectar tanto con los carrileros como con la dupla Griezmann y Messi que bailó por la zona de mediapunta.

El Barça empezó con mucha concentración y dominó la posesión de balón en campo contrario desde el inicio. Un PSG que se conformaba con esperar atrás e intentar aprovechar los espacios con un Mbappé que venía desatado tras el hat-trick de la ida le dejó toda la iniciativa al equipo blaugrana que la usó para generar numerosas ocasiones claras de gol, que no pudo convertir por falta de pegada. Una falta de pegada que no le faltó al PSG castigando el penalti de Lenglet con otro gol de Mbappé.

El Barça, con 1-0 abajo, seguía con el mismo guion, tratando de hacer el mejor fútbol y, en consecuencia, que llegara algún gol. Sin embargo, el 1-1 llegó con un disparo desde más de 25 metros que se inventó Leo Messi y el posible 1-2 podría haber llegado en un penalti casi fortuito. Cosas de la vida, Keylor desvió el balón al travesaño y con él disipó todas las dudas que llegó a tener el PSG sobre si peligraba la eliminatoria.

Ya tras pasar por el descanso, Pochettino cerró el coladero defensivo que estaba siendo su equipo y el Barça bajó su nivel de circulación de balón y de ocasiones de gol. Poco a poco, se fue apagando con el balón entre los pies, mientras veía que Pjanic, Braithwaite, Trincao o Ilaix eran insuficientes para cambiar el rumbo de un partido que ya tenía escrita su sentencia.

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