Valió la pena la espera
Los jugadores realistas alzan la copa al cielo de Sevilla. Vía: Real Sociedad en Twitter.

La Real Sociedad se impuso por la mínima a su vecino vizcaíno. Un gol de penalti y el buen planteamiento del partido por parte de los de Imanol, anularon completamente a un Athletic Club que se mostró inofensivo y dominado. Desde el comienzo del choque, fueron los blanquiazules los que tuvieron el dominio de la pelota y también de las ocasiones, con alguna que otra llegada sin demasiado peligro de los leones de por medio.

La más peligrosa para los rojiblancos la protagonizó el ex-realista Iñigo Martínez, quien se sacó un disparo seco con su pierna mala desde una larga distancia que a punto estuvo de sorprender al guardameta Remiro. Ironía del destino, minutos más tarde sería el propio central rojiblanco quién provocaría la ocasión más clara para los txuriurdines, el penalti.

  • La Real no dejó jugar al Athletic

Desde los primeros compases del choque, se vio que la Real había analizado con lupa a su rival y que tenía claro cual debía ser el planteamiento del partido. A sabiendas del peligro que crean los leones a la contra, con jugadores como De Marcos, Yuri o el propio Williams, la Real cortó por lo sano toda opción de contra bilbaína.

En total, la primera mitad registró 13 faltas para la Real Sociedad por tan solo 3 del Athletic Club. Dichos números se pudieron ver reflejados con claridad durante el encuentro, con acciones como Zubeldia cortando una contra al borde del área contraria u Oyarzabal haciendo una falta al lateral para que dejara de avanzar. Faltas que parecían  meros lances del juego, pero que estaban totalmente estudiadas y preparadas por los donostiarras.

  • Penalti, expulsión y VAR

La expresión de "penalti y expulsión" ha sido muy sonada en el mundillo futbolístico en los años recientes. Sin embargo, la modificación más reciente de la regla sobre las tarjetas y los penaltis determina que si un jugador comete penalti, pero lo hace sin violencia ni intención de hacer daño, entonces se señalará la pena máxima y el jugador infractor recibirá una tarjeta amarilla.

La sorpresa vino cuando Iñigo Martínez cometió el penalti sobre Portu y el colegiado Dani Estrada decidió mandarlo directo para la caseta. Los leones protestaban al colegiado con incredulidad, mientras que Estrada pedía calma y se señalaba el oído refiriéndose a que el VAR lo estaba chequeando.

Primero se chequeó si el penalti estaba bien señalado, con respuesta afirmativa desde la sala VOR. A continuación se procedió a revisar si la infracción era merecedora de expulsión directa o si la sanción más apropiada hubiese sido enseñarle tan solo la cartulina amarilla. Tras varios minutos de revisión y un vistazo a la pantalla, el trencilla decidió ratificar su decisión y convertir la tarjeta de color rojo en una de color amarillo nada más.

El ayer capitán realista Mikel Oyarzabal no dudó ni un segundo en coger la pelota en sus manos y ser el encargado de convertir una pena máxima de suma importancia para los suyos. A pesar de haber errado los dos últimos penaltis que ha lanzado, uno en la semifinal de la Supercopa y el otro en Europa League frente al Manchester United, el eibarrés encaró la carrera con confianza y batió con clase a su compañero de selección Unai Simón.

  • Los cambios no cambiaron nada

Consciente de que sus jugadores no eran capaces de aproximarse al área rival, Marcelino incorporó primero a Unai López y luego tanto a Villalibre como a Vesga para que disputaran los quince minutos finales del encuentro. Ambos equipos se habían pegado una paliza durante todo el partido corriendo de un lado para el otro, por lo que las sustituciones parecían una buena manera de revolucionar la final.

A pesar del cansancio txuriurdin y de la negación de Imanol de hacer cambios, la Real Sociedad aguantó bien hasta los últimos cinco minutos de partido, cuando Alguacil comenzó a hacer los cambios. Ingresó en dos ventanas de cambio distintas a Guevara, Barrenetxea y Carlos Fernández para darle esa frescura y esfuerzo final que requería su equipo. En el descuento, con cinco minutos por disputar, Ander Capa y Aritz Elustondo entraron al verde sin demasiado tiempo por delante.

  • La Real Sociedad campeona de LaCopa

Finalmente y tras ocho minutos de añadido, el colegiado llevó acabo el pitido final que tan esperado era por unos y tan temido por otros. La euforia y la desolación se podían deslumbrar a partes iguales sobre el verde, las zonas técnicas y la grada. Los jugadores, staff técnico e incluso el presidente de la Real Sociedad Jokin Aperribay lloraban de alegría, mientras que sus rivales lo hacían de tristeza. 

Esa mezcla del día y la noche, lo blanco y lo negro, el yin y el yang son lo que hacen que las finales tengan esa magia especial. Observar como la felicidad de unos corre a costa de la desesperación de otros, de la impotencia y la frustración. Alegría blanquiazul, a costa de la tristeza rojiblanca. La sonrisa de Asier Illarramendi alzando la copa, mientras al fondo Iker Muniain aplaudía desolado con su trofeo de subcampeón bajo el brazo. 

Finalmente, la Real Sociedad logró alzar la copa al cielo de Sevilla, derrotando a su máximo rival en una final que quedará para la historia por su complejidad y rareza por los tiempos en los que se ha disputado. Un título que reinicia el contador que los más ancianos estimaban en 34 años. 34 años de espera que vuelven a pasar a cero gracias a la copa cosechada en lo que se recordará como "aquella noche del 3 de abril de 2021".

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