No lo olvidéis, el Atleti somos nosotros
Mosaico de la afición rojiblanca en Lyon, año 1986 | Foto: Atlético de Madrid

¿Nunca os habéis parado a pensar en la cantidad de variables que nos rodean en el día a día? Vas por la calle y hasta el más mínimo detalle puede cambiar tu futuro, tanto el más inmediato como el más lejano. El día a día está lleno de decisiones instantáneas que van cambiando el rumbo de la vida, algo así como explicar el Efecto Mariposa.

Para el que no conozca el Efecto Mariposa: se conoce como una teoría en la que hasta el más mínimo detalle importa para el curso del tiempo y sus acontecimientos, es decir, de manera popular se dice que el aleteo de una mariposa en un punto del planeta, si se da en el momento y las condiciones exactas puede provocar un huracán en otro punto totalmente distinto.

Con el Efecto Mariposa explicado, os hago otra pregunta, ¿nunca os habéis preguntado que habría pasado si el curso no hubiese ocurrido como lo ha hecho?, es decir, ¿qué ha sido de los otros futuros infinitos que se pierden cuando tomamos una decisión? Fácil, no van a volver ni van a ocurrir, pues el tiempo es lineal e imparable, no podemos retroceder en el tiempo, por lo que cada segundo que vivimos es único e irrepetible y eso hace la vida mucho más bonita.

Existen diferentes teorías de física cuántica que dicen que el tiempo se puede manipular y que tarde o temprano podremos viajar en él a nuestro antojo, pero yo que soy más romántico que físico me quedo con que hay que disfrutar de cada momento porque es único y no va a volver, quizá por eso elegí al Atlético de Madrid sobre cualquier otro equipo.

Imaginaos por un momento que aquel gol del Bayern en el año 1974 nunca hubiese entrado, o que Hasselbaink hubiese anotado ese penalti en Oviedo, o que Miranda hubiese fallado aquel cabezazo en el Bernabéu, o Courtois hubiese alcanzado el remate de Ramos en Lisboa, o que Godín no hubiese metido gol en el Camp Nou, o que el penalti de Juanfran hubiese acabado entrando, o que Suárez fallase ese mano a mano en Pucela; ahora podríamos ser campeones de Europa, o no haber bajado nunca a la Segunda División, o tener algún título de liga o copa menos en nuestras vitrinas, pero todo en un universo ficticio que nunca ha ocurrido ni va a ocurrir.

La historia en pasado está escrita y en futuro está por escribir, en pasado solo hay certezas y en futuro solo hay incertidumbres, en pasado solo hay hojas llenas de tinta y en futuro solo hay hojas en blanco; o en este caso en rojiblanco, que como dijo un viejo conocido nuestro hace unos años: "Blanco ni el orujo", pero ¿y el presente?

Más de cien años son los que escriben la historia del Athletic Club De Madrid, treinta y seis son los títulos que llenan las vitrinas del Athletic-Aviación Club, once escudos son los que ha lucido el Club Atlético Aviación y cientos de jugadores son los que han vestido la camiseta del Club Atlético de Madrid, pero la única constante en este mar de variables que forman la leyenda rojiblanca son los que desde fuera han estado presentes en todos y cada uno de los acontecimientos, es decir, nosotros.

Ahora vuelvo a preguntaros, ¿cambiaríais el final de alguno de los acontecimientos que os he dicho antes? Si tenéis dudas, dejadme que os dé mi opinión antes de dar una respuesta. Os he preguntado qué es el presente, pero no he dado una respuesta, porque el presente es el aprendizaje del pasado y el ansia de conocer el futuro, cada experiencia que dejas en el pasado es un conocimiento para el futuro. ¿Qué aprendimos del gol de Miranda? Que no hay imposibles para el Atlético de Madrid, ¿Qué aprendimos en Oviedo? Que cuando llegas al fondo solo queda subir, ¿Qué aprendimos en Milán? Que si caigo, combato y me levanto, ¿Qué aprendimos en Pucela? Que cuando más difícil el camino, más satisfactoria es la victoria, y por último ¿Qué hemos aprendido después de tantos años de historia? Que no hay nada ni nadie que iguale el sentimiento de un corazón rojiblanco. 

No conozco mejor frase que resuma lo que significa ser aficionado del Atlético de Madrid que: "Amores que matan nunca mueren" —gracias Sabina por tus letras—, porque después de tantas caídas aquí seguimos, después de tantas lágrimas aquí seguimos, después de tantas decepciones aquí seguimos. Nunca lo olvidéis, el Atlético de Madrid lo hace su gente, el panadero de tu barrio que te regala el pan si el Atleti gana ese fin de semana, el niño que lleva las rayas rojiblancas a clase con orgullo después de una derrota, el kiosquero que te guarda tu periódico cuando el Atleti toca metal, el vecino que cuelga la bandera cuando se acerca un partido importante, el amigo al que te abrazas cuando el Atleti marca gol o los que ya no están con nosotros pero siguen animando desde el tercer anfiteatro, eso es el Atlético de Madrid.

Queda muchísima temporada por delante, pero de nada sirve si no sobrevivimos a diciembre. El equipo está en caída libre hacia el desastre y lo único que puede sostenerle ahora mismo son los de siempre, esos que llenan el Metropolitano cada día de partido o esos que alientan al equipo desde su casa.

Quiero terminar con una última paradoja física, ¿sabéis que pasaría si una fuerza imparable choca contra una fuerza inamovible? Que estarían condenados a continuar así de por vida; ahora cambiemos la fuerza imparable por la afición del Atlético de Madrid y el objeto inamovible por el equipo; si hay algo que nunca va a cambiar, pase lo que pase, es que vamos a estar ahí para cuando el Atleti nos necesite, porque al final nosotros hacemos el Atlético de Madrid.

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