Pesadilla antes de Navidad
Felipe rematando el córner que pondría el empate | Foto: Atlético de Madrid

Rugió el Pizjuán como siempre con su ya conocido "y es por eso que hoy vengo a verte", pero el Atleti no podía dejarse asustar, ya que necesitaba esos tres puntos como agua en el desierto, y así quiso demostrarlo.

El encuentro empezó con un Atlético que sorprendió a todos, presiones altas e intensas con un juego asociativo rápido provocó que los primeros minutos perteneciesen a los rojiblancos, pero como si de una estrella fugaz se tratase, la superioridad del Atleti fue efímera, siete minutos para ser exactos.

Rakitic sacó un tiro mágico de su bota, que —como se diría en el fútbol de barrio— quitó las telarañas de la escuadra. Recibió un balón en la frontal y como si pasease por la Giralda sevillana, pudo rematar sin presión alguna colocando el balón inalcanzable para el portero esloveno.

Con muy poco se tumba a este gigante

El gol sevillista descolocó todos los planes de juego que había acordado el Atlético de Madrid. Desde que reanudase el juego el árbitro, se vieron a once jugadores vestidos de azul deambular por el campo. Perdidos, los chicos del Cholo intentaban de todas las maneras devolver las tablas, pero sin éxito.

El único jugador que parecía tener fútbol diferente en sus pies era Thomas Lemar, que intentó de mil y una maneras llevar a su equipo a la remontada, pero es muy difícil que un solo jugador cargue con el peso de todo un equipo, por muy bueno que este sea. 

Por suerte —por llamarlo de alguna forma— el Atleti pudo empatar en un córner, después de que el portero sevillista desviase un buen tiro de Lemar desde la frontal. El francés —que estuvo en todas partes— pateó el centro y Felipe se alzó entre todos los jugadores para rematarlo y devolver el marcador al punto inicial.

El gol fue una bombona de oxígeno para el Atleti y gracias a él fue recuperando poco a poco el nivel con el que inició el partido. El resultado no se movería más en los primeros cuarenta y cinco minutos, dejando todo abierto para la segunda parte.

Simeone controlando un balón en la banda | Foto: Atlético de Madrid
Simeone controlando un balón en la banda | Foto: Atlético de Madrid

Joao se convirtió en esa pequeña luz en el vacío, esa esperanza a la que se agarró el Atlético de Madrid durante la segunda mitad del partido. Salió por Correa en el descanso y fue el desequilibrante que necesitaba el equipo rojiblanco para llevarse el partido.

Con O'Menino en el campo, el Atleti dio un subidón y se echó al ataque para intentar llevarse el partido, aunque ni con él tuvieron éxito. Como siempre, las segundas partes del Atlético son mucho mejores que las primeras en todos los aspectos por lo que así se reflejó en el campo. El partido pasó de un deporte a otro, el balón corría de un lado a otro como si de un Nadal contra Djokovic se tratase, pero aún en un deporte diferente siempre tiene que haber un ganador.

El equipo colchonero estaba dispuesto a llevarse los tres puntos a casa e incluso fue superior en algunos casos al Sevilla: consiguió fortalecer la defensa y evitar los ataques del equipo andaluz, mientras que gastaban la pólvora en ataque para ponerse por primera vez en el partido por delante.

¡Esta defensa es una ruina!

Cuando mejor estaba el equipo del Cholo llegó el desastre. Un córner, un palo y una posible falta —sí, como un capítulo de Aquí no hay quién viva— volvieron a dejar al Atlético de Madrid por detrás en el marcador al borde del pitido final. Poco pudo hacer el conjunto de Simeone para darle la vuelta al resultado en tan poco tiempo, aunque en un tiro sacado de una película, Joao reventó el larguero de la portería sevillista en la jugada previa al final del partido.

Poco se puede decir en días como estos. Saldrán los jugadores y el entrenador como cada jornada a decir las palabras vacías de siempre como "Estamos trabajando en ello" o "Es momento de hacer autocrítica", pero la realidad es que la situación actual del Atlético de Madrid es insostenible. Tres derrotas seguidas en liga, una clasificación in-extremis a octavos de Champions y ni rastro de regularidad en el equipo —sin tener en cuenta las lesiones constantes de la plantilla— dan una imagen pésima del equipo rojiblanco. Queda mucho, sí, pero el cambio en el Atleti debe ser extremo si quieren darle la vuelta a la temporada y parece prácticamente imposible a estas alturas.

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