Nada ha cambiado, pero todo es diferente
El equipo rojiblanco celebrando el gol de Ludmila | Foto: Atlético de Madrid

Nada había cambiado en Alcalá, las mismas personas en sus mismos asientos, las mismas ráfagas de aire que despeinaban a los presentes en el estadio, el mismo aroma a césped recién cortado y cuidado, pero al mismo tiempo todo era diferente, la liga había cambiado su nombre y ahora es oficialmente profesional, el Atleti estrenaba un equipo prácticamente nuevo que quiere volver a pelear por todo y sobre todo, esos ojos brillantes en las caras de los aficionados rojiblancos que llaman a nuevas ilusiones para esta temporada. 

El Atleti empezó bien, atacando a los pocos espacios que el Alavés intentaba generar, mientras de fondo retumbaban los gritos de la afición contra el seleccionador de España, Jorge Vilda, después lo sucedido en los últimos días. Nada había cambiado en Alcalá, Ludmila seguía corriendo por la banda como siempre lo ha hecho y Leicy seguía aportando la magia al juego rojiblanco, pero al mismo tiempo todo era diferente, ya no estaba Amanda dando órdenes a sus compañeras ni Laia iluminando el camino de la defensa rojiblanca.

Cuestionable es la palabra

Todo apuntaba que habría fiesta en la casa de las colchoneras, pero no en el buen sentido, pues en pocos minutos las árbitras del encuentro se habían ganado el "cariño" de los aficionados con varias decisiones, cuanto menos cuestionables, además de anular un gol a Ludmila por un fuera de juego que en el campo se vio muy justo. Nada había cambiado en Alcalá, los seguidores del Atleti que se congregaban en el frío cemento de la Ciudad Deportiva Wanda seguían siendo tan exigentes como siempre, pero al mismo tiempo todo era diferente, pues ahora había muchas caras nuevas en el campo, además de todas las que ahora podían apoyar al equipo desde su casa.

Cardona controlando el balón | Foto: Atlético de Madrid
Cardona controlando el balón | Foto: Atlético de Madrid

Pasaban los minutos y el resultado no se movía del 0-0, el Atleti ladraba, pero nunca llegaba a morder, mientras que el Alavés se defendía con todo lo que tenía buscando darle un susto a las locales. Ludmila lo intentaba, pero no había suerte; Staskova atacaba, pero el balón no quería entrar; Cardona se colaba entre la defensa, pero la jugada siempre acababa lejos de convertirse en gol. Nada había cambiado en Alcalá, al Atleti seguía costándole un poquito más frente a su afición, pero al mismo tiempo todo era diferente, porque esa misma afición es la que seguía apoyando a sus jugadoras en los momentos más difíciles. 

Cualquiera podría pensar que el descanso traería cambios en el partido, pero nada más lejos de la realidad. El Atleti seguía atacando, el Alavés defendiendo y las árbitras desesperando. Diez minutos bastaron para volver a encender la llama entre los aficionados rojiblancos cuando Ludmila pudo encarar la portería rival, pero una defensa rival se lo impidió, acción que no fue sancionada en el campo y que cabreó, tanto a jugadoras como colchoneros. Nada había cambiado en Alcalá, el comité de árbitras de la RFEF seguía teniendo un nivel, digamos que por debajo de lo que se debería exigir en una liga profesional, pero al mismo tiempo todo era diferente, pues después de una huelga orquestada por estas mismas profesionales y por la cual la primera jornada no se pudo disputar, las árbitras habían conseguido lo que querían: un sueldo digno en base al trabajo que se supone que hacen. 

A contracorriente

Poco le quedaba al Atleti por hacer para marcar gol, porque el fútbol se había propuesto amargarle la mañana a las rojiblancas con dos palos y varias paradas imposibles de la portera rival. No fue porque no lo intentó, pero la suerte siempre tiene dos caras y esta vez quería caer del lado rojiblanco. Nada había cambiado en Alcalá, el Atleti seguía teniendo esa mala suerte que siempre le ha acompañado, pero al mismo tiempo todo era diferente, porque el sabor del empate era distinto, sabiendo que en cualquier momento el balón podría acabar dentro de la portería rival.

Y después de más de 90 minutos luchando, el Atleti consiguió su recompensa. Ludmila marcó y el equipo y la afición se convirtieron en uno para celebrar el gol que les daría la victoria en un partido que seguro nadie esperaba sufrir tanto. Nada había cambiado en Alcalá, se seguía disfrutando de un gran fútbol como siempre se había hecho en este campo, pero al mismo tiempo todo era diferente, ya que esta vez el resultado si que fue victoria en un partido en el que la temporada pasada habría acabado en empate o incluso derrota. 

Nada había cambiado en Alcalá, pero al mismo tiempo todo era diferente. El Atleti celebró la victoria con las caras nuevas, las viejas y las que están por llegar. Vencieron las rojiblancas en su debut en casa y ponen la mirada en la siguiente jornada, porque nada ha cambiado en este Atleti, pero al mismo tiempo todo es diferente. 

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