La odisea del hincha atlético

Conseguir una de las 13.050 localidades que el Atlético de Madrid ha puesto a disposición de sus socios se ha convertido en una aventura digna de contar. Presenciar la segunda final de la historia del club rojiblanco, tras 40 años de larga espera, es un acto de paciencia y heroicidad del sufrido hincha atlético.

La odisea del hincha atlético
Los seguidores rojiblancos terminan su mes de pasión en Lisboa, con la mente puesta en ganar la primera Copa de Europa. (Foto: Jaime del Campo).

"Llegamos con la ilusión y las ganas de esperar muchos años para llegar a esta final". Con estas palabras definió Diego Pablo Simeone sus sentimientos y sus pensamientos apenas momentos después de eliminar al Chelsea en las semifinales de la Copa de Europa. El Atlético de Madrid, tras cuarenta años de su única final y cuatro intentos fallidos, vuelve a aparecer en el escenario más traumático de su centenaria historia, con el recuerdo de un gol de Hans Georg Schwarzenbeck (nombre tan complicado como innombrable) que mandó al fatídico desempate aquel duelo del 15 de mayo de 1974. Dos días después, el Bayern ganaba su primera Copa de Europa y el Atlético regresaba huérfano de alma y de triunfo a la capital de España. De hecho, su alma comenzó su transformación en "El Pupas".

Ha pasado mucho tiempo, y este equipo de Simeone mueve fe y montañas. La afición, nada más sonar el pitido final, comenzó a pensar en modo Lisboa. ¿Cuántas entradas habrá disponibles? ¿Cuál será el precio? ¿Cuándo podremos conseguirlas? Después de la reunión mantenida el jueves 1 de mayo en la ciudad anfitriona con UEFA y Real Madrid, las 16.970 entradas ponían rumbo a Madrid, cumpliendo con la superstición del viaje en carretera y en la misma bolsa de deportes con la que recogieron las entradas para Hamburgo, Bucarest y Mónaco (por dos ocasiones). Todas ellas ganadas por el equipo colchonero. Comenzaba la odisea para el aficionado.

Una de las entradas con "visibilidad reducida" en el sector de aficionados rojiblancos

Sábado, 3 de mayo

Es sábado 3 de mayo, una y treinta y siete minutos del mediodía. El Atlético de Madrid hace público en su web el proceso y reparto de entradas para sus abonados. Tan sólo 14.000 irán a parar a los aficionados. De ellas, 950 serán para las peñas y 13.050 estarán a disposición del resto en las taquillas del Atlético de Madrid. El precio requerido para conseguir uno de esos preciados tesoros estará comprendido entre 70 y 390 euros.

"Demasiado caras", pensaron muchos. "¿Merecerá la pena el desembolso?", pensaron otros tantos. "No podemos dejar sólo al equipo, están haciendo historia", acordaron todos. Pero de los 42.000 abonados del club, 28.000 tienen el abono total, al cual el club dio prioridad por encima del resto al haber pagado por presenciar toda la Champions League y la Copa del Rey. De ellos, ante la escasa disponibilidad y la elevada demanda, los socios con más de 25 años de antigüedad y los abonados totales hasta el 6.500 fueron los designados para el primer día de venta. Del 6.501 al 13.000 el segundo día, y los abonados totales del 13.001 al 19.000 para el tercer día. Si no se vendieran todas durante los tres días previstos inicialmente, a partir del lunes 12 se ampliaría el proceso de venta.

Largas colas para una entrada

Ante el hecho de que uno de cada cuatro abonados del club podrá acudir a Lisboa mediante los boletos a disposición del Atlético de Madrid, el pánico cundió en casi todos. En estas situaciones, cada aficionado no abonado se las tiene que ingeniar para acudir a la reventa y no causar un grave estrago a sus cuentas en un delicado momento económico para España, o esperar a sorteos, promociones, también atreverse a lograr una de las entradas a través del cupo institucional de la entidad, y hasta incluso, solicitando a los jugadores, cuerpo técnico y empleados del club una de las entradas que les corresponde.

Niños, jóvenes, adultos y ancianos han hecho cola para comprar una entrada para Lisboa

Pero para los abonados, la aventura comenzaba llena de sobresaltos. En primer lugar, hacer una larga cola para conseguir su localidad en Da Luz. Gente que ha pasado desde el domingo por la noche hasta el martes a las 9 de la mañana a la intemperie, refugiada en las inmediaciones del Vicente Calderón para poder elegir su localidad sin tener que esperar mucho tiempo para que llegara su turno.

Una cola organizada por los primeros aficionados que se dieron lugar en las inmediaciones del templo rojiblanco, que exigieron la presencia de los presentes cada vez que se "pasaba lista", para saber quiénes se encontraban allí y en qué orden. Un caos que provocó el enfado de muchos de los presentes, sobre todo de los más alejados de una fila que daba la vuelta al Calderón. Y también encendió a los aficionados que tenían que esperar al segundo y al tercer día de venta de localidades para abonados.

"Ganar, ganar y ganar". Uno de los 'leivmotiv' del equipo y parroquia rojiblanca

Obviamente, la policía y muchos de los allí presentes el martes derribaron este sistema y todo volvió a la normalidad. Una normalidad relativa, marcada por largas colas y muchas horas de espera hasta conseguir el preciado objeto de deseo. Muchos abonados del club se marcharon indignados ante la falta de previsión del club. Tan sólo unas pocas taquillas abiertas, 5 de las 15 disponibles en el despacho de localidades del fondo norte, donde se centraliza la venta de entradas en los días previos a los partidos y en los desplazamientos fuera del Calderón. Cinco de ellas están dedicadas para la agencia oficial de viajes del club, en la que venden paquetes de viaje para la final. Un martes de locos que terminó cerca de la medianoche, cuando se informaba a través del twitter oficial del club (@Atleti) que se habían vendido 4.923 localidades para Da Luz.

Miércoles de pasión

Con el pánico de muchos al conocer que el martes se acabaron las localidades de 70 euros, se iniciaba la aventura del segundo turno de agraciados abonados. Unos optaron por hacer noche al lado de las taquillas, para asegurar su presencia en los primeros turnos de venta. Otros, prefirieron madrugar y colocarse en la cola armados de paciencia. Una lenta espera, un avance pausado con destino Lisboa.

Horas y horas de espera para conseguir una entrada. Gente que ha acudido al feudo rojiblanco a las siete y media de la mañana ha tenido que esperar hasta cerca de las cuatro y media de la tarde para hacerse con una localidad para la final del 24 de mayo. Había cundido el nerviosismo máximo entre los que aún esperaban por conseguir "su tesoro". Llegado el mediodía, las entradas de la zona de 160 euros habían sido vendidas y ya no quedaba ninguna. Corrió el rumor por la larga fila que iba desde las taquillas del fondo norte hasta la puerta 24 del recinto colchonero en esos momentos.

El club puso a disposición de los aficionados 13.050 localidades

Si querían ir a Lisboa, tenían que dejarse una suma importante de dinero, puesto que sólo restaban por vender las localidades más caras. Pero llegados a la taquilla saltó una pequeña sorpresa de la cual no ha informado el club en su web. Entradas de visibilidad reducida. Localidades con problemas para la visión de las dos porterías, elementos que obstaculizan la misma o localidades a ras de césped, donde se dificultad la visión del partido. El club optó por no informar de ellas, y muchos han sabido de su existencia en taquilla. Pero no todos lo supieron. Por cierto, en este miércoles 7 de largas filas a orillas del Manzanares se cumplían catorce años del descenso a Segunda División en Oviedo.

Mala información

El club ocultó este tipo de localidades, de 55 euros situadas en la zona denominada como categoría 4, las entradas con un precio de 70 euros para el público; y de 120 euros situadas en la categoría 3, situadas en las zonas de 160 euros. Boletos que los aficionados desconocen hasta llegado el momento de aparecer en la taquilla que le indican los empleados del club y donde tienen que sacar su asiento en Da Luz. ¿Por qué ese oscurantismo? Nadie tiene una ligera explicación, pero el club del Manzanares no informó en su nota oficial del sábado.

Hasta Gárate, delantero del club en los 60 y los 70, ha hecho cola por una entrada para la final de la Champions League

La UEFA, organizadora del encuentro, también optó por pasar de puntillas por estas localidades cuando informó del proceso de solicitud de entradas que se encarga de vender el propio organismo continental a través de su web y que la mayoría desconocen de su existencia. En las colas corrió un halo de esperanza y de incredulidad cuando se conoció la situación real, pero la esperanza de conseguir una localidad a ese precio es reducida.

Descuidos con leyendas

Sin embargo, las largas colas no son la imagen más llamativa que han dejado estos días de peregrinación a orillas del río Manzanares. Uno de los emblemas del equipo que alcanzó la final de 1974, José Eulogio Gárate, eligió sacar su localidad para Lisboa como un aficionado más, sin tener que esperar a las invitaciones que el club ofreciera a sus veteranos y socios más ilustres. El vasco, como uno más, haciendo fila entre el resto de abonados rojiblancos, esperando por su lugar en Da Luz. Sin embargo, el club, al enterarse de la presencia del ilustre eibarrés en la cola, le invitó a acceder a las oficinas y le ofreció un lugar de honor en la expedición institucional rojiblanca.

Gárate, en una foto de su época como jugador

No obstante, a pesar de la rectificación, los aficionados lo percibieron como un feo gesto. Otro de tantos de la entidad con sus leyendas, en especial desde 1987, con los que se podría confeccionar una lista con todos los ídolos caídos o que han salido por la gatera del Calderón, ya sea por enfrentamientos con el poder del club, por los malos resultados deportivos, o por circunstancias personales. La versión ofrecida por la entidad dice que ha sido un descuido no haber invitado a Gárate, pero el hecho es que el excelente delantero vasco ha querido adquirir su localidad sin recurrir a favores ni a su privilegiada posición de mito en vida rojiblanco para estar en la capital portuguesa.

Diferencias con el reparto madridista

Si la situación parece complicada para los abonados del Atlético de Madrid, mucho más compleja es la situación del reparto de entradas para el Real Madrid. Los blancos, al mantener su condición de club deportivo en su forma jurídica, están soportados por sus socios. Al haber más socios que abonados para el Santiago Bernabéu, los rectores madridistas se ven obligados a sortear sus entradas en cada final. Para esta final, 73.314 socios blancos agrupados en 24.103 solicitudes de los 97.753 que podían hacerlo.

Los socios madridistas menores de 5 años no podían optar a una entrada, así como tampoco los socios sancionados por la Comisión Disciplinaria Social del club de Chamartín. Sin embargo, la información publicada por la entidad merengue si hace pública la distribución de las 16.970 entradas, de las que ha habido cambios obligados ante la enorme demanda de los socios. Las 50 entradas disponibles para futbolistas y cuerpo técnico se han visto reducidas a 20 por cada uno. Pero el club ha tenido la deferencia de reservar 100 entradas para cada uno de sus socios más veteranos y otras 34 localidades para socios discapacitados. Un ejemplo de transparencia hacia el socio que contrasta con el oscurantismo informativo habitual en muchos ámbitos de la vida cotidiana en las oficinas del Paseo de Virgen del Puerto para informar a sus abonados, simples clientes de una Sociedad Anónima Deportiva.

De romería en romería

La afición del Atlético de Madrid vive el último mes y medio de competición de viaje en viaje. Una temporada prolífica en desplazamientos ilustres, donde los colchoneros han visitado templos de la talla de Do Dragao, San Siro, Camp Nou o Stamford Bridge en Europa, además de San Mamés, Bernabéu o Sevilla en liga. Amén de desplazamientos fáciles y habituales de la afición rojiblanca, como Vallecas, Valladolid, Villarreal o Sevilla, el equipo rojiblanco ha recibido la ayuda de los suyos muy especialmente en el último mes y medio.

El pinchazo del Fútbol Club Barcelona en Granada empujó a muchos colchoneros a acudir en masa a apoyar a los suyos a Getafe, donde al día siguiente el Atlético jugaba su partido de liga contra los azulones. No era el primer gran desplazamiento de los últimos meses. En febrero, Milán. A primeros de abril, la visita al Camp Nou en los cuartos de final de la Copa de Europa o el viaje a Sevilla para jugar en el Benito Villamarín contra el Betis.

Después de ellos, la semana de pasión en versión rojiblanca. Mestalla, Stamford Bridge, Ciutat de Valencia. O lo que es lo mismo, Valencia, Londres y Valencia de nuevo. Desplazamientos que movieron a 2.000 rojiblancos para presenciar el 0-1 en el campo valencianista, a 2.500 atléticos a la capital de Inglaterra para ver la clasificación de la escuadra de Simeone para la final de Lisboa, y por último, los 8.000 creyentes de esa nueva religión que es el "Cholismo", en busca de tres puntos y la posibilidad de haber podido certificar la liga en casa contra el Málaga sin depender de nadie. En total, 12.500 desplazados por el Atlético, Simeone y su fe buscando "la tierra prometida".

Nada puede frenar a estas alturas la fe de un equipo y una afición que ya sólo son capaces de pensar "final a final", como dijo su líder espiritual. Lo que está en juego es la posibilidad histórica de cerrar la temporada siendo campeón de liga y campeón de Europa, y ante eso, para una afición que hace 12 años veía a su equipo ascender de sus "dos añitos en el infierno" son palabras mayores, a pesar de las duras pruebas a las que la han sometido últimamente.


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