La contracrónica: una expulsión que noquea al Betis

La más que rigurosa y prematura expulsión de Piccini por parte de Ocón Arráiz cambió el devenir de un partido que el Eibar dominó de principio a fin. La horrorosa primera parte del cuadro andaluz y el desequilibrio del japonés Inui, claves en el desarrollo del encuentro.

La contracrónica: una expulsión que noquea al Betis
Sanabria lucha el balón con Arbilla // Foto: La Liga

Corría el minuto 16 de partido cuando el japonés Inui recibía un balón en profundidad que lo dejaba solo ante Adán. Piccini llegaba por detrás como una bala y de forma dudosa derribaba al nipón. De forma de dudosa porque, tras ver repetidas veces las imágenes de la televisión, parece que el italiano apenas toca a Inui. En cualquier caso, el futbolista del Eibar anduvo muy listo en la acción y consiguió engañar al colegiado. 

La duda queda ahora en cuál hubiese sido el resultado si el Betis no se hubiera quedado con un hombre menos. Quizá el resultado hubiese sido otro. Aunque, desde luego, no será por los méritos de los verdiblancos en la primera mitad.

Un Betis descompuesto 

Desganados, erráticos, congelados.. La inferioridad númerica no es una excusa que resulte lo suficientemente convincente para lo poco que ofreció el Betis en la primera mitad. Los jugadores béticos apenas se movieron. Esperaron al Eibar muy atrás y permitieron que el conjunto armero entrara por los costados con mucha facilidad.

Aunque verdaderamente, lo peor del equipo fue su actitud con el balón. Los futbolistas apenas consiguieron conectar dos pases seguidos. Los datos de la posesión en la primera parte son escandalosos: 73-27 a favor del Eibar, lo cual deja mucho que desear.

La diferencia fue Inui

Entre los 22 futbolistas que saltaron al campo hubo uno que sobresalió por encima del resto. El japonés Inui no solo provocó la jugada de la expulsión decisiva en el encuentro, sino que hizo del carril izquierdo una autopista para su equipo. De poco sirvió la entrada de Cejudo al terreno de juego. Inui fue una pesadilla constante para el Betis con sus entradas hacia dentro y sus pases envenenados. 

En los minutos finales, el futbolista del Eibar pudo sentenciar el encuentro con un disparo a bocajarro que resolvió Adán con una espectacular parada que dejó boquiabiertos a todos. El guardameta fue el futbolista bético que más ganas mostró durante todo el partido.

Cambio de actitud pero no de juego

Sin restarle méritos al Eibar, que movió el balón con criterio y velocidad de lado a lado del campo, el juego del Betis durante todo el partido fue el mismo. En la segunda mitad los armeros bajaron algo el pistón pero el Betis seguía negado. Tan solo un error defensivo de los vascos permitió a Rubén Castro quedarse solo ante Riesgo y batirle por la derecha.

Lo que si cambió fue la actitud. Los jugadores verdiblancos saltaron al campo abroncados por la charla que Víctor les había metido en el descanso y corrieron todo lo que no habían corrido en la primera mitad. Presionaron la salida del balón o al menos lo intentaron. La pelota le duró mucho menos al Eibar y la posesión se equilibró hasta un 53-47. 

La pregunta ahora es por qué ese cambio en las ganas de un tiempo a otro. Quizá con esta actitud en la primera parte el resultado hubiese sido otro, quizá el Eibar hubiera agotado a los sevillanos y el resultado hubiese sido más abultado. Nadie lo sabe. Lo que está claro es que se espera mucho más del Betis de Víctor.