La pizarra: la rotación masiva merma el rendimiento

El míster armero introdujo ante el Málaga nueve variantes y sus dirigidos lo sintieron. Le faltaron entre otros los pilares fundamentales: Pedro León, Sergi Enrich y Ander Capa. Además, el desempeño vasco fue perdiendo peso con los minutos.

La pizarra: la rotación masiva merma el rendimiento
Fotomontaje: Alberto Rodríguez Francisco-Vavel-.

La tercera visita de la temporada para la Sociedad Deportiva Eibar, aparejó la segunda caída en esta condición. Los de José Luis Mendilibar, cayeron 1-2 en el Estadio La Rosaleda frente al Málaga Club de Fútbol. Promediando el minuto 42, Nano decretó el 0-1. Sin embargo, el cuadro blanquiazul le dio la vuelta al marcador por intermedio de Sandro Ramírez en el 44 de partido y más tarde, el canterano Youssef En-Nesyri a los 76 minutos estampó el 2-1. De esta manera, los de Juande Ramos dejaron atrás la racha negativa (no habían ganado en la competición) y además, se mantienen inmutables cada vez que les visita Eibar (el equipo vasco no ganó nunca en la Costa del Sol).

Las nueve variantes

Con respecto al último partido que, se había disputado el día sábado en el Estadio municipal de Ipurúa (ante el Sevilla FC), José Luis Mendilibar optó por la rotación numerosa. Sólo dos de los titulares repitieron en el once de inicio: Florian Lejeune y Fran Rico. Por su parte, Asier Riesgo, Anaitz Arbilla, Mauro Dos Santos, David Juncà, Gonzalo Escalante, Takashi Inui, Jota Peleteiro y Adrián González ingresaron en lugar Joel (expulsado), Ander Capa, Alejandro Gálvez, Antonio Luna, Dani García (expulsado), Pedro León, Kike García, Bebé y Sergi Enrich

El anfitrión optó por variantes en los protagonistas y en el modelo táctico: pasó del 4-2-3-1 en el Gran Canaria al 4-4-2 de la presente jornada. Juan Carlos, Zdravko KuzmanovicSandro Ramírez por de Federico Rica, Recio y Jony.

 

El partido marcó una tendencia. Hasta el minuto 30, los eibarreses dominaron el partido. En ese lapso, preponderó el esquema ofensivo de Ipurúa, pero una presión más liviana. Fue por las características de los intérpretes y la condición física de los mismos. En La Rosaleda, tuvieron participación jugadores no habitualmente titulares, un factor determinante. Además, se vio un equipo más largo. Los centrales, más cercanos a la portería de Riesgo, los laterales sin la tendencia de Capa  y Luna (por condiciones naturales), el doble pivote más destructivo (difieren las aptitudes de Dani García y Gonzalo Escalante). Por su parte, en las bandas, tanto Jota Peleteiro como Takashi Inui no sienten el recorrido hacia atrás en comparación con Pedro León y Bebé. La función es la misma, pero cuando te abren el campo esta flaqueza sale a la luz del día y termina otorgando otro estilo de juego.

Durante la primera media hora,  la Sociedad Deportiva Eibar pregonó el sistema táctico de 4-3-3 y circunstancialmente, 4-2-4. Al dibujo, de inicio le concedió modificaciones específicas dentro del terreno de juego. Los tres en punta de derecha a izquierda: Jota en el extremo derecho, Nano de falso '9' e Inui comenzando como puntero izquierdo. El centro del campo: al doble pivote de Escalante-Rico se añadió Adrián ocupando la posición de interior izquierdo, el argentino el derecho y Rico, el más defensivo (un pivote). En la faz defensiva, los cuatro de la retaguardia, los únicos idóneos para plantarse en el centro del campo para la presión alta eran Juncà y Lejeune. Por su parte, Dos Santos y Arbilla demostraron por qué son suplentes.

El argentino, la pasó feo ante Sandro Ramírez. El canario, no tuvo contemplaciones ante el zaguero. Por otra parte, Arbilla sintió la presencia de Gonzalo 'Chory' Castro. El charrúa, cuando irrumpió por fuera le sacaba una luz al lateral. Mendilibar, con esta defensa apeló a un equipo más asentado y equilibrado, pero que sin pelota sufrió cada avance.

También, cuando se desprendía Adrián, este se sumaba al centro de ataque al lado de Nano. Por otro lado, Jota e Inui rompían por fuera. Como el conjunto eibarrés recuperaba rápidamente, no había trayectoria hacia atrás para el centro del campo. Entonces, quedaba un bloque de cuatro y otro de seis.

En el mejor momento del Eibar, el Málaga no se encontraba a gusto en el partido. Todo pertenecía al equipo armero, la posesión sobre todo y los blanquiazules no tenían otra alternativa más que replegarse, conformando una línea de cuatro defensores más cuatro/cinco volantes porque Charles o Sandro se incorporaban a la faz defensiva. Incluso, cuando Ignacio Camacho se sumaba a la salida, ingresaba dentro de la zaga y el sistema se transformaba en 5-3-2, adelantándose uno de los centrocampistas.

¿Cómo cambió la tendencia?

Después del sofocón eibarrés (el fatídico minuto 30), la historia cambió drásticamente. Anteriormente, el Málaga ya estaba dando indicios de crecimiento futbolístico. Sandro Ramírez se mostraba como el más incisivo, le llegaba un pase filtrado de Kuzmanovic y no podía controlarlo. Asimismo, Añor se sumaba a la faceta ofensiva. Rosales pasaba con criterio y Miguel Torres más contenido, pendiente de Jota.  La zaga por su parte, con más aplomo y sólida que la defensa rival.

La clave del partido fue en las bandas. La función que desempeñaron los laterales-volantes-extremos. Juan Pablo Añor-Gonzalo Castro, capacitados y acostumbrados a cumplir las dos facetas del juego por la banda se diferencian de Jota Peleteiro y Takashi Inui, quienes fijan más su habilidad en el ataque y al retroceder, se asientan sus flaquezas. 

En este duelo equilibró el partido Juande Ramos, explotando las bandas (los dos goles llegaron por este lugar). En consecuencia, los volantes armeros terminan a media carrera, y además, se produce un desgaste sin la pelota, en el que también quedan cuatro contra cuatro porque los volantes por afuera le toman las espaldas a los centrocampistas y luego se produce el 2 contra 1 en la banda, ya que se juntan el extremo y el punta. El doble pivote, en esta situación puntual pierde el control del eje. 

Cambio de sistema 

Al inicio del segundo tiempo se recrudeció el esquema de juego. Los armeros pasaron del 4-3-3 ó 4-2-3-1 al 4-5-1 ó 4-1-4-1.  Todos pasaban la línea de la pelota para compactarse, en la recuperación de la pelota. Pero, a Peleteiro e Inui, les superaban por fuera. Gonzalo Castro a medida que pasaban los minutos, acrecentaba su producción. Dependiendo de la posición de Fran Rico, cuando este formaba un triple pivote al lado de Adrián y Escalante, Jota e Inui decretaban los cinco centrocampistas. Sin embargo, cuando recorría más en el terreno delante de la defensa era el único pivote del 4-1-4-1.

El dueño de casa destinaba más hombres a la vocación ofensiva. Ya atacaba decididamente con tres: Añor o Castro se centraban en el tercer centrocampista, quien no se sumaba a la medular pasaba a funcionar como extremo derecho o zurdo y acompañar a Charles y Sandro, los hombres de ataque blanquiazules. 

Finalmente, en el tramo final del partido, Mendilibar ya con el Málaga acechando en campo rival, mandó al campo a dos habituales titulares: Sergi Enrich y Pedro León. Luego, ingresó Ander Capa. Decididamente, optó por reforzar el punto más flojo de la defensa/mediocampo: la banda derecha. Además, sumó volumen ofensivo, con las incursiones ofensivas de Capa y León, más el poderío ofensivo de Enrich, la posibilidad de tirarse a la banda y darle salida a los volantes por la banda. Con estos tres jugadores, el Eibar retomó al 4-3-3 e incluso 3-4-1-2 ó 3-4-3. Juncà se mantuvo atrás junto a la zaga. Adrián se añadió al doble pivote en la zona medular y también lo hizo Capa. En ofensiva, dos extremos: León Inui, en la derecha e izquierda, Enrich por el centro. Con estos ingresos, los eibarreses estuvieron a punto de igualar, cuando Pedro León desbordó en la derecha y Adrián se lo perdió ingresando desde el segundo palo.

El Málaga CF, terminó jugando de la misma manera, ya que cambió nombre por nombre. En-Nersyri y Fornals, mantuvieron la estructura del 4-3-3 en ataque y 4-5-1 en defensa. Sandro Ramírez en ofensiva era la referencia de área, mientras que el canterano, se movía tanto por derecha como en la izquierda. Además, Añor o Castro también rompían por fuera.