Ojeando al rival: un Sporting en la zona roja

Examinamos al siguiente contrincante copero del Eibar. El equipo asturiano, se encuentra en un momento incierto. Hace diez jornadas que no conoce la victoria y sin encontrarle el rumbo a la salvación. Pese a ello, en su último partido doblegó al Real Madrid en la segunda parte. En este segmento, se observó un Sporting valiente, ofensivo y con dinámica de toque.

Ojeando al rival: un Sporting en la zona roja
Foto: Alberto Brevers-Vavel-.

El próximo martes la Sociedad Deportiva Eibar, se medirá ante el Real Sporting de Gijón por los dieciseisavos de final, correspondientes a la Copa del Rey. Será el cotejo de ida que tendrá como epicentro El Molinón. Los rojiblancos, se encuentran en la zona roja de la clasificación liguera ya que acumulan nueve unidades en trece compromisos. Los de Asturias, son el equipo más vulnerable del certamen (encajaron 27 goles) y su producción ofensiva evidencia un gol por partido (13 goles en total).  En su último encuentro, el equipo de Abelardo Fernández cayó derrotado frente al Real Madrid. Los de la Capital, se impusieron dos a uno gracias a un doblete de Cristiano Ronaldo aunque Carlos Carmona descontó para los sportinguistas. Asimismo, Duje Cop falló desde los doce pasos. Diferente es la realidad del Eibar, equipo que se coloca sexto en la tabla de posiciones con 21 puntos. Desde el comienzo de la competición doméstica, el Sporting utilizó tres sistemas tácticos: 4-2-3-1 (6), 4-4-2 (6) y 5-4-1 (1). En el cambio de dibujo, intérpretes, lesiones y expulsiones, el míster tuvo en consideración a 24 futbolistas. Dos porteros: Pichu Cuéllar y Diego Mariño. Nueve defensas: Lillo Castellano, Jorge Meré, Fernando Amorebieta, Isma López, Jean-Sylvain Babin, Alberto Lora, Douglas Pereira, Juan Rodríguez, Alberto Canella. Siete centrocampistas: Sergio Álvarez, Nacho Cases, Moi Gómez, Víctor Rodríguez, Bürgui, Xavi Torres, Akram Afif y Rachid Aït-Atmane. También, cinco delanteros: Duje Cop, Carlos Castro, Borja Viguera, Daniel Arnau N’Di y Carlos Carmona. 

De acuerdo con los nombres, en la meta dos cancerberos se repartieron en las 13 jornadas. Pichu Cuéllar repitió titularidad desde el debut hasta el cotejo frente a la Real Sociedad. Hasta allí, el experimentado meta encajó 25 goles. Sin embargo, Diego Mariño atajó el último encuentro. La tónica prosiguió, ya que los sportinguistas recibieron dos tantos más. En el lateral derecho, Lillo Castellano fue el futbolista que más se desempeñó aquí completando nueve titularidades. Con menos frecuencia, ante la ausencia de CastellanoAlberto Lora (2) y Douglas Pereira (2) también alternaron. Estos tres hombres encargados de la última línea, además se adaptaron a otras ubicaciones. Lillo y Lora se cambiaron de lateral, mientras que Douglas funcionó como extremo derecho. En la dupla central, quien se inclinó en la zaga hacia la derecha: Jorge Meré. El juvenil, repitió ocho titularidades desde la derecha y dos por la izquierda. A su lado, Fernando Amorebieta reiteró en el inicial. El de raíces vasco-venezolanas, alineó diez veces en la zaga zurda. Juan Rodríguez y Babin, aparecieron contadas veces en el centro de la defensa. El primero, solo la derecha y el segundo, en ambas. La retaguardia se completa con el lateral izquierdo. Además de las esporádicas apariciones de Lillo y Lora, Isma López ocupó la mayor parte de la plaza: ocho partidos de titular. Incluso, en dos jornadas cumplió el rol de volante por ese sector. Ante las ausencias de López, Canella formó parte del equipo titular en tres oportunidades, marcando punta izquierda. 

Centrocampistas con omnipresencia

Siguiendo el 4-2-3-1, en la zona de medios el volante que se ubicó en el extremo derecho: Moi Gómez, aunque quien también estuvo fue Víctor Rodríguez. Este último, más tendiente hacia el centro como mediocentro ofensivo, en cinco oportunidades y en menor medida, Xavi Torres (una vez). En el extremo izquierdo Burgüi alineó cinco veces y Akram Afif, una. Estos centrocampistas polivalentes, destacaron en otras zonas: Moi Gómez estuvo en la banda izquierda, Burgui y Afif en el mediocentro ofensivo. Los recientemente mencionados, se acoplaron al 4-4-2 y volvieron a demostrar su adaptación al sistema. Moi,  se colocó asiduamente en las dos bandas. Lo mismo, Víctor Rodríguez. Burgui, solo en la izquierda y Afif, en ambos costados.    El doble pivote se reiteró en el 4-2-3-1 y 4-4-2. Sergio Álvarez y Nacho Cases, ganaron en frecuencia. El primero, diez veces de doble ‘5’ derecho y tres por la izquierda. El segundo, nueve por la zurda y uno desde el eje diestro. Moi Gómez, asimiló el doble pivote derecho. Xavi Torres, alternó en las dos posiciones. Y ante la ausencia de Álvarez o Cases, Aït-Atmane irrumpió en el eje. En ataque, no faltó Duje Cop. El ex del Málaga, fue titular en todos los compromisos ligueros del Sporting desempeñándose en el ariete. Carlos Castro, Borja Viguera, N’Di y Carlos Carmona, funcionaron como alternativa. A su vez, con la presencia de dos hombres de ataque en el 4-4-2, primaron Viguera-Cop.

Un Sporting osado

El último sábado, el Real Sporting visitó el Santiago Bernabéu. En la capital española y contra un pronóstico negativo a domicilio (cinco derrotas y dos empates), el equipo de Abelardo Fernández plantó una imagen noble frente a los de Zinedine Zidane. Pese a perder el encuentro por dos a uno, los rojiblancos cumplieron un papel más que aceptable. Para arrancar, el míster optó por un sistema que a priori aparentaba resguardado: 5-4-1. En la primera parte, se observaba al combinado visitante con dificultades para efectuar el primer pase. Allí, el balón salteaba el doble pivote: Sergio Álvarez y Aït-Atmane. Como el cuero no tenía una salida clara, la elaboración se hallaba inexistente. Además, el Real Madrid se encontraba cómodo en el encuentro porque Luka Modric le ofrecía el primer pase para empezar a hilvanar y rodar con eficacia. Así, en un abrir y cerrar de ojos, los locales se aventajaron por dos goles sin brillar. Por eso minutos, los asturianos acumulaban gente en 40 metros, pero no eran intensos a la hora de comprimirse, dejaban recibir, la presión resultaba fuera de tiempo y la apertura por los costados generaba peligro. Tanto Danilo (derecha) como Nacho (izquierda), se añadían al tándem que configuraban junto a Cristiano o Lucas Vázquez.

La diferencia de dos goles, fue el punto de inflexión. A partir de allí, el Sporting empezó a pasar el balón sencillo para acrecentar su confianza. Las pinceladas individuales de Moi Gómez por la izquierda y Carlos Carmona en la derecha, paulatinamente animaron al colectivo. Esos intentos de pases o desbordes, fueron el puntapié. Gómez, interpretaba óptimamente el recorrido de banda que debía hacer. Se retrasaba cuando el equipo tenía que recuperar en una especie de 6-3-1, junto a los tres centrales: Douglas (lateral derecho), Lillo Castellano (stopper derecho), Jorge Meré (líbero), Amorebieta (stopper izquierdo) e Isma López (lateral zurdo). Automáticamente en ofensiva, se vislumbraba un 3-5-2 ó 3-4-3. Los laterales, sobrepasaban a la medular y los volantes eran extremos. 

Una vez que la presión del equipo asturiano adquirió eficacia y empezó a ‘ensuciar’ el primer pase de Modric, con la intención de pugnar por la posesión el Sporting se sintió más cómodo. Los pases del conjunto blanco se sucedían con más dificultad y por el contrario, los visitantes circulaban más hacia los costados. El primer pase rojiblanco, no fue más hacia la zona central de la defensa ni tampoco en los laterales, sino por delante de esta línea. Así llegó el descuento, presión alta, intercepción de un pase desde el tercio superior, el lateral por la izquierdo ocupando la posición de extremo izquierdo (Isma López) y el volante por el costado derecho aunque haciendo más de mediocentro ofensivo lanzó una diagonal al corazón del área para definir como ‘9’ (Carmona).  Así, a medida que transcurrían los minutos, la presión era más colectiva, en bloque. En este aspecto, el Gijón colocaba a Carmona de extremo derecho, Cop por el centro y Víctor Rodríguez olvidaba que era doble pivote para ir encima de Danilo. Pero, cuando el Madrid sorteaba esta línea y en la conformación de sociedades por las bandas (Danilo-Lucas Vázquez y Cristiano/Nacho), el Sporting sufría el dos contra uno porque le tomaban las espaldas a Moi y Carmona.

Por otra parte, en el segundo tiempo la salida de balón se optimizó. Entonces, los sportinguistas diagramaban un 2-4-4. Definitivamente, los laterales se desempeñaban por la zona medular y los volantes adelantaban su posicionamiento. El balón, pasó más por los pies del eje y quien no encontraba un juego cohesivo era el Madrid. Desde Diego Mariño, en la medida de sus posibilidades el Real Sporting jugaba en corto desde atrás. Realizaba triangulaciones en cada sector del campo. Sus futbolistas, tenían una dinámica de movimiento insistente para no otorgar referencias al adversario. Por ejemplo, Douglas arrancaba de lateral pero terminaba como un extremo. Del mismo modo el omnipresente Carmona, volante derecho, mediapunta, mediocentro ofensivo y hasta delantero. Moi actuaba de lateral-volante, ayudaba en la elaboración, contribuía en la recuperación, se soltaba como extremo. Así, todo el colectivo.

El 4-4-2 estaba más marcado porque Lillo Castellano se desplazaba hacia el lateral derecho, Meré-Amorebieta eran la zaga e Isma López estaba de lateral izquierdo. Douglas y Moi se posicionaban en las bandas, permaneciendo dentro Sergio Álvarez y Aït-Atmane. Finalmente, Carmona y Cop eran los delanteros. Eso sí, una vez que perdían el cuero era 5-4-1. También más necesitado del empate y con el margen de tiempo más acotado, se vislumbró un 3-2-5. Los ingresos de Víctor Rodríguez, Nacho Cases y Borja Viguera, determinaron la fisonomía asturiana. Rodríguez flotando en el mediocentro, Cases en el doble pivote y Viguera en el doble nueve con Cop. Además, Douglas y López se añadían por los costados. En síntesis, el Sporting de Gijón mientras juegue como lo hizo ante el Real Madrid en la segunda parte, será más peligroso que si actúa más parecido al de los primeros 20 minutos, en donde le costó hilvanar, acumuló hombres en defensa sin orden y se le vio sin un primer pase a destino, carente de elaboración.