Volver después del éxito

Los culés se encuentran en el período de transición después de una década inolvidable en la que consiguieron tres Champions. Últimamente las políticas del club, el cambio de entrenador y la pérdida de confianza se erigieron en un presente adverso. ¿Cómo coexistir después de Guardiola? ¿Reinventarse e innovar o regresar a los principios de la cantera?

Volver después del éxito
Los de Luis Enrique, sin respuestas futbolísticas. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.

El Fútbol Club Barcelona atraviesa un momento de irregularidad desde que empezó la temporada. Comúnmente, los triunfos tapan cuestiones que no todo el mundo observa con elocuencia. Por eso el comienzo satisfactorio del 2017, opacó a lo anteriormente ocurrido: la inconstancia de los primeros meses de competencia en donde los culés se mostraban eficientes ante los más débiles hasta cierto punto, ya que el Alavés provocó un cimbronazo en el Camp Nou, el Málaga se aferró al empate en la ciudad condal ejemplifican la carencia colectiva. Asimismo este recrudeció en los partidos de más calibre, que son los menos y aquellos en donde no ha dado la talla: contrincantes a los que asiduamente el Barça no pasaba apuros para vencerles (Manchester City, PSG) y otros viejos conocidos (Real Madrid, Atlético de Madrid). Lo concreto es que el patrón se reitera.

Entre el tridente y el individualismo 

A partir la segunda temporada con Luis Enrique, el equipo no fue más que una mera isla. Las individualidades le ganaron la pulseada al colectivo: “Ningún hombre hace el camino solo. Lo que me pongo en la vida de los otros me regresará y nadie va a ningún lado acompañado de la soledad. En esto nos encontramos juntos”. El entrenador de baloncesto Phill Jackson se lo remarcó en más de una oportunidad a Michael Jordan, que no le quería máximo anotador sino una contribución acorde al colectivo. Igualmente el Barcelona se siente identificado desde el punto contrario a lo que pensaba Jackson, tiene individualidades muy determinantes (el tridente por ejemplo) que no funcionan de sostén desde un respaldo colectivo. Podríamos dividirlo en dos: por un lado el tridente y en el otro los demás, dos esferas de una misma cuestión por separado.

Los rivales festejan, Barça sufre. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.
Los rivales festejan, Barça sufre. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.

Que el Barça no funciona como equipo desde hace un tiempo considerable. Los porqués completan un abecedario de circunstancias. Entre ellas, destacan: la disociación existente a nivel colectivo, la falta de fluidez, la ineficiencia del carril derecho, la inconstancia en el centro del campo, los nuevos fichajes, etc.

Carente de fútbol

Los culés dejaron de ser ese equipo que enamoraba al mundo, sobre todo porque cambió su manera de encarar los partidos. Por estos momentos prefiere ir de tú a tú o golpe por golpe y en la mayoría de los casos no termina sufriendo porque presenta la mejor delantera sudamericana: Messi y Suárez son los máximos anotadores de la tabla histórica de sus respectivos seleccionados, los más influyentes de Argentina y Uruguay. En misma sintonía, Neymar Junior lo es para Brasil. La envidia de cualquier equipo del mundo, conjugar a estas tres fieras del gol. Entonces al Barcelona le alcanza con hacer un partido discreto, porque sobrevive gracias a la eficiencia de los tres mosqueteros.

Sergio Busquets dejó de ser ese brillante mediocentro defensivo que compaginaba el corte con el pase al pie: su versión actual dista de aquél que anuló por completo a Mesut Özil en la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010. Xavi Hernández dejó un hueco que a Iván Rakitic le costó llenar. Cuando ambos coexistieron y el Barça obtuvo el triplete, el croata que nació en Suiza fue uno de los puntales. Tras la partida del catalán a Qatar, el internacional croata se sumió en la irregularidad. Reflejo de ello han sido los intentos de variantes en el interior derecho: André Gómes, Arda Turan, Denis Suárez, Rafinha Alcántara.

Luis Enrique, el objeto de las críticas. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.
Luis Enrique, el objeto de las críticas. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.

Daniel Alves dejó el equipo tras la campaña 2015-2016 y Luis Enrique creyó conveniente no fichar a un futbolista especialista en el puesto o promover algún lateral de la cantera (Sergi Palencia juega en ese puesto y es el capitán del filial) porque contaba con Sergi Roberto, un centrocampista devenido a lateral. Los partidos le jugaron una mala pasada al asturiano, ya que el de Tarragona no siente la marca, pasivo en la intensidad. Eso sí, cuando supera la zona media, denota claridad. Incluso Aleix Vidal en sus últimas prestaciones hasta la lesión frente al Alavés se había ganado la consideración en el lateral: más férreo en el uno a uno y goleador en la ofensiva con dos dianas en su haber.

En los últimos años previos a la ventana de fichajes, el Barcelona destacaba por comprar poco y hacerlo de manera selectiva, eligiendo muy bien a quienes contratar. En este curso, Samuel Umtiti, Denis Suárez, André Gómes, Paco Alcácer, Lucas Digne y Jasper Cillessen arribaron al conjunto blaugrana. Para colmo, el Barça desembolsó más de 100 millones de euros en todos ellos, siendo el francés Umtiti quien ha encajado mejor. Los demás oscilan entre la titularidad y la suplencia, parecen no haberse adaptado aún. La actuación de Gomes ante el PSG se llevó todas las críticas. Además del portugués, Umtiti fue titular.

Anteriormente, los culés priorizaban la calidad en las contrataciones, una circunstancia que ha dejado de ser así. Asimismo se priorizaba sobre todo a la cantera del club. Desde que es entrenador del Barça, Luis Enrique promovió a los siguientes futbolistas de las inferiores: Munir El Haddadi, Sandro Ramírez, Sergi Samper, Edgar Ié, Jordi Masip, Alen Halilovic, Gerard Gumbau, Wilfrid Kaptoum Aitor Cantalapiedra, Marlon Santos, Borja López, Carles Aleñà, Marc Cardona. Sin embargo, la mayoría de ellos debió buscar otros rumbos como Sandro, Munir, Halilovic, Samper o Ié.  El lema del club es claro: “La cantera no se toca” (en palabras de su presidente Josep María Bartomeu), pero contradictorio en las decisiones de estos últimos tiempos. Que tan lejos quedó aquél Balón de Oro 2010 en que los tres ternados fueron canteranos del Barça, Messi, Xavi e Iniesta, y en el once ideal figuraban cinco salidos de las inferiores.

Emery aprendió del Barça 

Quedó claro que el Barcelona en los partidos importantes, frecuenta una falencia. Cada vez más asiduamente se le hace complicado sortear a rivales que le presionan alto. En esta campaña: Real Sociedad, Celta de Vigo, Athletic Club, entre otros así como también el PSG se lo pusieron difícil. La suerte estuvo de su lado, hasta el martes precedente. Indudablemente, el conjunto francés le propinó una golpiza táctica que fue para el conjunto catalán un embudo sin salida, una telaraña tendida de las garras de Unai Emery. El ex míster del Valencia, Sevilla y Spartak Moscú entre otros, le dio continuidad a los esbozos que había practicado con los blanquinegres y nervionenses.

El navarro dio cátedra con el PSG. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.
El navarro dio cátedra con el PSG. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.

Convivir con el error, es una prueba de la que el ser humano evoluciona. Le sucedió al entrenador navarro que de tantos disgustos que le produjo caer ante Barcelona, llegó la reivindicación, quizás el punto más álgido de su carrera: borrar al Barça del mapa futbolístico porque realmente aconteció eso en el Parque de Los Príncipes. Sin dos líderes dentro del campo como Thiago Silva y Motta, supo suplirles y hacer de sus relevos un equipo de principio a fin. Una consecuencia de lo que declaró Mascherano en una charla sobre su vida: “Nunca negociar el esfuerzo ni la fe de tus capacidades”. Certeras palabras del jefecito, que se atinaron a lo que es él en la vida y en este deporte, distantes actualmente de este Barcelona y que clarifican en una frase lo que llevó a cabo el conjunto parisino, que confió plenamente en sí mismo y esa mueca de carácter a nivel de equipo, arrasó con toda la maquinaria culé, desmoronada como un castillo de arena, endeble, vulnerable, agrietada.

El Barça se encuentra enfermo, padece la enfermedad del más: “El éxito es a menudo el primer paso hacia el desastre”. Concluidos 15 años de esplendor y vigencia en el máximo nivel del fútbol, un escenario que ya se vivió en más de una oportunidad: lo atravesó Johan Cruyff tras conseguir la tan ansiada Champions de 1992 ante la Sampdoria. Posteriormente, el ‘Dream Team’ llegó nuevamente a la cita máxima frente al AC Milán aunque el equipo que por entonces dirigía Fabio Capello le aplicó un balde helado venciéndole por cuatro goles a cero. Del mismo modo le sucedió a Fran Rijkaard, tiempo después de la segunda UEFA Champions League del 2006. También a Guardiola, tras conseguir dos orejonas entre 2009 y 2011.

El bache, una constante 

Posiblemente los cinco títulos en dos temporadas, aplacaron la exigencia del Barça. Lo que más se remarcó ante el PSG fue esa ambición de equipo solidario y que pregonaba el esfuerzo. Por el contrario un conjunto que baja rápidamente la guardia, sin un recorrido defensivo por parte de los extremos, un problema que ya padeció el Barcelona con Lionel Messi. Rijkaard y Guardiola le colocaron de falso ‘9’ para evitar un desgaste físico importante. A su vez no se vislumbra un acuerdo entre los centrocampistas para cubrir los espacios, efectuar transiciones rápidas y presionar alto. Esto también  tiene un punto que recalca Juancho Armental, psicólogo deportivo: “El objetivo debe ser pretender nuestra mejora, porque si no mejoramos empeoramos. Llegar es difícil. Mejorar tiene lo suyo y es necesario pretenderlo”. Es decir, los azulgranas llegaron a su techo, su margen de mejoría llegó a la cúspide en 2011 momento en que se le consideraba el mejor equipo de todos los tiempos a la par del Ájax de Amsterdam (1965-1973), Brasil de 1970, Santos de Pelé, Real Madrid de Di Stéfano, Hungría de Puskas. 

Messi, el líder azulgrana. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.
Messi, el líder azulgrana. Foto: Juan Ignacio Lechuga-VAVEL-.

Desde 2011 la pendiente de declive se explica también en la pérdida de creer en uno mismo. Arséne Wegner lo sentencia: “Para llegar a tu máximo potencial tienes que eliminar cualquier atisbo de duda”. La incertidumbre, la intranquilidad y la falta de confianza, son algunos de los males que aquejan a este Barcelona. Su cúspide la alcanzó, está en un proceso de estancamiento. Para superar este interregno, necesita innovarse y volver a creer en sí mismo, ser el equipo solidario y mancomunado que le reclaman todos. ¿Cómo conseguirlo? Volviendo a las bases: recuperar la década dorada a través de su fuerte, la cantera y dejar de comprar por comprar. 

El liderazgo, otro drama

Sin dudas tener de capitanes a Víctor Valdés, Carles Puyol, Xavi Hernández y Andrés Iniesta no se vive todos los días. La presencia de cuatro futbolistas salidos de la casa, absorbió e hizo muy amena la presión y adaptación que sufría Leo Messi. Desde sus inicios contar con esta clase de verdaderos campeones y líderes. Evocando a Juan Mateo y Juanma Lillo: "El verdadero líder ayuda a multiplicarse a los miembros de su equipo. No pone luz en la penumbra, sino que descubre sitios que uno ni siquiera sabía que existían. Es una fábrica de ideas".  Singularmente Barcelona perdió esta figura, ahora distribuida en dos futbolistas del actual plantel: Leo Messi y Andrés Iniesta. Particularmente cuenta con estrellas y la diferencia entre ambos radica que la estrella se rompe en cualquier momento, mientras que el campeón o líder ante la dificultad se agranda. Entonces, Barça presenta dos líderes rodeados de estrellas y es quizá por ello que existen diferencias con respecto al tiempo precedente.