Sencillamente inexplicable

El fútbol pertenece al mundo de lo insólito, al realismo fantástico del sí se puede, algo absolutamente inexplicable.

Sencillamente inexplicable
Sergi Roberto, autor del último y definitivo gol | Foto: Champions

Después de la histórica remontada del Barcelona ante el PSG emerge una pregunta por encima de todas: ¿En el fútbol está por encima la táctica (siempre programática), está por encima el componente técnico, quizás el componente arbitral o lo verdaderamente importante es el componente emocional?

La respuesta quizás la tiene Sergi Roberto en sus botas, la mejor demostración de que lo programático en el mundo de la acción, de un fútbol tan imprevisible donde aparece lo inesperado, no tiene mucho sentido, pues en un segundo puede saltar en pedazos cualquier tipo de táctica. Se le puede poner el nombre que se quiera, que Luis Enrique no estuviera a la altura con su planteamiento táctico en París, que Emery hizo lo propio en Barcelona con su ultradefensivo planteamiento y sus discutidos cambios. Se puede decir que del minuto 85 al 95 el PSG dio tan solo cuatro pases y, tres de ellos para sacar de centro tras los goles azulgranas. Se podría comentar que los futbolistas del Barcelona no fueron ni su sombra en la ida y que a los del París les atenazó el miedo en la vuelta. Se puede argumentar que el árbitro fue determinante en algunas decisiones; en esta línea se puede decir ¿Por qué? pero también se podría añadir que hasta que no se acepte que los árbitros pueden ser buenos o malos, que se equivocan tanto como directivos, entrenadores, porteros, delanteros, defensas, periodistas y aficionados, el debate seguirá siendo interminable. Igualmente se puede poner sobre la mesa a todo aquel que considere que las competiciones están adulteradas por una mano negra, dejen de disputarlas y, esto es absolutamente aplicable para todos. Es así de sencillo, pero claro quejarse de los árbitros siempre fue una eficaz manera de condicionar al siguiente colegiado y tanto a los organismos oficiales como al manifiestamente mejorable Comité Técnico de Árbitros.

Se puede y se debe incidir en el superlativo partidazo de  Neymar reclamando el cetro a Leo Messi. Es más el fútbol es tan increíble como para comprobar que Ter Stegen fue tan crucial como Neymar en la eliminatoria, pues en la ida evitó una debacle mayor y, en la vuelta además de sacar un mano a mano a Cavani, fue quien robó el balón, siendo objeto de la falta en campo contrario que luego resultó decisiva. Crucial también por ese amague de Neymar que se comió toda la línea defensiva del PSG y el posterior épico gol de Sergi Roberto. Se pueden también reconocer los errores por parte de todos, los de ambos técnicos, los de sus futbolistas, los de los periodistas, los de los colegiados, los aficionados…

Se puede estar o no estar de acuerdo con la forma de interpretar-evolucionar el estilo del Barça, pero se debe reconocer la labor del técnico asturiano siempre a contramano y mucho más desde la ‘matanza de San Valentín en París’. En el fútbol hay dos opciones, defender o atacar y el Barça atacó hasta el último segundo, al punto de que prácticamente se llevó sin portero casi cinco minutos  en el final de locura del partido. Un partido que fue un auténtico tratado de semiótica, que será analizado desde la semiosis sintáctica y verbal, pero que posiblemente sea más entendible desde la semiosis natural y la semiosis popular, desde el estudio de ese lenguaje de signos que apuntaron al milagro por parte azulgrana y al pesimismo por parte parisina.

Desde el 8 de marzo de 2017 se puede asegurar que siete minutos en fútbol son suficientes para obrar un milagro,  y se puede decir que independientemente de si el Barça es eliminado en las próximas eliminatorias o acaba ganando la Champions, ha vuelto a hacer historia porque hasta ahora nadie consiguió la citada gesta. Se pueden desarrollar cien mil debates, pero de lo que no cabe duda es que viendo y experimentando lo experimentado (una vez más), sería saludable reconocer abiertamente que después de tantos años viendo y disfrutando del fútbol, el 99% de aficionados y periodistas no tienen (tenemos) ni idea. En la obra “Apología de Sócrates” de Platón, este dejó plasmada la legendaria frase de su maestro “Solo sé que no se nada y, al saber que no sé nada, algo sé; porque sé que no sé nada”. Reflexión absolutamente aplicable a este tipo de acontecimientos deportivos. De lo único que no hay lugar para la duda es que el componente emocional de este deporte es sencillamente mágico, por eso es diferente y eso siempre irá muy por encima de todo tipo de análisis, bufandas y colores. Sencillamente porque el fútbol pertenece al mundo de lo insólito, al realismo fantástico del sí se puede, algo absolutamente inexplicable.