La calidad venció a la pizarra

La calidad del Sevilla se impuso a la táctica del Leganés. Jugadores que sabían de la importancia del compromiso y que lo darían todo durante los noventa minutos. Y así fue. Finalmente la calidad individual y la efectividad hispalenses vencieron a un cuadro 'pepinero' que nunca le perdió la cara al partido.

La calidad venció a la pizarra
Amrabat en una disputa del balón con Franco Vázquez | Foto: CD Leganés - APO CABALLERO

La idea del Leganés fue clara durante los noventa minutos: abrir el campo. Navas y Escudero eran unos auténticos correcaminos acechando la meta que defendía Champagne y por lo tanto quedaba carretera libre para la contra del Leganés. Amrabat no tardó en darse cuenta de eso y se puso el disfraz de espartano para luchar contra todo aquel que pasase por medio. Se notó la falta de compensación entre las bandas porque El Zhar por el franco derecho no estuvo tan activo y todo el rato los de Garitano volcaban el juego por la izquierda, algo previsible para la zaga de Nervión.

Otra consigna del Leganés, era la de cerrarse bien ayudando en los repliegues. Gabriel jugó mas retrasado que Eraso y esto hizo que fuese aún más la dureza 'pepinera' cuando Javi bajaba a defender. Amrabat y El Zhar frenaron bien las acometidas del Sevilla porque Navas y Escudero fueron incansables. También a destacar la presión en la primera zona del campo de los de Montella. Beauvue y Eraso formaban pareja arriba cuando presionaban formando un 4-4-2, y si en ese primer pase eran superados, tocaba volver rápido hacia atrás para evitar cualquier duda de contragolpe.

Hablando también de la táctica, cuando en la segunda parte el resultado seguía uno a cero a favor de los locales, fue significativo las órdenes de Garitano al recién incorporado Raúl García. Entró por El Zhar y quería que desde ese momento, todo fuesen centros para que algún jugador 'pepinero' rematase y le diese la igualada al marcador. Al ver Garitano que le faltaban centímetros buscó la épica de una forma que poca gente se preveía. Mantovani, que había sido padre en el día anterior y que viajó el mismo día a Sevilla, fue el tercer cambio del equipo. La consigna era clara, dejar una defensa de tres y poner a Mantovani arriba para que rematase todo lo que pasara por su zona. No fue efectivo y en una contra Franco Vázquez sentenció el partido. No pudo ser pero Garitano no dejó de intentarlo con todas sus variantes.