FC Barcelona: simpatía por el diablo

La afición realista ha profesado simpatía por el club catalán a pesar de varios sucesos durante la historia de ambos clubes.

FC Barcelona: simpatía por el diablo
Rivas avanzando con el balón ante la presión de Messi. Foto: Twitter Diego Rivas

No es fácil conocer el origen de muchas de las simpatías o antipatías de los aficionados de la Real Sociedad. Es indiscutible que el gran rival es el Athletic, el vecino incómodo, siempre acechante y dispuesto a aprovecharse del buen trabajo hecho en Zubieta. Tras los leones, en el escalafón de equipos más deseados por la afición de la Real vienen los dos grandes de la liga española, equipos con los que el aficionado txuriurdin ha mantenido históricamente una relación muy diferente.

El Real Madrid ha sido siempre el equipo más odiado por estas tierras y, durante años, han sido muchos los que han deseado ser “más altos que el pirulí”. A la habitual tensión política entre Madrid y el País Vasco, los blancos han sabido contribuir siempre con la presencia entre sus filas de algún jugador con una capacidad especial para atraer la ira de toda la afición rival. Fueron muchas las gargantas txuriurdines que se desgañitaron insultando incansablemente a Di Stefano, igual que lo harían después con Juanito, Hugo Sánchez, Michel, Guti o Cristiano Ronaldo. Los merengues llegaban, cabreaban y, generalmente, vencían, hasta conseguir que, durante décadas, ser de la Real y odiar al Madrid hayan sido dos cosas que han ido casi inseparablemente unidas.

La relación del aficionado guipuzcoano con el Barcelona ha sido, en cambio, bien distinta. Si a lo largo de la historia ha habido algún equipo al que se pueda considerar la bestia negra de la Real, ese debería ser el club catalán. Sin embargo por estas tierras siempre se le ha tratado con cierta simpatía y se le han perdonado todos sus excesos.

Si la Real no tiene un palmarés más lucido en la Copa del Rey es, en gran parte, por culpa del Barcelona. Cuatro veces se han enfrentado los donostiarras a los culés en la final de esta competición y en las cuatro el trofeo ha terminado camino de Cataluña. En 1913 hicieron falta tres partidos para que el Barcelona se impusiera a la Real de los Agustín Eizaguirre, Arrate, Machimbarrena o Artola. Quince años más tarde los txuriurdines volvían a una final y, una vez más, los culés se imponían después de tres partidos heroicos que recordaba muy bien el poeta Gabriel Celaya:

Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras
que luchaban entonces contra la rabia ciega
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.

En 1951 la Real de Benito Díaz disfrutaba de una nueva época gloriosa gracias al regreso de Eizaguirre o Epi y volvieron a alcanzar la final de Copa. Pero esta vez fue el Barcelona de los Ramallets, Cesar o Kubala quien los dejó a las puertas del título. Igual que ocurriera en 1988 cuando un solitario gol de Alexanco dejó helados los ánimos de todos los aficionados donostiarras. Cuando la Real se ha encontrado con el Barcelona en semifinales o cuartos de final, el resultado también ha terminado siendo favorable a los culés. Por el contrario, las dos veces que los donostiarras han alcanzado la final de Copa y el rival no era el Barcelona (una de ellas participando como Club Ciclista), el título ha terminado en las vitrinas del club donostiarra.

Si la costumbre de poner fin a los sueños coperos realistas no fuera suficiente para sentir antipatía por el Barcelona, se le añade también que los culés han acostumbrado a fijarse en los jugadores txuriurdines para reforzar su plantilla. En 1975 ficharon a Peio Artola y, siete años más tarde, fue Periko Alonso quien se marchó al Camp Nou.

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Periko Alonso con el FC Barcelona Foto: Imago

En 1995 el Barcelona volvía a aprovechar su mayor capacidad económica para llevarse a Meho Kodro y, no hace muchos años, fue el chileno Bravo quien se dejó seducir por la grandeza de los culés. Pero fue en 1988 cuando el Barcelona asestó el golpe más doloroso a la Real al llevarse de golpe a Bakero, Txiki y Rekarte y anticipar el cambio de política que se concretó, un año más tarde, con el fichaje del inglés John Aldridge.

Los culés han acumulado a lo largo de la historia razones para la antipatía de los txuriurdines, pero las emociones no entienden de hechos objetivos o de frías estadísticas. Por muchas finales que ganen y muchos jugadores que se lleven, en Anoeta las mayores pitadas, los recibimientos más hostiles, siempre van a estar reservados para el Real Madrid. Al fin y al cabo, a pesar de los Cruyff, Messi o Maradona, a la Real no se le ha dado tan mal ganarle al Barcelona.