Cierre de Champions con regusto amargo

El Sevilla confirmó en Maribor su presencia para octavos de final gracias a la goleada que le endosó el Liverpool al Spartak. Los nervionenses lograron empatar un partido que dominaron estérilmente en su totalidad.

Cierre de Champions con regusto amargo
Escudero controla el balón ante la atenta mirada del defensor // Foto: SFC

Lo importante se consiguió. El Sevilla estará por quinta vez en los octavos de la máxima competición europea y por primera vez lo hará por segunda temporada consecutiva (cuatro veces como Champions y una como Copa de Europa), pero el equipo dejó otra vez malas sensaciones a su afición. Todos estarán contentos por el pase a octavos, aunque hay parte que exige que un equipo de la categoría del Sevilla no puede empatar en Eslovenia ante un equipo como el Maribor.

El partido solo tuvo un color y ése fue el blanco. El conjunto local se adelantó a los 10 minutos y tuvo alguna otra ocasión de peligro en la primera mitad, por lo demás, los visitantes tocaron y tocaron la pelota pero sin conseguir ninguna buena ocasión durante la primera mitad. La entrada de Ganso en los últimos 30 minutos fue clave para que el equipo generara peligro de verdad. Él fue el artífice del gol del empate, bueno, el brasileño y Handanović que dejó que la pelota le pasara por debajo. Así, los blancos consiguieron rascar un punto en la fría noche eslovena y no regresar a Sevilla con la mochila vacía.

Otra vez Ganso

El aficionado sevillista lleva reclamando más minutos para el brasileño desde hace tiempo y, salvo en los partidos de Copa, no se le ha visto el pelo. Por ello, no sorprendía a nadie su ausencia en el once titular que presentaba Marcucci. El Sevilla salió de inicio con Pizarro, Banega y Krohn-Dehli en el medio del campo. La inclusión de Éver mostraba que el Sevilla no venía a especular con el resultado, en un principio. El argentino junto a Mercado y Escudero eran los jugadores que estaban apercibidos de sanción para la ida de octavos si veían una cartulina amarilla que por suerte no vieron.

Dejando el gol del Tavares aparte que fue simplemente un reflejo de la pasividad de la defensa a la hora del centro que remató en el segundo palo completamente solo, los nervionenses mantuvieron una estéril posesión de balón. El Maribor solo quería acabar con el mejor resultado posible su participación en Champions y, por ende, no iba a arriesgar. El gol fue un regalo que supieron aprovechar para encerrarse atrás como si ese gol les diera el pase a octavos de Champions o los clasificara como terceros y fueran a la Europa League. Los visitantes por mucha posesión de balón que acumularon no supieron generar ocasiones buenas en la primera mitad. No sabían cómo penetrar la última línea enemiga que se alineaba en la frontal de área y casi todos los pases que metían entre líneas acababan en nada. La desesperación era latente, sobre todo en Banega que no entendía como sus compañeros no se movían para generar más líneas de pases y con ello poder originar alguna ocasión decente.

La segunda mitad si arrancó con otra cara y parecía que el Sevilla lograba conseguir que ese último pase funcionara, pero el gol no llegaba y el tiempo pasaba. En el minuto 59 Marcucci decidió cambiar a Krohn-Dehli para meter a Ganso. El danés no consiguió abrir espacios en el tiempo que dispuso, pero su sustituto logró lo que su equipo necesitaba, ocasiones. Nada más entrar él el partido cambió, dio ese plus de intensidad para lograr que el equipo fuera capaz de generar peligro en menos tiempo. La visión de juego del brasileño se complementaba a la perfección con la de Banega, era un partido idóneo para el ex de São Paulo, ya que ese ritmo lento de partido le viene bien. En el 75´logró el gol del empate y unos minutos después tuvo cerca el segundo tras un gran centro de Navas.

Las estadísticas de la UEFA dicen que el Sevilla tuvo un 69% de posesión y un 90% de precisión de pases dando 774 correctos de 856. Una vez más la posesión importó poco porque en el fútbol mandan los goles y no el jugar mejor o peor. Si los nervionenses quieren dar guerra en octavos y el sábado en el Bernabéu deberán de darse cuenta de esta circunstancia.

Krohn-Dehli, que fue sustituido por Ganso, es presionado por Suler // Foto: SFC
Krohn-Dehli, que fue sustituido por Ganso, es presionado por Suler // Foto: SFC

La actitud

Un jugador puede ser mejor o peor, tener más calidad o menos, pero siempre tiene que dar el 100%. Es una máxima que se puede aplicar a cualquier deportista. Y esta actitud es la que algún que otro jugador le falta en el Sevilla. Todo lo contrario que a Ganso y Borja Lasso, que en los pocos minutos que disputan muestran sus ganas de participar y ayudar al equipo dándolo todo el campo. Sin embargo, hay jugadores que muestran su dejadez en algunos partidos puntuales o durante casi todos los partidos.

Joaquín Correa es la muestra de esta falta de actitud. Nadie puede negar que calidad le sobra, pero ¿de qué sirve esa calidad si no se aprovecha? Pues no sirve para nada y no será porque el joven jugador argentino no tenga minutos para demostrar su potencial. Es un asiduo en las convocatorias y suma 962 minutos entre todas las competiciones. Salvando algunos partidos, en la mayoría el nivel mostrado deja mucho que desear. Todo el que viera el partido de Maribor sabrá el por qué. Jugó al trote durante todo el encuentro y cada vez que le llegaba el balón ralentizaba el ritmo de juego que, aunque no fuese un ritmo alto, no era necesario hacerlo más pausado. Otras tantas veces logró perder el esférico ante la mínima presión y a esto hay que añadir la poca ayuda a la hora de presionar que hacía. En el gol no ayuda a Escudero a cubrir bien la banda y a la hora de presionar la salida de balón de los eslovenos se encontraba en tierra de nadie. En sus manos está el saber aprovechar las oportunidades que tiene, pero de momento el tiempo pasa y la afición no va a estar esperando eternamente.

En líneas generales también se puede hablar de falta de actitud. La del Sevilla ayer fue bastante cuestionable y debe dar gracias el equipo a que el Maribor no quería la pelota y por ello la sensación de desazón era menor. Fue otra muestra de que el Sevilla no quiere competir, al menos durante todo el partido. Con los partidos aún recientes de Liverpool y Villareal donde el equipo demostró que el equipo cuando quiere puede arrasar, pero en Maribor fue otra cosa bien distinta. En esta ocasión no fue acribillado por su rival, pero no demostró la entereza que se le presupone para poder mostrar su calidad y hacer sufrir algo menos a su fiel hinchada. El sevillista se sigue preguntando: el día que el equipo compita de verdad los 90 minutos, ¿cuál será su techo?

Mientras tanto a seguir esperando a que el equipo, en general, cambie su mentalidad a la hora de afrontar los partidos y en los casos individuales habrá que seguir la misma consigna, ya que los individuos forman parte del colectivo. El Madrid es un buen pedrusco para que el equipo demuestre si quiere y puede.