¿Quién marca el 'tempo' en Gijón?

A pesar de que los resultados no están siendo del todo negativos, el juego del Sporting de Gijón deja aún mucho que desear. Paco Herrera es consciente de ello, sin embargo no dispone de un organizador puro, de un hombre capaz de hacer bailar al equipo al son de sus pases, que pueda dar la vuelta a la situación con su fútbol.

¿Quién marca el 'tempo' en Gijón?
¿Quién marca el tempo en Gijón? // Imagen: Onely Vega - VAVEL

Muchas son las carencias que el Sporting está demostrando en este inicio de temporada. En Gijón todo el mundo se había ilusionado con la construcción de una plantilla de garantías que, capitaneada por un técnico curtido en mil batallas como Paco Herrera, permitiese regresar por la vía rápida a Primera División. Sin embargo, el juego de los asturianos está aún muy lejos del que se espera de uno de los pesos pesados en la categoría de plata. Es cierto que a nivel de puntuación las cosas no van del todo mal (solo tres puntos separan al conjunto rojiblanco del líder de la categoría, la Sociedad Deportiva Huesca) pero, en un club como el Sporting, donde la exigencia es máxima, ese "podría ser peor" no es, ni mucho menos, un argumento válido.

Los despistes defensivos son una constante en las últimas jornadas, el puesto de 9 ha ido rotando por todos los delanteros de la plantilla sin encontrar un dueño fijo y, lo que es aún más preocupante, no parece haber una idea de juego clara, un plan, una estrategia. Cada vez que los gladiadores rojiblancos saltan al césped se genera cierta atmósfera de inseguridad, de incertidumbre, de no saber lo que va a ocurrir en la siguiente jugada. Pura improvisación. Todos estos males, en mayor o menor medida, vienen motivados por la falta de un referente en el centro de la cancha. Un futbolista con personalidad, que asuma galones y que se apodere del cuero para moverlo con criterio. Uno de esos "jugones" que nutra de buenos pases a los atacantes y que, al mismo tiempo, se ponga el mono de trabajo cuando sea necesario para echar una mano a sus compañeros en la salida de balón. Gijón no tiene brújula.

Viene de lejos

Las carencias que se pretenden analizar en estas sencillas líneas no son nada nuevo a la vera del Piles. Para ser exactos, se remontan a la temporada pasada. A pesar de cuajar un excepcional arranque liguero, el Sporting de Abelardo se fue descomponiendo poco a poco con el paso de las jornadas. La fragilidad defensiva y, sobre todo, la falta de una idea clara de juego, motivada en gran medida por la ausencia de un organizador nato en el centro del campo, condenaron al Pitu y, con él, al Sporting. Con Rubi y, sobre todo, con la llegada de Mikel Vesga en el mercado invernal, el equipo trató de levantar cabeza. Ya era demasiado tarde…

Mikel Vesga durante una sesión de entrenamiento el pasado curso // Imagen: Diego Blanco - VAVEL
Mikel Vesga durante una sesión de entrenamiento el pasado curso // Imagen: Diego Blanco - VAVEL

Como las desgracias nunca vienen solas, tras confirmarse el descenso, el talentoso mediocampista vitoriano regresó a la disciplina del Athletic Club, de donde había llegado en calidad de cedido. Para más inri, la decisión de Nacho Cases de abandonar el Sporting después de toda una vida dedicada al rojo y al blanco no hizo más que agravar el problema. Cierto es que el canterano no había disfrutado de la continuidad necesaria para consolidarse en Primera, no obstante, en Segunda, podría haber vuelto a ser una de las piezas claves en el juego del equipo, como ya lo había sido en el famoso ascenso del Sporting de los guajes.

Una nueva oportunidad

El Sporting volvía a quedarse sin timonel. Era el momento de iniciar un nuevo proyecto que permitiese regresar cuanto antes a la élite del fútbol español. La dirección deportiva, liderada por Miguel Torrecilla, se puso entonces manos a la obra en busca de ese perfil tan concreto de futbolista. Un perfil que no abunda precisamente en el mercado y que, sin duda, cotiza al alza. Una misión nada sencilla para empezar. Iban a ser meses de mucho ajetreo en las oficinas de Mareo…

A mediados de agosto, tras el clásico sinfín de rumores veraniegos, por fin se cerraba el nombre del llamado a ser nuevo guía del juego rojiblanco. Álex López, de 29 años y que recientemente se había desvinculado del Celta de Vigo, era el elegido. Un hombre de absoluta confianza para Herrera, que ya le había tenido a sus órdenes en Vigo y en Valladolid.

Álex López se ejercita en Mareo // Imagen: Diego Blanco - VAVEL
Álex López se ejercita en Mareo // Imagen: Diego Blanco - VAVEL

¿Todo parecía resuelto, verdad? Las piezas encajaban, al menos teóricamente, y la plantilla parecía estar lo suficientemente compensada como para afrontar con garantías de éxito la campaña del regreso al infierno de la Segunda División. ¡Nada más lejos de la realidad! Las semanas pasaban y Álex López no conseguía alcanzar el tan necesario ritmo competitivo. Tanto es así que su participación en el equipo estaba siendo prácticamente testimonial hasta que se produjo la lesión que, a día de hoy, le mantiene "fuera de juego".

Pura improvisación

La gota que colmó el vaso llegó el pasado fin de semana, en el encuentro que midió al Sporting de Gijón con el Real Valladolid. Sergio Álvarez, la navaja multiusos en el centro del campo, sentía un pinchazo en su gemelo derecho y se retiraba lesionado del calentamiento. Daba así comienzo uno de los experimentos más controvertidos desde que Herrera tomase las riendas del equipo. El lugar del avilesino en el verde lo ocuparía Rober Canella, mientras que de la grada al banquillo pasaría Rachid, futbolista que aún no había disputado ni un solo minuto en el presente curso. Hasta aquí, (casi) todo normal.

¿Cómo es posible que un futbolista que se había "quedado en casa" por decisión técnica pase, casi por arte de magia, a ser la llave para desatascar un partido que se había puesto cuesta arriba?

Con el paso de los minutos, el técnico catalán se dio cuenta de que el cuadro pucelano estaba siendo muy superior en el centro de la cancha. ¿La solución? Pasar a Isma López, un extremo reconvertido a lateral, a la posición de mediocentro junto a Álex Bergantiños. Las caras de los casi 20.000 sportinguistas que se daban cita en El Molinón eran un auténtico poema. Nadie se podía creer lo que estaba viendo.

Ya en la recta final del choque, con el empate campeando en el electrónico del municipal gijonés, Herrera daría entrada a Rachid. Llegados a este punto es importante recordar que hacía apenas una hora el argelino ni siquiera estaba convocado. ¿Cómo es posible que un futbolista que se había "quedado en casa" por decisión técnica pase, casi por arte de magia, a ser la llave para desatascar un partido que se había puesto cuesta arriba? Incomprensible, se mire por donde se mire.

La solución está en casa

Como es lógico, en la rueda de prensa posterior al encuentro, Herrera fue cuestionado por este cúmulo de polémicas decisiones. Muchos interrogantes y pocas respuestas. Históricamente, cuando el Sporting pasa por apuros de este tipo, es cuando suele mirar hacia abajo, hacia la cantera que tantos éxitos le ha dado.

La solución está, una vez más, en Mareo, y es que el filial sportinguista está cuajando un espectacular arranque liguero en el grupo II de Segunda División B, compitiendo de tú a tú con históricos del fútbol nacional como el Racing de Santander o el Mirandés. Nacho Méndez y Cris Salvador, dos de los principales artífices del buen momento por el que atraviesa el Sporting B, son los amos y señores del centro del campo y perfectamente podrían desempeñar el rol de organizador en el primer equipo. ¡Blanco y en botella! Solo hace falta que Herrera se decida a darles la alternativa…

La solución pasa por Mareo // Imagen: Onely Vega - VAVEL
La solución pasa por Mareo // Imagen: Onely Vega - VAVEL