Una década después, ¿misma situación?

A tan solo unos meses de su décimo aniversario, en VAVEL hemos querido recordar el ascenso del Sporting de Preciado y, de este modo, comparar aquel momento con el que vive actualmente el equipo.

Una década después, ¿misma situación?
Manolo Preciado mira al cielo en plena celebración del ascenso | Imagen: La Nueva España

15 de junio de 2008. Esta fecha siempre será recordada entre los aficionados del Sporting de Gijón, quienes después de diez años en la oscuridad de la liga de plata, pudieron ver de nuevo a su equipo codearse con los mejores conjuntos del fútbol español. Un momento de felicidad y euforia que tiene su explicación en el éxito de un hombre: Manolo Preciado. El difunto exentrenador del Sporting era el encargado de dirigir a ese grupo de jugadores, una piña que disfrutaba sobre el terreno de juego y hacía las delicias de la grada. La comunión entre afición y equipo era total, quienes formaban un bloque difícil de franquear en cada una de las citas que se presentaban en el camino.

A cuatro meses de cumplirse una década de esta gesta, el conjunto gijonés vuelve a estar en un trance parecido, con el equipo en Segunda División, y en plena lucha por hacerse un hueco entre los mejores. Sin embargo, ni las sensaciones ni el juego de la plantilla acaban de ser del todo convincentes. El Sporting se encuentra en la novena posición de la tabla, a tres puntos del rival que marca el último puesto de la zona de playoff. Una situación que llama a la preocupación y que sorprende al entorno del club, ya que se esperaba un mejor rendimiento de la plantilla confeccionada para el reto del ascenso. Ante este cúmulo de circunstancias, la pregunta es: ¿podrá este Sporting rendir tributo diez años después al logrado por Preciado? 

El inicio de un proyecto

Tras la marcha de Ciriaco Cano como entrenador del Sporting al término de la temporada 2005/06, el conjunto rojiblanco buscaba un nuevo entrenador que se hiciera cargo de las riendas del equipo. El elegido sería Manolo Preciado, un entrenador poco conocido en Gijón, pero con una dilatada experiencia profesional en otro frentes. El ascenso a Primera División, logrado con el Levante en el curso 2003/04, partía como el principal baluarte para la contratación del preparador montañés. En pleno desánimo por el desastre institucional y deportivo, el técnico cántabro llegaría con la intención de devolver la ilusión y la alegría al ambiente sportinguista.

Manolo Preciado da indicaciones en un entrenamiento en la temporada 2006/07 | Imagen: Mundo Deportivo
Manolo Preciado da indicaciones en un entrenamiento en la temporada 2006/07 | Imagen: Mundo Deportivo

Con el entrenador de El Astillero aterrizarían varios hombres que serían importantes en el futuro cercano del club, como David Barral o Diego Castro. En la primera campaña de Preciado, el equipo finalizó la temporada en el duodécimo puesto, una posición mediocre que serviría de antecedente para asentar las bases de lo que vendría después. El conjunto gijonés había comenzado el curso de una manera irregular, con muchos altibajos que le llegaron a colocarse alguna jornada aislada en puestos de ascenso. Sin embargo, una dinámica negativa de resultados al inicio de la segunda vuelta provocó una bajada radical en la clasificación, que se normalizaría en las jornadas finales para establecerse en la mitad de la tabla.

La élite llamaba a la puerta del Sporting

Los resultados en la primera temporada con Preciado no habían sido tan beneficiosos a primera vista, pero el trabajo del técnico cántabro estaba oculto, cocinado a fuego lento para el próximo disfrute de la parroquia gijonesa. En la campaña 2007/08 llegaría por fin la gloria a Gijón. En el periodo veraniego, el club se había reforzado con Mate Bilic, que ya había estado en la entidad, Kike Mateo o Iván Hernández, jugadores que darían ese "plus" al Sporting para llegar a lo más alto. La afortunada planificación de la plantilla, además de la labor durante la pretemporada, empezarían a dar sus frutos desde bien temprano. 

El equipo había comenzado el curso de una manera envidiable. En las diez primeras jornadas de la competición, el conjunto gijonés lograría sumar 21 puntos de 30 posibles. Una derrota contra el Celta de Vigo en El Molinón rompería una racha de nueve partidos sin perder. Ese partido afectaría en el rendimiento de los hombres de Preciado, que encauzarían tres encuentros consecutivos en los que saldrían derrotados. A partir de ahí, la irregularidad de resultados acompañaría al Sporting en su transcurso, aunque su posición en la tabla se mostraba estable, casi siempre como tercer clasificado, un puesto que, por aquel entonces, le llevaba a la élite de manera directa.

Matabuena intenta repeler un balón golpeado por un jugador del Celta | Imagen: FDV
Matabuena intenta repeler un balón golpeado por un jugador del Celta | Imagen: FDV

En la segunda vuelta, el equipo dio a conocer su mejor versión de nuevo. En los 21 partidos que comprende este periodo, el conjunto rojiblanco tan solo cosecharía cuatro derrotas, con un balance positivo de diez victorias y siete empates. Únicamente, las tablas ante el Poli Ejido y las derrotas frente a Las Palmas y el Elche, al principio de la segunda vuelta, intercederían en la buena labor que estaba realizando el conjunto de Preciado hasta el momento. La parroquia gijonesa veía cada vez más cerca la posibilidad de disputar de jugar la temporada siguiente con los mejores. Tras el sufrimiento pasado en los últimos años, la ilusión y la alegría volvían a florecer dentro de El Molinón.

Las semanas pasaban y el final de la campaña se acercaba. El Sporting, que se mantenía en zona de ascenso desde la jornada 29, después de dos semanas en la cuarta posición, metería una marcha más para confirmar cuanto antes su vuelta a la élite. Con el Numancia en la cabeza de la clasificación, y ascendido de manera matemática en el mes de mayo, los dos últimos puestos para el ascenso se decidían entre Málaga, Sporting y Real Sociedad en las últimas jornadas.

La afición del Sporting, en Castalia | Imagen: Wikipedia
La afición del Sporting, en Castalia | Imagen: Wikipedia

En la penúltima jornada de liga, el conjunto gijonés visitaba el campo del Castellón, donde una victoria podía colocarlo de forma asegurada en Primera División, aunque dependía de los resultados de sus rivales. La derrota en Castalia puso en serios apuros a los asturianos, que lograron mantener su tercer puesto, gracias a la derrota en los últimos minutos de la Real Sociedad. Finalmente, el ascenso se decidiría en la última jornada.

El Molinón, una fiesta contra el Eibar

El todo o el nada. El Sporting, con el ascenso en juego, se la jugaba contra el Eibar ante su público en El Molinón. La tensión era notoria en el ambiente, no es para menos, aunque un simple empate aseguraba al conjunto asturiano ser equipo de Primera División. Los rojiblancos saltaron al terreno de juego con plena intensidad. Sabían que era un día grande y querían brindar una velada especial a sus aficionados. Los pupilos de Preciado salieron a morder. El Eibar tan solo pudo contener el ímpetu rojiblanco durante media hora, cuando llegaría el primer gol del encuentro. Mate Bilic lograría adelantar a su equipo, poco después de que la grada celebrase el tanto del Córdoba en Anoeta

La celebración del ascenso en El Molinón | Imagen: La Nueva España
La celebración del ascenso en El Molinón | Imagen: La Nueva España

En la segunda mitad, con el partido completamente controlado por el Sporting y con deseos de que llegase a su final, el estadio se había convertido en una continua celebración. El gol de Luis Morán añadiría un punto más de felicidad a la fiesta rojiblanca. Al término del encuentro, la euforia contenida durante los 90 minutos se vio desbordada por su propio peso. El Sporting ya era de Primera División después de diez años y mucho sufrimiento. Manolo Preciado lo había conseguido y El Molinón se rendía a sus pies.