La marcha de jugadores al fútbol chino: cuando el billete superó al balón

OPINIÓN | La oficialización de la marcha de Cédric Bakambu al Beijing Guoan chino es la última prueba de una preocupante tendencia que asola con cada vez más fuerza el fútbol europeo. El del congoleño es el enésimo caso de futbolistas que priorizan un salario desorbitado antes que disputar fútbol del máximo nivel. ¿Es el fin del orden actual del fútbol europeo?

La marcha de jugadores al fútbol chino: cuando el billete superó al balón
Foto: PhotoSilver (VAVEL España)

Dieciocho millones de euros por temporada, un millón y medio de euros al mes, cincuenta mil euros diarios, dos mil euros a la hora, treinta y cuatro euros al minuto, sesenta céntimos por segundo. Este es el desorbitado salario que percibirá el delantero congoleño Cédric Bakambu en su nuevo club, el Beijing Guoan de China. A sus 26 años de edad y con un mar de posibilidades de jugar al mejor nivel del fútbol mundial ante sus ojos, el talentoso ariete abandona el Villarreal para poner sus goles al servicio de un sueldo que le permitirá embolsar en una hora la cantidad equivalente al salario medio mensual en España. 

En sus palabras de despedida, Bakambu se encargó de asegurar una y otra vez que su decisión había sido meditada, consensuada y tomada para favorecer a su familia y a su carrera. Aunque a la hora de la verdad quien saldrá beneficiada de este movimiento no será otra que la cuenta bancaria del jugador. Desgraciadamente, son cada vez más los profesionales que deciden poner rumbo al país asiático atraídos por los suculentos salarios, olvidando el futuro de su carrera futbolística. Con tan solo un golpe de memoria, aparecen en la retina nombres como Alexandre Pato, Hulk, Oscar, Axel Witsel, Jackson Martínez, Graziano Pellè, Ezequiel Lavezzi o Fredy Guarín. Todos ellos procedentes de equipos del primer orden en Europa y aún con recorrido en el balompié del más alto nivel, pero que decidieron poner fin a su carrera antes de tiempo. 

Alexandre Pato (Villarreal) regateando a Piqué (FC Barcelona) | Foto: PhotoSilver (VAVEL)
Alexandre Pato (Villarreal) regateando a Piqué (FC Barcelona) | Foto: PhotoSilver (VAVEL)

¿Está perdiéndose la esencia del fútbol? ¿Qué ejemplo están dejando estos futbolistas a las nuevas generaciones que quieren hacer de balompié su vida? Y es que el fútbol es entrega, es pasión, es sentimiento, es dedicación, es esfuerzo y es, ante todo, puro disfrute. Aún hay quien cree en el componente romántico del fútbol, de la meritocracia y del amor a unos colores. ¿Donde quedan esos valores cuando un jugador abandona su carrera para lucrarse? ¿Quedan aún jugadores románticos?.

Son quizás demasiados interrogantes sin respuesta o con una respuesta desesperanzadora y desgarradora. El "deporte rey" mueve pasiones, ilusiones y esperanzas en todo el mundo; millones de personas se quedan colgados detrás de una pantalla, acuden fielmente al estadio o recorren kilómetros para hacerlo. Que menos que recompensar este esfuerzo y dedicación del aficionado que con compromiso. Por desgracia, la burbuja en la que vive inmerso el mundo del fútbol inhibe de cualquier estímulo exterior a los futbolistas, sin pensar en las consecuencias que acarrean sus decisiones personales. A día de hoy, el fútbol es pasión para muchos, pero mero negocio para aquellos de los que depende.

El retiro prematuro de Bakambu

Dos temporadas y media impecables vestido de amarillo, trabajo, buen rendimiento y goles, muchos goles (46 en este periodo). Esta media campaña iba camino de ser su consagración como delantero en la élite a juzgar por su regularidad y sus goles, dos más en cinco meses que la pasada campaña en su totalidad. Sus sociedades con Bacca y con Soldado, su evolución y su madurez, fueron aplaudidas por su afición hasta el último momento. Tan solo 26 primaveras a sus espaldas y ya alcanzada la madurez y el reconocimiento como para dar el gran salto adelante en su carrera. Ya estaba asumido por todos los estamentos del club que Bakambu marcharía en verano, tenía  todo el fútbol europeo a sus pies, le lloverían las ofertas. Sin embargo, todo este trabajo y todos estos logros han sido barridos de un plumazo. La carrera en Europa probablemente nunca llegue a ser la que pudo haber sido, el reconocimiento internacional, los goles en partidos importantes... todo aquello que, en fin, implica labrarse una carrera en el fútbol europeo queda reducido a cenizas.

Por realizar una analogía con su país de destino, el país del sol naciente, China; Bakambu estaba listo para su particular gran salto adelante. Ahora, probablemente tenga un Gran Salto Adelante como el que se produjo en China durante los últimos años del gobierno de Mao, con consecuencias a buen seguro, contraproducentes. 

De manera que el caso de Bakambu es quizás el más hiriente de todos los jugadores que han aterrizado en China: una vez que estaba listo para volar, decidió cortarse las alas. Ahora el delantero franco-congoleño se retira prematuramente, la fuerza del dinero ha sido superior a la del fútbol, el billete ha sobrepasado al balón y quien sabe, si en los próximos años logrará salir de su prejubilación y así volver a disputar fútbol de máximo nivel.

El gran poder oriental

A su llegada a la liga china, Bakambu encontrará compañeros en su misma situación, jugadores con falta de ambición y sin mayor voluntad que engrosar su billetera. El fútbol chino se nutre de jugadores en cada mercado de nivel y de calidad a golpe de talonario. Aunque es tal la tendencia que asusta. ¿Podremos esperar a una liga china al nivel de los grandes campeonatos europeos en un futuro no tan lejano? Pero más importante aún: ¿es lícito y moral que el país asiático trate de generar una liga de nivel a base de inflar y distorsionar el mercado?

Efectivamente, lo más probable es que no se vea una liga china a la altura de la Premier League o LaLiga en los próximos años. La causa es simple: un campeonato ficticio construido a base de un desembolso loco de capital no podrá nunca llegar a tener las estructuras y el ambiente sano que se respira en otros campeonatos donde importa el mérito, se cuida y se fomenta el deporte en la juventud, y no se financia todo a base de cantidades desproporcionadas de dinero.

El gran poder económico de China está ahí, pero aún le queda un largo camino para convertirse en una referencia del fútbol mundial y quizás si en ello quieren convertirse tal vez deberían de dejar de adulterar el hermoso deporte que es el fútbol. Existen unos valores, unos principios que se mencionaban anteriormente. El fútbol occidental es pasión, es romanticismo, es respeto y, verdaderamente, hasta que en la liga china no se fomenten este tipo de principios en vez de subvencionarlos, entonces, quizás el fútbol asiático podrá acercarse al europeo.