El Destructor Villaamil

Es probable que ·destructor" sea una palabra que nos intimide bastante o nos suene a superhéroe de cómic, pero es el nombre de un tipo de buque de guerra, un buque de escolta ligero y rápido, aunque con gran capacidad y potencia de fuego. Y, además, fue un invento español, un diseño del marino asturiano Fernando Villaamil.

El Destructor Villaamil
El contratorpedero Destructor(1887) según el diseño de Fernando Villaamil (Wikipedia DP)

La Primera Guerra Mundial, o Gran Guerra como se la conocía hasta el estallido de la Segunda, fue uno de los conflictos armados más sangrientos de todos los tiempos, pero, también, uno de los más novedosos en cuanto a diseños militares. Se pusieron al servicio de la guerra tanto innovaciones en estrategia militar, como un gran despliegue tecnológico armamentístico. Pero, ya antes de este magno conflicto bélico, en el mundo de la ingeniería naval se habían desarrollado enormes adelantos técnicos destinados a la guerra.

Francia aportó a la marina de guerra algunas de las más importantes innovaciones ya en el siglo XIX: el primer buque blindado oceánico (La Gloire), el primer crucero acorazado y el primer buque portahidroaviones. Además, fue uno de los países impulsores de los buques llamados “torpederos”, muy rápidos y maniobrables. Y los submarinos ya llevaban tiempo funcionando como arma de guerra, por ejemplo, en la Guerra hispano-cubana del 98, donde se utilizó el submarino diseñado por el ingeniero marino Isaac Peral y Caballero (1851-1895), el primer submarino militar de propulsión eléctrica y armado con torpedos, que había sido botado el 8 de septiembre de 1888.

Fue precisamente la utilización de torpedos lo que hizo avanzar en el diseño de un nuevo tipo de buque de guerra. 

Torpedo Whitehead (1888) (Wikipedia, DP)
Torpedo Whitehead (1888) (Wikipedia, DP) 

Hacia la mitad del siglo XIX se presenta un torpedo móvil (llamado fish) mucho más eficaz que los utilizados hasta el momento (tipo Pértiga, que había que hacer llegar con una larga vara desde una lancha) y con más alcance, pues podían ser utilizados desde una distancia de 1800 metros. Estos torpedos fueron muy utilizados por Inglaterra o los EE.UU. en el Pacífico y acabaron siendo mejorados con el Torpedo Whitehead, independiente, impulsado por aire comprimido y que podía desplazarse a siete kilómetros/hora y alcanzar las 200 yardas. Es el auténtico antecesor de los torpedos actuales.

Torpedero submarino diseñado por Isidoro Cabanyes y Miguel Bonet (Wikipedia, DP)
Torpedero submarino diseñado por Isidoro Cabanyes y Miguel Bonet (Wikipedia, DP)

Pues bien, los buques encargados de lanzar estas armas móviles, los torpederos, se hicieron imprescindibles en los enfrentamientos bélicos navales de finales del siglo XIX, y también en las mesas de los ingenieros. El militar y científico español Isidoro Cabanyes y Olcinellas (1843-1915), llegó a inventar, junto a Miguel Bonet, hasta un torpedero submarino eléctrico de gran transcendencia futura.

Los muy eficaces barcos-torpederos hicieron crecer la necesidad de construir buques caza-torpederos. Había que desarrollar un navío lo suficientemente rápido como para dar caza a los ligeros torpederos y, además, tan fuertemente armado como para poder abatirlos. Todas las armadas del mundo se pusieron manos a la obra.

Acuarela que representa el buque de guerra español "Destructor", por Francisco Hernández Monjo (1862-1937) (Wikipedia, DP)
Acuarela que representa el buque de guerra español "Destructor", por Francisco Hernández Monjo (1862-1937) (Wikipedia, DP)

Fue así como un español, el capitán de navío Fernando Villaamil Fernández-Cueto (1845-1898), realizó el primer diseño y construcción de un destructor, que es en el que se basarán todos los construidos en el mundo desde entonces.

Básicamente, consistía en un buque maniobrable, ligero, veloz, casi como un torpedero, pero mucho más armado y que, con el tiempo, acabó sustituyéndole. Una laguna legal (tras la Primer Guerra Mundial se limitó el tonelaje de los buques de guerra pero no a los de un peso inferior a las 600 toneladas) permitió su total desarrollo posterior acompañando y protegiendo a los pesados y lentos cruceros y acorazados de las flotas navales de todo el mundo.

El Capitán de Navío Fernando Villaamil en un retrato de 1897 (Wikipedia, DP)
El Capitán de Navío Fernando Villaamil en un retrato de 1897 (Wikipedia, DP)

Pero ¿Quién fue Fernando Villaamil?  Este marino militar asturiano, de Castropol, había ingresado en el Colegio Naval de San Fernando (Cádiz) con tan solo 16 años. Mandó su primer barco (la cañonera Bojeador) en 1870 en Filipinas como alférez de navío y, más tarde, se le envió a Puerto Rico. En España desempeñó su servicio como profesor de la Armada en la fragata-escuela de guardiamarinas Asturias (antes, Princesa de Asturias), anclada en el puerto de El Ferrol (Galicia). Hacia 1880, cuando las armadas de medio mundo se dedicaban afanosas al desarrollo de cazatorpederos (una de las primeras en realizar un diseño fue la japonesa, con el Kotaka, armado, pero no más ligero ni tan rápido como los torpederos), Villaamil, ya teniente de navío, recibe el encargo del Ministerio de Marina para realizar un diseño.

Llevó sus ideas a varios astilleros británicos, hasta que dio con uno acorde con su proyecto, los astilleros escoceses James&George Thomson, que construyeron y entregaron el buque a la Armada española en enero de 1887 (había sido botado el 29 de julio del año anterior). El nuevo caza-torpederos, que fue bautizado con el nombre de Destructor, capitaneado por el propio Fernando Villaamil al mando de una dotación de 60 hombres, realizó las primeras pruebas de navegación y tiro frente a las costas gallegas, donde había llegado en tan solo un día. La Armada británica y la francesa construyeron sus propios destructores antes de terminar el siglo y los EE.UU. tuvieron el suyo en 1902. Para el inicio de la Primera Guerra Mundial, todas las armadas contendientes contaba con su dotación de destructores.

Fernando Villaamil y la corbeta Nautilus (1894) (Wikipedia, DP)
Fernando Villaamil y la corbeta Nautilus (1894) (Wikipedia, DP)

No fue la única aportación del marino asturiano al prestigio de la Armada española, pues a él también se debe la idea de establecer un viaje alrededor del mundo a bordo de un buque-escuela para guardiamarinas. En 1892 y durante los dos años siguientes, la corbeta Nautilus, realizó ese viaje con una tripulación de alumnos guardiamarinas bajo el mando de Villaamil, quien reflejó su trayectoria y avatares en el libro Viaje de circunnavegación de la corbeta Nautilus” (1895), dedicado a la reina regente María Cristina de Borbón. Así se despedía en un telegrama en la mañana del 30 de noviembre: “Franqueada salida, dos tarde; fresco Nordeste, buena mar. ¡Adiós!

El Destructor Furor en torno a 1896 (Wikipedia, DP)
El Destructor Furor en torno a 1896 (Wikipedia, DP)

En ese libro, el ya capitán de fragata, expresaba sus recelos hacia el excesivo aprovisionamiento armamentístico de una flota hasta entonces insignificante como era la de los EE.UU.: “No sé cuáles son los objetivos de este país…” Cuando estalla, en 1898, la Guerra hispano-cubana, tres destructores parten hacia La Habana: el Terror (no llegó más que a Puerto Rico por una avería, pero allí entró en combate), el Furor  y el Plutón. Realizaron su labor de escolta a tres torpederos (Rayo, Azor y Ariete), el crucero Infanta María Teresa y el crucero acorazado Cristóbal Colón (no llegó a equiparse con todo su armamento), que se unieron a los otros dos cruceros que ya se encontraban allí: el Vizcaya y el Almirante Oquendo

Almirante Pascual Cervera y Topete hacia 1893 (Wikipedia, DP)
Almirante Pascual Cervera y Topete hacia 1893 (Wikipedia, DP)

Todos los buques permanecieron en el puerto de Santiago de Cuba al mando del almirante Pascual Cervera Topete (1839-1909), sufriendo el bloqueo de la flota estadounidense. Al intentar abandonar el puerto en la mañana del 3 de julio, casi toda la dotación española resultó alcanzada o seriamente dañada. Los destructores Furor y Plutón se hundieron pereciendo la práctica totalidad de sus tripulantes, incluido Fernando Villaamil, el oficial español de más alto rango fallecido entonces, sin que haya sido nunca posible recuperar los cuerpos. El oficial del Furor, Francisco Arderius, escribió así el final de su capitán: "…el capitán de navío Villaamil subió a la plataforma de armas de proa; cuando estaba a punto de seguirlo, explotó una granada allí donde estaba [...]. Solo pude ver un diluvio de sangre cayendo. [...] Poco después de caer por la borda, el barco, ya en llamas, se hundió con el cuerpo sin vida de Don Fernando Villaamil.

Monumento a Fernando Villaamil (1911) Castropol, Asturias (Wikipedia, DP)
Monumento a Fernando Villaamil (1911) Castropol, Asturias (Wikipedia, DP)

En la localidad asturiana de Castropol, un monumento a su memoria fue construido en 1911 costeado por suscripción popular. El escultor fue el asturiano Cipriano Folgueras Doiztúa (1863-1911) y la inscripción redactada por Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912):

"A Fernando Villaamil. Santiago de Cuba 3 de Julio de 1898. Por acuerdo municipal, con el apoyo de los Ministerios de Marina y de la Guerra a expensas de la suscripción nacional iniciada por S.M. la Reina Regente y el entusiasta concurso de la América española, especialmente de la isla de Cuba, se erigió este monumento a la heroica memoria del mártir de la patria, hijo preclaro del antiguo concejo de Castropol. 23 de Noviembre 1845 - 3 de Julio de 1898."  

Como curiosidad final, en Ribadeo (Galicia), en un cobertizo dentro del Fuerte San Damián, se encuentra una lancha bautizada con el nombre de “Fernando Villaamil” que fue adquirida en 1914 por la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos de Ribadeo (fundada en 1880 y extinguida en 1971), con el fin de probar un sistema de volteo que salvara a sus tripulantes en el caso de sufrir un fatídico golpe de mar. No hubo suerte y varios tripulantes fallecieron durante la prueba. Como mandan las normas marineras, la embarcación fue “castigada” a permanecer en tierra, y así sigue desde entonces, semiolvidada en un cobertizo, como un último y solitario recuerdo del inventor del Destructor.

 

Fuentes:

WikipediaHELICONLa Voz de GaliciaClio Red IrisMuseo Virtual de Patentes HistóricasReal Academia de la HistoriaSpanwarSingularisOccidente (Asturias).

Libros:

Viaje de Circunnavegación de la Corbeta Nautilus” (1895), Fernando Villaamil, Sucesores de Rivadeneyra: Madrid (facsímil del 2009 de la Editorial Maxtor: Valladolid).

Breve historia de la Primera Guerra Mundial (1914-1918)” (2011), ÁLvaro Lozano Cutanda, Ediciones Nowtilus S.L.: Madrid.