La historia de 'Babe' Ruth, un hombre nacido para triunfar
Última aparición de 'Babe' Ruth en el Yankee Stadium, el 13 de junio de 1948 (Foto: Nathaniel Fein, New York Herald Tribune | Montaje: Jaime Del Campo).

Hace más de un siglo, el 6 de febrero de 1895 en el 216 de Emory Street en Pigtown, un barrio del suroeste de Baltimore, George Herman Ruth nació para triunfar. Un niño problemático, fruto de la desatención paternal y de una taberna, la de su padre, impropia para educar a un crío que ya mascaba tabaco y bebía alcohol por primera vez antes de cumplir los ocho años, se iba a convertir en uno de los jugadores de béisbol más grandes de la historia del deporte norteamericano.

Su mal comportamiento y falta de educación en la infancia, influidos desgraciadamente por la muerte de su madre y más tarde la de su padre en una pelea de bar, fueron solventados, a pesar de que le calificaron como ‘incorregible’, en el St. Mary's Industrial School for Boys de Baltimore, un reformatorio católico en el que entró con siete años, en verano de 1902, y donde iba a pasar doce años de su vida. Fue entonces, cuando apareció el béisbol, y un referente para él. Gracias a la buena relación entre Ruth y el hermano Matthias Boutlier, quién vio en él algo positivo y no sólo el carácter rebelde que todo el mundo decía, George mejoró sus cualidades en el béisbol gracias a poder practicar sus habilidades junto a él, porque saber, nació sabiendo. Ruth jugó en todas las posiciones en St. Mary pese a ser zurdo. En todas lo hacía a la perfección, convirtiéndose además en el mejor lanzador del colegio. Un jovenzuelo de 18 años que ya era incluso mencionado en los periódicos dejó tan impresionado a los monjes, que en 1914 estos invitaron a Jack Dunn, dueño de los Orioles de Baltimore, a que echara un ojo a este adolescente. No necesitó más de una hora para verle jugar. Jack Dunn lo fichó en media.

‘The Babe’, el apodo más famoso del deporte norteamericano

“Jack’s newest babe”, le decían sus compañeros de los Orioles. El mote de ‘el nuevo bebé de Jack Dunn’, en tono cariñoso por ser el más joven de todos, se le quedó para toda la vida, para conocerle como ‘The Babe Ruth’. Así, con 19 años, ‘Babe’ Ruth jugó como profesional para el equipo de Jack Dunn, convirtiéndose en el lanzador estrella del equipo cuando arrancó la temporada, porque aunque fue más conocido por su gran bateo, en sus inicios brilló como pitcher.

'Babe' Ruth, primero por la derecha, con sus compañeros de los Orioles de Baltimore

Pese a tener algo más que un jugador revelación, los Orioles no recibieron especial atención de la prensa, y el nombre de Ruth tan sólo apareció en los periódicos cuando surgió un rumor acerca de que podría haber sido tentado por los Terrapins de Baltimore. Nada de eso fue verdad, sin embargo, los problemas económicos de los Orioles no dejaron otra opción a Jack Dunn que vender a sus mejores jugadores, a los que terminó vendiendo a los Red Sox de Boston. Ruth, junto con Ernie Shore y Ben Egan, se marchó a Boston por un precio anunciado de 25.000 dólares, que sólo fue eso, un precio anunciado, ya que algunos relatos rebajaron la venta a menos de la mitad. Ruth, todavía con 19 años, pasó a formar parte de un equipo de la Major League cinco meses después de fichar por los Orioles, todavía en 1914.

Los Red Sox de Boston, el impulso para triunfar en los Yankees

‘Babe’ Ruth debutó con los Red Sox el 11 de julio de 1914, logrando su primera victoria en la Major League. Sin embargo, en aquel entonces los ‘medias rojas’ contaban con muchas estrellas en el equipo, por lo que Ruth se tuvo que conformar con jugar en la liga menor Providence Grays en lo que restó de temporada.

Pero al año siguiente, algunas lesiones en el equipo le dieron oportunidades hasta ir ganando un hueco en la plantilla. Un hueco cada vez más grande gracias a sus números, que aunque no fueron todo lo buenos que su calidad podía permitirle en los primeros años, hicieron que a partir de 1917 empezara a ser requerido incluso por sus propios compañeros como un jugador regular en la alineación. Tanto fue así, que en 1919 ‘Babe’ Ruth logró su primer récord haciendo 29 home run en una sola temporada, superando los 27 de Ned Williamson en 1884. Todo ello con un físico que ya empezaba a ser peculiar, pues nunca fue el prototipo de deportista que entendemos en el siglo XXI. Lejos de tener un cuerpo atlético, su barriga invitaba más a imaginarlo cerca de la barra de un bar, como así era, que corriendo de base en base en un estadio de béisbol, aunque su caricaturescos movimientos, lentas carreras y personalidad única, hacían de él una estrella más que carismática.

'Babe' Ruth, en su etapa con los Red Sox

Harry Freeze, propietario de los Red Sox, pensó que necesitaba más el dinero que a 'Babe' Ruth Los Red Sox, con ‘Babe’ Ruth en sus filas, lograron ganar tres series mundiales. La más especial, la de 1918, última con Ruth, antes de la siguiente, casi un siglo después (2004). Tanto tiempo sin conseguir ser los mejores aún se le achaca a la venta que Harry Freeze, dueño de los ‘Medias Rojas’ en aquel entonces, realizó. Aunque no se sabe con total certeza el motivo, el 26 de diciembre de 1919, Freeze vendió a ‘Babe’ Ruth a los Yankees de Nueva York por 100.000 dólares. Un dinero, eso sí, que los Red Sox, o Harry Freeze, necesitaban. Fue la conocida ‘maldición del Bambino’.

Los New York Yankees, la cima para 'Babe' Ruth

Ni los Red Sox ni los Yankees volvieron a ser los mismos. ‘Babe’ Ruth dejó un vacío en Boston tan grande como los éxitos que iba a dar a los Yankees. Cuando llegó, Ruth era ya una estrella dentro y fuera de los estadios. Se convirtió en el primer gran ídolo del deporte norteamericano gracias a su habilidad con el bate. Una habilidad que nos dejó grabada en una serie de tres capítulos, ‘Play ball with Babe Ruth’. Tal fue su fama que hasta el cine lo reclamó.

'Babe' Ruth convirtió a los Yankees en la franquicia que es hoy Los Yankees y ‘Babe’ Ruth fueron una simbiosis de éxito, acumulando fans de tal forma que el Polo Groudns, estadio que compartían con los Giants, se quedó pequeño, y en 1923 se tuvo que construir un nuevo estadio, el Yankee Stadium, para intentar dar asiento a toda la afición que ‘Babe’ arrastraba, siendo conocido desde entonces como 'The House that Ruth Built', la casa que Ruth construyó. Sin duda, fue el culpable.

Al número 3 de los Yankees, dorsal que se puso en 1929 por ser el tercero en batear cuando los neoyorquinos empezaron a utilizar dorsales regularmente, no le faltó tiempo para empezar a batir (más) récords. En su primera temporada en 1920, logró batir su propio registro de home run, llegando a los 54 totales. Había que ser una bestia para que hasta 2001, ochenta y un años después, nadie superara un slugging de .847. Por si fuera poco, Ruth volvió a batirlo en 1921, con 59 home run.

Números estratosféricos para un niño en cuerpo de hombre, porque algo quedaba en el interior de ‘Babe’ Ruth de aquel chiquillo de la infancia, travieso, maleducado, e irresponsable. Fama que tuvo toda su vida, al igual que la de mujeriego. David Lehanne, escritor de Cualquier otro día, un libro con historias del Boston del siglo XX, cuenta que en determinado momento, ‘Babe’ Ruth se encontraba en el hotel Buckemenister haciendo el amor con la mujer de Harry Freeze, propietario de los Red Sox que lo vendió a los Yankees. A pesar de ser ficción, esa escena representa las infidelidades de Ruth a Helen Woodford, su primera mujer de la que se separó en 1925. No fue ficción, sin embargo, que en 1922 fuera suspendido siete semanas por el Comisionado Kenesaw Mountain Landis, por ir a jugar un partido de exhibición antes de las Series Mundiales. Cinco días después de cumplir la sanción, en su regreso, fue expulsado de un juego por echar tierra sobre un árbitro, así como hacer frente a un aficionado en la grada. Unas chiquilladas impropias de una estrella que le costaron perder la capitanía precisamente recibida ese año. Él mismo se colgó un cartel de irresponsable que no perdió nunca, y que le impidió más adelante hacerse cargo de los Yankees. Costaba dejar el destino de un equipo en sus manos. Fueron, además, dos malos años en cuanto a lo deportivo para los neoyorquinos, perdiendo consecutivamente las Series Mundiales contra los Giants.

Pero 1923 fue otra historia. Ruth lo empezó haciendo el primer home run del nuevo Yankee Stadium, precisamente contra su ex equipo, los Red Sox, y lo terminó dominando la Serie Mundial contra los Giants. Esta vez ellos mordieron el polvo, y los Yankees lograron su primer título de Serie Mundial, o como también se le conoce por jugarse en octubre, su primer Clásico de otoño. El primero de los 27 que actualmente posee el conjunto neoyorquino, siendo el equipo con más títulos de Series Mundiales.

La noticia en los años siguientes al primer triunfo de los Yankees estuvo en los desmayos de ‘Babe’. Tuvo varios, aunque no se supo el porqué exacto de su enfermedad. Asustó el mundo, al igual que su sobrepeso, tema de conversación entre bastidores. Su bajo estado de forma supuso malos números para los Yankees, hasta que en 1927, volvieron a lo grande, ganando de nuevo la Serie Mundial, liderados por Ruth, ante los Piratas de Pittsburgh, y de nuevo, batiendo su proprio récord de home run, con 60. Un récord que sólo ha sido superado una vez en toda la historia del béisbol, en 1961, con los 61 de Roger Maris también jugador de los Yankees, aunque éste tuvo más juegos que Ruth para conseguirlo. Los Yankees repitieron título al año siguiente, en 1928, contra los Cardinals de St. Louis.

'Babe' Ruth fue el máximo bateador de Home Run en 12 temporadas
Año Máximo Bateador Equipo Home Run
1931 'Babe' Ruth NY Yankees 46
1930 'Babe' Ruth NY Yankees 49
1929 'Babe' Ruth NY Yankees 46
1928 'Babe' Ruth NY Yankees 54
1927 'Babe' Ruth NY Yankees 60
1926 'Babe' Ruth NY Yankees 47
1924 'Babe' Ruth NY Yankees 46
1923 'Babe' Ruth NY Yankees 41
1921 'Babe' Ruth NY Yankees 59
1920 'Babe' Ruth NY Yankees 54
1919 'Babe' Ruth BOS Red Sox 29
1918 'Babe' Ruth BOS Red Sox 11

Con ‘Babe’ Ruth repitiendo trono como máximo bateador de home run desde 1926 hasta 1931, los Yankees se sobrepusieron a los Chicago Cubs en las Series Mundiales de 1932, logrando así su cuarto título, con uno de los momentos más legendarios de la historia del béisbol norteamericano. Durante el tercer juego, Ruth, con la seguridad que sólo un genio, un loco, o un conocedor extremo de sus habilidades posee, señaló con sangre fría la parte más profunda del Wrigley Field antes de batear, como prediciendo un home run. Después de golpear, la bola fue exactamente donde él había señalado para lograr ese home run que su dedo prometía, siendo el golpe más largo nunca antes visto en el estadio de los Cubs. Como para no ser un fenómeno de masas.

El físico de 'Babe' Ruth era todo lo contrario al prototipo de atleta que hoy en día conocemos Ya en 1934, ‘Babe’ jugó su última temporada completa con los Yankees. A sus 39 años, su físico dejó de ser competitivo para la Major League. El 30 de septiembre del 34, se cerró un ciclo. El Yankee Stadium lo vio jugar su último partido como Yankee en el estadio neoyorquino. Con 708 home run anotados, decidió que era el momento para dejar el equipo.

Los Boston Braves, una etapa poco digna

Su misión era la retirada como jugador, para dirigir a los Yankees. Algo que no se le permitió, y en busca de algún equipo que sí se lo permitiera, aparecieron los Boston Braves, quienes pretendían encontrar en ‘Babe’ un reclamo económico. Un taquillazo que sólo llegaría con Ruth como jugador. Y así fue, porque Emil Fuchs, propietario de los Braves, le puso no sólo sobre el campo, sino como vicepresidente del club, segundo entrenador, y posible copropietario del club, algo que realmente no sería todo lo cierto que parecía. El deterioro físico de Ruth no le permitió jugar a un nivel competitivo. Sus números fueron pésimos, hasta tal punto de terminar fuera de la alineación, dándose cuenta de que la responsabilidad fuera del campo que le había prometido Fuchs era un engaño, ya que su influencia nunca se notó. Un cebo con el que atrapó la atención de ‘Babe’ para ganar dinero.

Así, el 2 de junio de 1935, tras algún brillo de luz entre tanta oscuridad, ‘Babe’ Ruth se jubiló, para volver sin éxito como manager de los Dodgers en 1938, y para retirarse definitivamente ese año del mundo del béisbol, siendo incluido en el Salón de la Fama del béisbol norteamericano el 12 de julio de 1939. “Espero que algún día, alguno de los jóvenes jugadores que comienzan en el béisbol sientan lo que es formar parte del Hall of Fame”, dijo ‘Babe’ en su discurso honorífico.

Las leyendas nunca mueren

Sin embargo, los días de gloria de Ruth parecían acabarse de golpe. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, su salud empeoró. En 1946, ‘Babe’ Ruth experimentó un dolor intenso en el ojo izquierdo y en la garganta. Las pruebas diagnosticaron un tumor maligno inoperable en la base del cráneo y el cuello. Un cáncer que lo desgastaría físicamente, pese a que algunos tratamientos experimentales para gente pudiente económicamente, como fue su caso, le ayudaron a mejorar levemente. Con 36 kilos menos en su cuerpo, fue dado de alta del hospital en el que se encontraba. Entre pruebas médicas, viajes y estancias en cama de hospital, ‘Babe’ Ruth luchó por seguir adelante.

El 13 de junio de 1948, el fotógrafo Nat Fein captó una imagen para la historia Y lo hizo, aunque sólo temporalmente. Sin poder ayudar a escribir su autobiografía, The Babe Ruth Story, donó el manuscrito a la Universidad de Yale, donde la aceptó el capitán del equipo de béisbol de Yale, George Bush, quien sería el futuro presidente de los EE.UU. Una autobiografía que más adelante se convertiría en película, tuvo de por medio, el 13 de junio de 1948, la última aparición de ‘Babe’ Ruth vestido como jugador de béisbol. Con su impoluto uniforme de los Yankees, aderezado con sus características líneas azules, su gorra, y el ‘3’ a la espalda, ‘Babe’ saltó a un abarrotado Yankee Stadium a sus 53 años, en un homenaje preparado por la celebración del 25 aniversario del ‘estadio que Ruth construyó’.

Con un bate como bastón, como no podía ser de otra forma para ayudar sus deficiencias al caminar, ‘Babe’, inmóvil, observó a la gente que lo observó a él durante toda su carrera. Nathaniel Fein, fotógrafo del New York Herald Tribune, conocedor de que el número 3 iba a ser retirado en honor al hitter de Baltimore, captó una imagen para la historia. Una fotografía en la que ‘Babe’ Ruth decía adiós para siempre al Yankee Stadium, y una fotografía, ganadora del Pulitzer en 1949, que decía adiós a una era especial en el deporte, o simplemente, a una era especial.

'Babe' Ruth en el Yankee Stadium el 13 de junio de 1948. (Fotografía: Nathaniel Fein, New York Herald Tribune).

Dos meses después de aquella fotografía, el 16 de agosto, ‘Babe’ Ruth fallecía mientras dormía. Su ataúd permaneció en el Yankee Stadium durante dos días en el que cerca de 80.000 personas lo visitaron. Desde entonces, su cuerpo descansa en el Gate of Heaven de Nueva York, junto con la actriz Claire Merritt Hodgson, la que fue su última esposa.

Es cierto que ‘The Sultan of Swat’, ‘The King of Clot’, o simplemente ‘The Babe’, era un vividor. Se entrenó con perritos calientes y cervezas de por medio y quizá gastó demasiado en mujeres. Pero siempre tuvo una pluma disponible para los niños, dio horas de emoción en muchas tardes de verano, superó récords que aún perduran en el tiempo, e incluso cuando caía tras 3 strikes, lo hacía con clase. Su educación, su físico, o su personalidad fueron las de un hombre destinado a otro tipo de vida. Pero sin embargo, George Herman Ruth triunfó con unas características que al resto de mortales se nos antojaría deficientes, anodinas e impropias para un deportista. ‘Babe’ Ruth tenía un don. Encontró en el deporte una salida a una vida sin tanto futuro, al igual que el deporte encontró en él a una nueva estrella cuya luz es eterna no sólo en la historia del béisbol, sino en la historia del deporte.

El hombre llamado ‘Babe’ se fue, pero nunca lo hará la leyenda llamada ‘Babe’, el jugador de béisbol más increíble de la historia.

La historia de 'Babe' Ruth, en documental

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