El día más negro de la NHL
Bertuzzi se disculpa entre lágrimas dos días después del incidente con Steve Moore | Foto: thestar.com

En el hockey hielo siempre han ocurrido sucesos violentos o que superan límites de la agresividad que nunca deberían cruzarse, los que hemos seguido el deporte hemos visto golpes de stick en la cabeza, rodillazos o intentos deliberados de lesión. Estos sucesos hacen daño a la imagen del deporte, pero afortunadamente cada vez están menos presentes en la liga, una liga que ha intentado en la última década desplazarse de la imagen sucia que para algunos tenía años atrás, reforzando las normas y castigando más severamente éste tipo de acciones. La NHL, que ha instaurado un departamento dedicado a la seguridad de los jugadores, ha hecho un gran trabajo limpiando las cargas peligrosas del deporte sin penalizar el juego físico del hockey, exponen las sanciones a los jugadores con una explicación en vídeo y son un departamento que se comunica bien con la gente, claro y transparente por una NHL menos peligrosa.

Estas acciones hacen que los partidos tengan más aún un componente emocional muy fuerte, y la NHL hace bien en intentar erradicarlas. Aún así, hace tan solo cuatro años, Matt Cooke terminó con la carrera de Marc Savard con una devastadora carga a la cabeza llegando desde el lado ciego de Savard, quien entonces justo había soltado la pastilla. Savard sufrió una conmoción cerebral de grado dos. Consiguió volver a jugar unos meses más tarde en la postemporada de 2010, pero una nueva conmoción en febrero de 2011 le apartó del hielo definitivamente. Los jugadores como Savard no pueden verse obligados a dejar la liga por acciones de este carácter, lo que demuestra que aún queda trabajo por hacer en el terreno de la seguridad de los jugadores.

La NHL de los años noventa, por muy puristas que seamos, era, en muchas ocasiones, demasiado permisiva con el contacto físico y más peligrosa, los cascos de los porteros no tenían protección para el cuello, y eran mayoría los jugadores sin visera entonces. A parte de las menores protecciones de los jugadores en comparación con hoy en día, se permitía prácticamente cualquier tipo de carga con el cuerpo, a menudo sin importar la velocidad que un jugador alcanzara antes de realizar un body-check y menos aún importaba si el jugador que acabase recibiendo la carga estaba de espaldas, controlando la pastilla o esperando un pase. Sí, el hockey es un deporte de contacto y a los jugadores, desde pequeños, se les enseña a ser conscientes de todo lo que les rodea y de no exponerse a cargas demoledoras, pero aún así, un pequeño error de cálculo, exceso de agresividad o otros factores pueden, aparte de acabar en lesión de mayor o menor gravedad, empezar a caldear el ambiente de una pista de hockey y alimentar el juego duro. Éstas cargas que o bien se acercan demasiado al límite de la dureza, o simplemente la superan, a menudo no acarrean represalias, para Steve Moore, en 2004, no fue así.

El caso que nos ocupa nos lleva a la década del 2000, antes de que la NHL se pusiera firme con el anteriormente nombrado departamento de seguridad de los jugadores. Hemos nombrado anteriormente a Matt Cooke porque, para este caso, puede tener paralelismos con Steve Moore, jugador contra el que nadie quiere jugar, un charlatán incansable en la pista, difícil de soportar y crispante, todos conocemos el molde, un "pest" en el hielo, un atleta cuya mayor virtud es agitar al rival mentalmente, hacerle sentir incómodo y, de ser posible, “sacarle del partido”. No es un trabajo fácil y no todo el mundo puede hacerlo. Guste más o menos, jugadores como Sean Avery o Brad Marchand simplemente tienen esa facilidad para alterar al rival. Steve Moore, entonces un chaval de los Avalanche en su tercera temporada, primera completa en la NHL, intentaba ganarse un sitio permanente en la liga de la manera que fuera. Sin achicarse ante nada y jugando duro, con mucha intensidad y pesara a quien pesara.

El 16 de febrero de 2004, en un Colorado - Vancouver, Markus Naslund, entonces capitán, líder y mayor anotador del equipo canadiense, intentaba alcanzar una pastilla a mitad de pista, al escapársele un poco el disco, Naslund se agachó para extender su stick y tener más alcance, bajando la altura de su cabeza, poniendo en ojos de Steve Moore, entonces en el hielo, una carga que, lejos de imaginarlo, empezaría a cocer un caldo de muy, muy mal sabor.

Ésta jugada no fue penalizada por los árbitros y acabó siendo pivotante no solo en el desenlace del partido sino en los acontecimientos ocurridos tres semanas más tarde. Naslund sufrió cortes en la cara, una conmoción y un codo astillado. Es el hit de un rookie sobre un veterano, para muchos una demostración de valentía, para otros, una ofensa imperdonable. Brad May, de Vancouver, declaró en caliente tras el partido: “Sin duda hay un precio sobre su cabeza”. A lo que Todd Bertuzzi, también entonces en Vancouver, añadió “Jugaremos aún un par de veces contra ellos, así que ya veremos.”

Entonces Bertuzzi era un excelente jugador, la temporada anterior a este suceso, el canadiense se quedó a sólo tres puntos de alcanzar los 100, por lo que se hallaba en un momento dulce de su carrera. Era un reconocido, fuerte y tenaz power forward, un jugador corpulento, duro y intenso. La noche del ocho de marzo de 2004, esa intensidad le jugó una muy mala pasada, tan mala que dos días después Bertuzzi lloraba como un niño delante de un micrófono, aturdido por sus propias acciones, pidiendo clemencia al mundo por la imagen que había dado la vuelta a la tierra durante las últimas 24 horas, por acciones que en poco tienen que ver con un palo y una pastilla, Todd Bertuzzi era visto como un criminal.

“Steve, solo quiero disculparme por lo que pasó ahí fuera, no tenía intención de herirte, y que me siento horriblemente por lo que pasó”

En el último Avalanche - Canucks de la temporada, tres semanas tras el incidente de Moore con Naslund, El joven agitador decidió que era un buen momento para pelear, intentando ayudar a su equipo a lograr la victoria y irritar un poco más a Vancouver. Soltó los guantes precisamente con Matt Cooke, entonces en la franquicia de la Columbia Británica, tras la pelea, con 4-0 para Colorado en el marcador y con los nervios ya a flor de piel, el propio Moore anota para colocar la “manita” en el marcador, la guinda en el pastel de despropósitos, la ramita de perejil en la receta para una desgracia acababa de ser colocada por el retorcido guionista del partido, finalmente, con el marcador 8-2, Bertuzzi decidió que la carrera de Steve Moore acababa ahí mismo, tres años después de haber empezado, frente a 60.000 espectadores y millones de televidentes, muchos de ellos niños, obviamente.

Con tres vertebras fracturadas en el cuello, una conmoción severa, daño en el ligamento vertebral, elongación del plexo braquial (un nervio en el cuello), cortes en la cara y posteriormente amnesia, Steve Moore yacía boca abajo durante diez minutos inmóvil antes de ser llevado en camilla al hospital, su vida había cambiado para siempre, nunca se libraría de pensar a través de una niebla en su cerebro y jaqueca constante.

La rueda de prensa posterior de Bertuzzi es también impactante:

De la que podemos extraer estos valiosos fragmentos:

“Steve, solo quiero disculparme por lo que pasó ahí fuera, no tenía intención de herirte, y que me siento horriblemente por lo que pasó”

“A la familia de Steve, siento mucho que tengáis que pasar por esto”

Bertuzzi se disculpó ante los Fans, la organización de los Vancouver Canucks, sus compañeros y el Director General John McCaw Jr. antes de añadir entre lágrimas:

“A los chicos que ven el deporte, estoy realmente arrepentido, no practico así este deporte, ni soy una persona de espíritu mezquino”

Es la triste historia del acontecimiento que ha cambiado la NHL para bien, pero que apartó de su deporte más querido a un jóven jugador como Steve Moore, y manchó de manera permanente la imagen de Todd Bertuzzi, quien pasó de ser una excelente pieza en el equipo de Vancouver a estar una temporada entera inhabilitado. La siguiente temporada en la NHL fue la suspendida por el cierre patronal de 2004-2005, por lo que la mayoría de jugadores fueron a jugar a Europa. A Bertuzzi no se le permitió tampoco jugar en el viejo continente, ya que la NHL y la Federación Internacional de Hockey Hielo (IIHF) acordaron extender la sanción también a las ligas europeas. Bertuzzi fue “perdonado” por la NHL en 2005 y firmó con Florida, pero desde entonces, las aficiones de la NHL han mostrado su desaprobación con la decisión, constantemente silbando y abucheando al jugador durante unas cuantas temporadas, lo que provocó su rápido declive como jugador.

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