Semana Ledecky de natación
Foto: By Associated Press

El nuevo fenómeno de la natación mundial instauró en el Kazán Arena la Semana internacional Ledecky de natación con una abrumadora exhibición que conduce inexorablemente a las figuras de pensamiento. En primer lugar a la prosopografía para describir los rasgos físicos de la nadadora norteamericana. Si en el caso de Michael Phelps, el mundo le identificó con un hombre pez, se le bautizó con el apodo de tiburón de Baltimore, en el caso de Katia Ledecky, es complejo por la sencilla razón de que esta mutante del agua se encuentra a medio camino entre los peces y las aves. Y es que esta grandiosa joven con aspecto de actriz de cine de los años treinta, ojos color mermelada de manzana y piel de coral, posee la boyancia (flotabilidad) del albatros y la capacidad natatoria del delfín. Verla nadar es todo un espectáculo de turbulencia y flotabilidad, sus interminables miembros superiores, cual alas de albatros, bracean con el poder  en vuelo del ave marina, incluso el brazo que deja atrás es capaz de lograr impulso ejerciendo fuerza motora durante todo el ciclo. Y su tren inferior la impulsa con la capacidad de propulsión del delfín. Por tanto nos encontramos ante una mujer a medio camino entre un ave marina y un pez, que deja de ser humana al entrar en contacto con el agua.

En segundo lugar a la etopeya, a la descripción de sus rasgos sicológicos, a esa fortaleza mental que precisa y posee, para mantener una estratosférica progresión en pruebas de semejante exigencia física y mental. Queda fuera de toda duda que a sus capacidades físico-motrices, suma unas cualidades cerebrovasculares fuera de lo normal, ha nacido para marcar una época en el líquido elemento. En tercer lugar a la cronografía, porque describir el momento temporal que vive la nadadora norteamericana es ubicarse en el Kazán Arena, en el marco incomparable del Mundial de natación de 2015. En un mes de agosto que queda para la historia de este deporte y una semana que será siempre recordada como la Semana Ledecky.

Katia ha cambiado la historia de la natación, el pasado sábado cuando se perfiló en el poyete, se podía percibir el oxímoron del silencio ensordecedor previo a una gran gesta. Al lanzarse a la piscina se pudo escuchar  a Katia gritar con vehemencia: Olas gigantes que os rompéis bramando... ¡Llevadme con vosotras! La apóstrofe de su leyenda. La distancia de los 800 metros el espacio acuoso que la separaba de su quinto oro, a mitad de camino, en los 400 metros, había cubierto la distancia en 4:03.22 solo dos décimas más lenta que la segunda clasificada, pero su progresión en la segunda mitad fue todo un prodigio difícil de explicar. Al entrar en los 500 metros para su técnica y explosividad solo cabían la hipérbole y la exclamación, el albatros y el delfín, comenzaron a morder todos los registros. Cuando llegó transfigurada en ser de otro planeta y solitaria a tocar la pared final, había detenido el crono en 8:07.39, con 10,26 segundos de diferencia respecto a la segunda clasificada (Kiwi Boyle) y con una mejora de 3,61 segundos respecto al último récord mundial, establecido por ella misma en junio de 2014. Katia es también paradoja, porque la joven nadadora se apoya sobre el agua, posee una posición tan alta sobre el agua que si no supiéramos que es de carne y hueso, nos preguntaríamos si su cuerpo está compuesto con el material con el que hacen las tablas de surf.

Ledecky ha situado la natación femenina en otra dimensión, cuando en los Juegos Olímpicos de Londres empezó a asombrar al mundo con tan solo 15 años, los expertos identificaron a una nadadora con un potencial de futuro enorme, pero para nada habrían podido imaginar semejante exhibición. Cinco medallas de oro en 200, 400, 800 y 1.500 metros y en el relevo 4x200, dejando una sensación de superioridad abrumadora. El rotundo éxito de la nadadora de Washington DC se basa en la que ha sido para ella la mejor campaña de entrenamiento de su vida, en la que ha mejorado sus registros de velocidad, también en el método y la altísima exigencia, cualificación, de la escuela norteamericana de natación, pero indudablemente nada de lo conseguido habría sido posible sin el talento fuera de lo común de Ledecky, que está hecha del talento del que nacen las leyendas. El compendio de todo ello ha configurado a la nadadora casi perfecta, jamás hubo nadadora semejante que dominara con tanta autoridad la franja de 200 a 1.500. Casi no existen epítetos para semejante exhibición, pero desde el principio de los tiempos cuando los seres humanos contemplamos algo extraordinario solemos buscar dichas condiciones en la naturaleza y en el reino animal. Definitivamente Kazán ha sido testigo de la leyenda con la contemplación y celebración de la Semana Ledecky, que será recordada como los siete días en los que una mujer demostró que se puede ser pez y ave, albatros y delfín al mismo tiempo.

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