¿Hay quien luche?
¿Hay quien luche? Foto: La Crónica de León

¿Hay quien luche? Con esta pregunta comienza cada año, hacia el mes de noviembre, el tradicional corro Montaña-Ribera. Un benjamín de la selección derrotada el año anterior sale al centro del corro y reta al conjunto rival para llevarse "el gallo" a su tierra. Es este enfrentamiento uno de los más importantes de toda la temporada en la lucha leonesa. El honor entre los dos territorios que, delimitados por la línea de la Feve que une por tren León con Bilbao, disputan todas las temporadas este tradicional combate, está en juego. La rivalidad entre Montaña, donde más arraigo ha tenido desde siempre la Lucha, y Ribera, marca el sentido del enfrentamiento por antonomasia de este milenario deporte, autóctono de la región leonesa.

La lucha leonesa es, junto con la canaria, la única en llegar hasta nuestros días con una clara estructura federativa, contando con numerosas competiciones a lo largo del año

Este humilde artículo pretende dar constancia de un deporte autóctono que ha pasado de generación en generación hasta convertirse en la única lucha, junto con la canaria, de la que hablaremos más adelante, con una estructura federativa al estilo de otros deportes. La lucha leonesa cuenta actualmente con una liga de verano, individual, en la que los luchadores combaten, hasta en 30 corros, entre junio y octubre. Tres meses durante los cuales, los participantes viajan por toda la provincia. El mes de agosto es el más señalado, con la mitad de los corros programados, y la semana grande, a mediados del mes estival. La liga de invierno, se disputa por equipos. Todas estas competiciones, unidas al campeonato provincial y al Montaña-Ribera cuentan con cada vez más presencia femenina y juvenil.

El importante significado de la Feve

El acrónimo Feve (Ferrocarriles de vía estrecha) representa la historia viva de la minería española. La ruta que delimita las dos comarcas luchísticas es el llamado Ferrocarril de La Robla que, en un principio recorría la distancia entre esta localidad leonesa y Valmaseda; para terminar, en 1923, uniendo León con Bilbao. La importancia histórica de esta ruta, la más larga de vía estrecha de Europa, con más de 300 kilómetros, residía en el traslado del carbón procedente de la hulla leonesa y palentina a la industria siderúrgica vizcaína. "El Hullero", como era comúnmente conocido, revitalizó los enclaves mineros de la montaña oriental leonesa y palentina, con enclaves como Cistierna y Guardo, hasta 1893 olvidados, que desde este momento cobraron una enorme importancia en la zona.

Trazado de la línea de
Trazado de la línea de "El Hullero" León-Bilbao. Hacia arriba, Montaña; hacia abajo, Ribera. Foto: alpoma.net.

"El Hullero" revitalizó las comarcas mineras leonesas y palentinas, permitiendo el rápìdo traslado del carbón a la industria siderúrgica vasca

Pero lo que tiene que ver con la lucha es el por qué de la división entre Montaña y Ribera, a partir de esta línea de ferrocarril. Como hemos dicho, la importancia de El Hullero en la vida de las comarcas del norte de León era capital. Cuando, a finales del siglo XIX, principios del XX, los aluches empezaron a cobrar mayor importancia como deporte, no profesional, pero con mayor nivel de competición que siglos atrás; y coincidiendo con la construcción de la línea de ferrocarril, se decidió dividir las comarcas luchísticas por esta vía. Arriba de la vía, Montaña; debajo, Ribera. División que ha llegado hasta nuestros días. Antes, las comarcas luchísticas eran seis, tomando el nombre de sus respectivos ríos, de oeste a este: Bernesga, Torío, Curueño, Porma, Esla y Cea. Los combates podían ser Esla contra Cea o, de dos en dos, Porma y Curueño contra Esla y Cea, etc. Hasta años después de la guerra civil no se empezó a utilizar la actual división.

En este tradicional y disputado corro, como en el deporte de la lucha en general, el honor es pieza clave. Generalmente, la Ribera fue clara dominadora de los corros hasta los años 60; sobre todo por la imposibilidad de muchos luchadores montañeses de bajar a luchar a territorio ribereño en pleno julio, cuando la mayoría, pastores, estaban en la majada cuidando del rebaño. El tradicional corro anual, tal y como lo conocemos ahora, tiene su inicio en el año 1983, cuando se fijaron unas reglas claras.

La importancia de los aluches

León es una provincia con múltiples encantos y, sobre todo, múltiples contrastes. Grosso modo podemos dividir la provincia más extensa de la región leonesa en tres partes: la primera, al sur, la zona de tierra de campos y del páramo, limítrofe con los campos de Zamora, Valladolid y Palencia; la segunda, el oeste de la provincia, con clara vocación gallega, por su cercanía a estas tierras. Y, en tercer lugar, de la capital hacia arriba, la Montaña, con aires compartidos con Asturias y Cantabria. Y en una provincia tan contrastada, en la que es difícil la unidad, los aluches, deporte autóctono de la provincia, cobra una gran importancia.

Luchadores hacia los años 40. Foto: Diario de León.

La combinación de las tareas ganaderas trashumantes con la Lucha hacía difícil la profesionalización de los luchadores, sobre todo montañeses

Este deporte se remonta a siglos, incluso más de mil años atrás. Diversión, lucha por el territorio y honor, son tres de los principios más importantes que el ser humano tiene y ha tenido siempre. La Lucha responde a esos tres principios. Actualmente es un deporte federado y reglamentado; históricamente fue un recurso para dirimir, por ejemplo, disputas por los límites de la tierra; enfrentarse con otro pueblo o comarca y vencerle; encontrar diversión y entretenimiento en las "horas muertas" cuidando del ganado, práctica habitual en la provincia, donde la ganadería trashumante con la bajada a Extremadura en invierno era clave. Precisamente esta práctica, el combinar pastoreo trashumante con aluches, se dio, sobre todo en la Montaña, hasta poco tiempo atrás. Esto explica, en gran medida, la supremacía de la Ribera en la mayoría de campeonatos provinciales o en los Montaña-Ribera de hace tiempo, corros a los que, en muchos casos, acudían tan solo tres o cuatro luchadores montañeses.

Lucha canaria, el modelo a seguir

Decíamos que la lucha leonesa es, junto con la canaria, la única que ha llegado hasta nuestros días con una estructura federativa más o menos organizada. Pues bien, aunque en este y en otros muchos aspectos, como las mañas y reglas principales, de las que hablaremos posteriormente; ambas luchas son muy parecidas, la difusión y el apoyo que tiene cada una por parte de las instituciones es muy diferente.

Refiriéndonos a la lucha canaria, más conocida en el resto de España, el apoyo y soporte que recibe de instituciones como el Cabildo Insular hace que esta disciplina cuente con una difusión que, para la lucha leonesa, es prácticamente inimaginable. Y es en este aspecto en el que los leoneses envidiamos profundamente a nuestra disciplina hermana. A pesar de que hay que poner en valor, pues es clave para el mantenimiento de este deporte, la implicación de la Diputación de León en el patrocinio de las ligas, es evidente que la Lucha no cuenta con el apoyo suficiente. La declaración de este deporte autóctono como Bien de Interés Cultural lleva siendo pospuesto durante cuatro años, cuando las Cortes de Castilla y León enviaron a la Junta una proposición no de ley con este fin. Parece que el proceso se ha vuelto a poner en marcha recientemente, debido al recordatorio a la Junta, algo despistada con este tipo de temas, por parte de numerosos grupos como la Unión del Pueblo Leonés en las Cortes de la polémica comunidad.

De todas formas, y aunque este mismo verano, la 8 de León, perteneciente a la Radio Televisión de Castilla y León, ha emitido algunos corros emblemáticos de la liga de verano, el apoyo televisivo, los patrocinadores y los contratos importantes no llegan. Esto contrasta con la abundancia que tienen dichos contratos en las islas. El momento dulce por el que atraviesa este deporte, gracias a los múltiples apoyos, las ayudas a los clubes o los numerosos contratos de televisión firmados por las instituciones insulares, hacen que esta centenaria disciplina permita, a algunos luchadores, hacer de su afición su profesión, con unas ganancias dignas. Ahora mismo, en León, esto es algo inimaginable.

'Guanche' ante Clemente Fuertes, El Junco, campeón de pesados 2015. Foto: La Nueva Crónica.
'Guanche' ante Clemente Fuertes, El Junco, campeón de pesados 2015. Foto: La Nueva Crónica.

Javier Ledesma, "El Guanche", disputó con enorme éxito cinco corros de la pasada liga de verano, en la categoría de pesados

Sin ir más lejos, este mismo verano, un conocido luchador tinerfeño disputó una parte de la liga de verano, en la categoría de pesados. Javier Ledesma, El Guanche, como ya se le conoce en León, tuvo éxito en varios corros emblemáticos, como el de Prioro; haciendo gala de una astucia, fuerza y agilidad impresionantes para un luchador de pesados. Un servidor pudo contemplar como, al menos en Prioro, el de La Laguna triunfó. Pese a que solamente disputó cinco corros, el luchador canario finalizó en octava posición de la competición. El Guanche debutó el 14 de agosto en Liegos, cerca de la mitad de temporada, disputando la semana grande de la liga y ganando los cinco corros en los que participó.

Más vale maña que fuerza

Como toda lucha celta, la modalidad leonesa consiste en, aprovechando la fuerza del contrario, hacer que pierda el equilibrio y caiga. El sistema de agarre es parecido al de la lucha canaria, con la particularidad del uso de un cinturón de cuero, donde se ejecuta el agarre. Una vez dispuestos los luchadores, el combate, cuya duración es de un minuto y treinta segundos, y de tres minutos en las finales, comienza. Desde ese momento, ambos contendientes buscan las caídas. Para que la caída sea válida, el adversario debe caer de espaldas, contabilizándose como caída entera, o de costado o barriga, otorgándose media caída. Soltarse del cinto del otro luchador está penalizado con media caída para el contrincante. El combate es a dos caídas. Es en este apartado donde existen diferencias con la lucha canaria; pues, en esta, el objetivo es que el adversario toque el suelo con cualquier parte del cuerpo, excepto con los pies claro. En cambio, en la modalidad leonesa, los luchadores pueden apoyar la rodilla en el suelo, por poner un ejemplo. Las caídas se consiguen mediante mañas.

Histórica instantánea de cuatro de los mejores luchadores de siempre: Frumencio Álvarez, Felipe León, Patricio Álvarez y Cayo de Celis. Foto: La Crónica de León.
Histórica instantánea de cuatro de los mejores luchadores de siempre: Frumencio Álvarez, Felipe León, Patricio Álvarez y Cayo de Celis. Foto: La Crónica de León.

Las mañas son todas aquellas técnicas utilizadas por los luchadores para "trabar" al contrario y que caiga

Maña. Según la RAE, destreza, habilidad... En la lucha leonesa, las mañas son todas aquellas técnicas utilizadas por los luchadores para hacer perder el equilibrio al adversario, trabarle, y que caiga al suelo. Esta es la base de la lucha leonesa. En esta modalidad, las mañas se dividen en tres tipos: de brazos, de cadera o de piernas. En las mañas de brazos, destacan el saque, levantamiento del contrario dándole vueltas en el aire, y el sobaquillo, subir al contrario cambiándole la dirección para romper la inercia y que caiga. La mayoría de luchadores, cuando se enfrentan a un contrincante más pesado, provocan el saque para defenderse y trabar al oponente desde el aire.

En segundo lugar, destacan tres mañas de cadera: el golpe de cadera, consistente en voltear al contrincante poniéndose de espaldas a él; la media vuelta, que radica en colocar una pierna entre las del oponente y, con un rápido movimiento de cuerpo hacia la pierna contraria, hacerle caer y, la cadrilada, reina de las mañas de cadera, que consiste en levantar al contrario, introduciendo el muslo entre sus piernas y volteándolo en el aire.

Espectacular cadrilada de Ibán Sánchez sobre Víctor Llamazares, ambos campeones de ligeros. Foto: Diario de León.
Espectacular cadrilada de Ibán Sánchez sobre Víctor Llamazares, ambos campeones de ligeros. Foto: Diario de León.

Por último, las mañas de piernas son las más numerosas, por sus múltiples variantes. El zancajo, la más simple, consiste en trabar la pierna del oponente, haciéndole caer. Hay tres grandes mañas de piernas: el garabito, la dedilla y la mediana. Probablemente, esta última sea la más espectacular de ver. Consiste en enganchar, por dentro, la pierna contraria del adversario, empujandola hacia atrás y provocando su caída.

Final de la categoría de medios en Prioro, 'La Catedral' de la Lucha, el pasado verano entre el a la postre campeón, Moisés Vega, y Víctor Manuel Morala.

Hay futuro

No todo se reduce a la historia. La lucha leonesa tuvo su última época dorada hace ya tiempo. Es difícil que, actualmente, con la despoblación que vive el mundo rural, vuelva a haber tantos luchadores excepcionales como en los años 50 y 60. Sin embargo, el desarrollo de la lucha femenina y juvenil ha supuesto un aumento del número de licencias en los últimos tiempos. El futuro pasa, además de por la lucha sénior masculina de siempre, por la femenina, que evoluciona a pasos agigantados y la juvenil, con la que se forma una cantera ya profesionalizada.

Hay porvenir para la Lucha. Ha habido tiempos mejores, y peores. Pero la salud de la que goza hoy día es clave para este deporte y el futuro es esperanzador. Si la lucha canaria ha conseguido durante los últimos tiempos una repercusión enorme; ¿por qué no puede ocurrir en León? Con la declaración de la Lucha como Bien de Interés Cultural, que se espera para este 2016, el prestigio que puede alcanzar este modalidad autóctona debe crecer exponencialmente. Además, si León y sus paisanos se caracterizan por algo es, sin duda, por conseguir los retos propuestos. Orgullo cazurro lo llaman algunos. Defínanlo como deseen, pero la Lucha está muy viva.

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